Según la NASA, el coronavirus está ayudando a reducir la contaminación 1

Según la NASA, el coronavirus está ayudando a reducir la contaminación

A las preguntas de qué haremos al acabar la cuarentena, que pasará con los puestos de trabajo o cómo será el mundo tras la crisis, se une otro gran interrogante: cómo afectará el coronavirus a la lucha contra el cambio climático, uno de los grandes desafíos de la humanidad y al que seguirá teniendo que hacer frente, con pandemia o sin ella. Y la respuesta va mucho más allá de la reducción de emisiones por la caída de producción y transporte.

La lucha contra la contaminación ha encontrado un extraño aliado: el pánico ante la pandemia del coronavirus.

La epidemia del coronavirus comenzó en Wuhan con el temor de que el coronavirus fuera un ataque biológico. Pero lo cierto es que se trata de una zona altamente contaminada que está limpiándose aunque por desgracia, debido a la muerte de muchos de sus ciudadanos y el temor del resto de vecinos, se está descontaminando.

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Dado que la pandemia ha paralizado prácticamente a muchas de las principales economías del mundo, también ha reducido las emisiones de gases de efecto invernadero. Y, hasta ahora, las industrias con algunas de las emisiones globales más altas se han visto especialmente afectadas. Pero esas pérdidas de reducción de emisiones pueden ser efímeras. Lo que realmente restablecería la trayectoria de las emisiones del mundo sería un cambio en el equilibrio de poder entre los combustibles fósiles y las energías renovables. Los expertos están divididos sobre si eso sucederá. No lo ha hecho en el pasado, pero hoy en día, la energía solar, eólica y de almacenamiento no solo están disponibles, a menudo son más baratos.

¿Quién ha descubierto cómo afecta el coronavirus a la contaminación en China?

De acuerdo con los especialistas ambientales, este descenso se encuentra relacionado directamente con el brote del coronavirus. Han sido las agencias espaciales de la NASA y de la ESA las que han alertado del efecto positivo de la disminución del tráfico y la actividad empresarial y de ocio en las zonas de Wuhan. Por ejemplo, desde finales de enero, empezaron a observar que gracias a la disminución del tráfico en el espacio aéreo en China ha ayudado a la disminución dela contaminación.

Otras imágenes comparan la contaminación solo en Wuhan en enero de 2019 y en febrero de 2020.

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Los satélites empleados para el monitoreo de los niveles del dióxido de nitrógeno, un gas nocivo emitido por los autos y las industrias, registraron que hubo en las últimas semanas una “caída dramática” en las mediciones.

“Esta es la primera vez que veo una caída tan dramática en un área tan amplia para un evento específico”

Fei Liu, investigadora de calidad del aire en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

Así, los mapas publicados por ambas entidades evidencian un antes y un después del brote de la epidemia y el toque de queda por la cuarentena preventiva.

De acuerdo con los informes de la NASA, esto coincide con las medidas adoptadas por el Gobierno chino para intentar disminuir la propagación del COVID-19.

Otras medidas incluyen el descenso de actividades comerciales y las cuarentenas a las que millones de personas se encuentran sometidas en China.

¿Qué piensan hacer con la contaminación ambiental?

La economía china crece al igual que ocurre con su contaminación. Los dos crecimientos van de la mano, poniendo en riesgo la salud de su población

Sin embargo, parece que el país más poblado del mundo está dispuesto a sumarse a las medidas del Acuerdo de París. Estas entrarán en vigor en 2020 y partir de ahí se llevará a cabo un seguimiento para hacer balance mundial y cumplir con la limitación de aumento de temperatura.

La contaminación ambiental en China es un problema muy serio para el Gobierno. El smog en el aire afecta a varias provincias, es así que desde el 2017 las autoridades declararon alerta roja en 22 ciudades del país.

El panorama no cambió mucho en los últimos tres años; sin embargo, los recientes reportes dan una esperanza al pueblo chino en medio de la crisis por el coronavirus.

Estos días estamos viendo en redes sociales imágenes de las aguas cristalinas de Venecia, ciervos pastando en ciudades japonesas, pavos reales paseándose por Madrid o gráficos que muestran un aire más limpio en las principales ciudades en cuarentena.

En tiempos de crisis buscamos alivio donde sea que podamos encontrarlo. Pero no debemos engañarnos pensando que por fin llega ese mundo “más verde” por el que tanto hemos estado trabajando. Porque no es así.

La caída de la contaminación del aire y la probable disminución de las emisiones de carbono son simplemente los efectos secundarios de que toda la producción, la economía y el consumo no esencial estén paralizados. Pero es bastante probable que estos impactos positivos en nuestro planeta se desvanezcan tan pronto como las ruedas de la economía comiencen a girar de nuevo, como ya está pasando en China.

En los próximos días y semanas, la clase política tiene un papel esencial: necesitamos un nuevo acuerdo entre el Gobierno, las empresas y las personas. El dinero público debe gastarse en proteger a los más vulnerables y a quienes enfrentan la pérdida de sus vidas y sus medios de vida.

Cualquier apoyo a las industrias más contaminantes debe venir con la condición estricta de que ese dinero se va a gastar en salvaguardar empleos y en tomar medidas inmediatas para la descarbonización de nuestro futuro.

Si el Gobierno responde adecuadamente, podríamos salir no solo de esta crisis sanitaria, sino también alejarnos de la crisis climática que nos seguirá esperando una vez que todo esto termine.

En esta situación excepcional, desde Muhimu seguimos trabajando por un futuro más verde, por un mundo en el que tener aire y agua limpios y menores emisiones de carbono no sea consecuencia accidental de un desastre.

¿Qué sucedió con la contaminación en Italia tras el coronavirus?

La nube de smog que se posaba sobre el norte de Italia casi ha desaparecido tras un mes de restricciones por el coronavirus en ese país, según muestran imágenes satelitales.

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Disminución de la contaminación ambiental por el coronavirus.

Los niveles de dióxido de nitrógeno, que en las imágenes aparecen en color naranja oscuro, parecen haber disminuido en las fotos que tomó el satélite Sentinel 5, operado por la Comisión Europea y la Agencia Espacial Europea.

El paso del coronavirus ha transformado ciudades como Venecia y sus sucias calles de agua se han transformado en hermosos caminos de color turquesa, aguas cristalinas y cientos de peces aprovechando la esta nueva limpieza.

IMAGEN DEL AHORA frente al grave SMOG que cubría Italia antes de la llegada del Coronavirus. Foto: Twitter/@SanGasso

Por primera vez, una pandemia ha dejado prácticamente paralizadas a muchas de las principales economías del mundo. Se han interrumpido las cadenas de suministro y se ha restringido la libre circulación de personas. Nadie sabe cuánto durará esto, o qué impacto tendrá sobre la economía mundial. 

Pero cuando el polvo se aclare, el aire estará más claro. Uno de los efectos más llamativos de la propagación global de Covid-19 ha sido la reducción de la contaminación por dióxido de nitrógeno y dióxido de carbono. Millones de personas en todo el mundo prácticamente han dejado de viajar en automóvil, avión o incluso dejar sus hogares. Las fábricas están cerradas. La fabricación se está paralizando. Las vidas personales y profesionales se están moviendo en línea a medida que se requiere el distanciamiento social de Seúl a San Francisco.

Eso ya está teniendo un efecto profundo en las emisiones globales. En la expansión urbana del sur de California, nunca conocida por su aire fresco, la calidad del aire en las horas pico es “buena “. 

Sin embargo, la forma en que la pandemia afecta las emisiones dentro de unos años depende de cómo reestructura la economía. Una vez que pase lo peor, las restricciones se aliviarán, el comercio se reanudará y los viejos comportamientos se reafirmarán.

Al menos, eso es lo que sugiere la historia.

La industria de las aerolíneas es un buen ejemplo, dice Khalid Usman, de la consultora Oliver Wyman. “Después de brotes de enfermedades en el pasado, la demanda ha vuelto a la normalidad”, dijo. “No ha llevado a cambios duraderos en la forma en que las personas viajan o en la forma en que las empresas hacen negocios”. A pesar de la crisis del petróleo de los setenta, una recesión a principios de los ochenta y la crisis financiera de 2008, las emisiones han crecido de manera constante. 

Pero la velocidad y el alcance de la interrupción del coronavirus no tienen precedentes, con más de una de cada cinco personas en todo el mundo encerradas mientras los gobiernos nacionales luchan por controlar la propagación. Si las emisiones se recuperan, no lo harán pronto.

La lucha contra el nuevo coronavirus se prolongará mucho más que cualquier brote desde la década de 1950. Los líderes mundiales esperan que las medidas contra el virus abarquen el resto del año y más allá.

Investigadores del Imperial College de Londres que modelaron diferentes estrategias de contención para minimizar las muertes encontraron que sería necesario aplicar algún grado de distanciamiento social y cuarentena, al menos de manera intermitente, hasta que se desarrolle una vacuna, un proceso que probablemente tomará al menos 18 meses.

Hay cada vez más llamados para aliviar las restricciones , pero los intentos de que las personas vuelvan a trabajar solo podrían agregar más combustible a la pandemia. “Puede tener la economía o puede tener atención médica, pero no ambas”, dice un epidemiólogo. 

Esa línea de tiempo hace que el mejor escenario (pdf) de McKinsey para la economía global — una caída en el crecimiento del PIB de 2.5% a 2.0% — sea mucho menos probable. Una profunda recesión mundial podría reducir el crecimiento al 0,5% a un costo de 2 billones de dólares, advierte Naciones Unidas .