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Los incendios forestales aumentarán cada año sin que ningún gobierno le esté poniendo freno

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Actualizado el lunes, 18 agosto, 2025

El calentamiento global nos dirige inexorablemente a un incremento de la cantidad y la intensidad de los incendios forestales. En apenas unos años hemos vivido tres de las peores temporadas de incendios de la historia, un hecho sin precedentes que ha llevado el fuego a todos los rincones del planeta. Las olas de calor, las condiciones de sequía y la reducción de la humedad del suelo son solo tres elementos que han desembocado en poderosos incendios en Australia, en el oeste de los Estados Unidos, en la cuenca del Mediterráneo y hasta en el Ártico. Los últimos años no tienen precedentes en el registro histórico, y aun así, todo indica que solo es un aperitivo de lo que está por llegar.

El número de incendios forestales aumentará un 50% en 2100, advierten expertos de la ONU. Un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente alerta de que los gobiernos no se están preparando para hacer frente a esta escalada que amenaza la biodiversidad

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Reservas naturales y bosques considerado de alto valor natural y ecológico por Naciones Unidas están ardiendo descontroladamente. ¿No debería el ejército y los operativos anti incendios de todos los países ayudar cuando una catástrofe así amenaza un país? Los bosques de un territorio son responsabilidad de cada habitante del planeta Tierra. Exijamos a nuestros gobiernos menos foros inútiles y más acción REAL cuando sucede una emergencia medioambiental.

“A largo plazo, la reconstrucción de las poblaciones de muchas especies nativas será un grave problema”

Profesor Chris Dickman a Seven News en Australia.
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Gráfico de los incendios en tiempo real

La ola de calor que comenzó la semana pasada y que todavía continúa está rompiendo récords de temperaturas, afectando por completo a nuestras vidas, a nuestra salud y a nuestro sueño, entre otras cosas. Pero lo que de verdad me mantiene despierto por las noches es pensar: ¿qué futuro le estamos dejando a nuestros hijos?

El calentamiento del planeta está aumentando el número y la intensidad de las olas de calor que vivimos, afectando no solo a nuestra salud, también a nuestros ecosistemas, los seres vivos que habitan en ellos y de forma dramática a nuestros bosques, que están ardiendo en incendios incontrolables. Joyas naturales como Las Hurdes, Monfragüe o el Valle del Jerte son pasto de las llamas estos días.

Ver cómo avanza la crisis climática delante de nuestros ojos da miedo. Pero la ciencia nos dice que aún estamos a tiempo de arreglarlo y que tenemos las herramientas para hacerlo. Esta década es crítica para conseguirlo, si esperamos más será demasiado tarde para evitar que el calentamiento planetario sobrepase el límite seguro de 1,5 ºC. Las catástrofes ligadas al clima ya se suceden sin parar —olas de calor, inundaciones, sequías, huracanes, etc.— y aún no hemos alcanzado ese 1,5 ºC de aumento de la temperatura… ¿Te imaginas cómo puede ser el futuro si el aumento de temperatura llega a los 3,5 ºC, que es a donde nos dirigimos si no cambiamos nada?

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En memoria de los animales que fallecen en los incendios

España refuerza su estrategia frente a los incendios forestales: un plan de Estado ante la emergencia climática

España se enfrenta en 2025 a una de las campañas de incendios forestales más difíciles de los últimos años. El Gobierno ha puesto en marcha un Plan de actuaciones de prevención y lucha contra los incendios forestales, dotado con 115,8 millones de euros y que involucra a diez ministerios. La medida busca reforzar tanto la prevención estructural como la capacidad de extinción rápida en un contexto marcado por el cambio climático, con temperaturas extremas, sequías recurrentes y una mayor virulencia de los fuegos.

Una inversión sin precedentes en prevención

Del presupuesto aprobado, 70,3 millones de euros se destinan a la limpieza de márgenes de carreteras y 45,5 millones a la seguridad de vías ferroviarias. La acumulación de vegetación en estas zonas se ha identificado como un factor de riesgo crítico, por lo que la intervención temprana se convierte en una prioridad. Además, el Ejecutivo ha adelantado el inicio oficial de la campaña al 1 de junio, quince días antes de lo habitual, para anticiparse a la temporada de mayor riesgo.

Refuerzo de medios humanos y materiales

El dispositivo estatal moviliza a más de 1.400 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), junto a otros 2.000 militares de apoyo, que trabajarán coordinados con comunidades autónomas y servicios de protección civil.
El despliegue cuenta con más de 70 aeronaves, entre ellas 14 aviones del 43 Grupo del Ejército del Aire y 63 medios coordinados por el Ministerio para la Transición Ecológica. A ellos se suman las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF), los equipos de Prevención Integral (EPRIF) y las unidades móviles UMAP, configurando una red de respuesta que actúa de forma combinada sobre prevención, vigilancia y ataque a los focos activos.

En apenas una semana de campaña, el 43 Grupo ya acumulaba más de 375 horas de vuelo y 1.077 descargas de agua, reflejo de la intensidad de la temporada.

Cooperación europea y ayuda internacional

La magnitud de los incendios de este verano ha llevado a España a activar el Mecanismo Europeo de Protección Civil, solicitando aviones cisterna de gran capacidad a la Unión Europea. Italia ha respondido con el envío de medios aéreos adicionales a la base de Matacán (Salamanca), un ejemplo de la creciente necesidad de cooperación internacional frente a catástrofes cada vez más intensas y frecuentes.

Un pacto de Estado contra el fuego

Más allá de la respuesta inmediata, el presidente Pedro Sánchez ha propuesto un “gran pacto de Estado contra la emergencia climática”. El objetivo es involucrar a administraciones, partidos políticos, instituciones científicas, empresas, sindicatos y sociedad civil en una estrategia a largo plazo que aborde el riesgo estructural de incendios forestales como un desafío nacional. El Ejecutivo plantea que la lucha contra el fuego no sea una acción estacional, sino una política de Estado sostenida y transversal.

Un reto que trasciende el verano

Los expertos coinciden en que los incendios ya no son un fenómeno puntual del verano, sino un riesgo permanente y creciente. La combinación de abandono rural, acumulación de biomasa y olas de calor más intensas prolonga la temporada de riesgo durante gran parte del año. De ahí que la estrategia actual ponga el acento en la prevención, la coordinación interinstitucional y la colaboración internacional.

España, uno de los países europeos más afectados por los incendios forestales, se enfrenta así al reto de convertir la emergencia en una oportunidad para modernizar su gestión forestal, fortalecer la resiliencia de los territorios y garantizar que el fuego deje de ser una amenaza recurrente para comunidades, ecosistemas y vidas humanas.

Competencias autonómicas: clave en la prevención de incendios forestales

En virtud del artículo 148 de la Constitución Española y la Ley de Montes (Ley 43/2003), las comunidades autónomas tienen las competencias exclusivas sobre montes, protección del medio ambiente y gestión forestal, lo que les confiere la responsabilidad principal en la prevención y extinción de incendios forestales dentro de sus territorios. El gobierno central, a través del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), actúa como apoyo: proporciona medios estatales (personal, aeronaves, brigadas) cuando una comunidad lo solicita o su capacidad está superada.

Esta distribución de responsabilidades implica que el nivel y eficacia de la prevención varía entre regiones, dependiendo de factores como la inversión, la organización institucional y las prioridades políticas.


Inversión en prevención: diagnóstico y evolución por comunidad

Panorama general

  • La inversión pública total en prevención de incendios (Estado más comunidades) se ha reducido un 51 % entre 2009 y 2022, pasando de 364,2 millones a 175,8 millones de euros.
  • Mientras tanto, el gasto en extinción se ha mantenido estable (alrededor de 417 millones anuales).
  • España destina en promedio un 0,4 % de su gasto público a prevención, por debajo de la media europea (0,5 %).

Castilla y León

  • Ha recortado su inversión en prevención un 86 % desde 2009. De 10,27 millones en ese año ha bajado a solo 1,41 millones en 2022.

Andalucía

  • También presenta un fuerte descenso: un 67 % menos, pasando de 110,9 millones en 2009 a 35,86 millones en 2022.
  • Paradójicamente, el gasto en extinción creció un 89 %, alcanzando casi 140 millones, lo que refleja una política enfocada más en apagar incendios que en prevenirlos.

Asturias

  • También sufrió recortes del 54 % en ese periodo. No obstante, desde 2023 ha incrementado el esfuerzo en gestión forestal, alcanzando inversiones históricas (cerca de 93 millones), aunque no todos sean exclusivamente para prevención.

Castilla-La Mancha

  • Para 2025, ha asignado 60 millones de euros para prevención y 56 millones para extinción, sumando un operativo anual de 116 millones.

Comunidad de Madrid

  • Ha incrementado un 14 % su inversión en prevención para 2025, alcanzando 50,9 millones de euros en su plan INFOMA.

Andalucía (2025)

  • Presupuestó más de 146 millones de euros para prevención, representando casi el 57 % del total destinado al plan Infoma, lo que destaca un enfoque más equilibrado entre prevención y extinción.

Ejemplos de estructura institucional y dispositivos autonómicos

  • Extremadura: su Consejería de Gestión Forestal y Mundo Rural tiene una Dirección General específica de Prevención y Extinción de Incendios, lo que refleja una estructura organizada para abordar ambos frentes.
  • Murcia: funciona mediante un Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento (CEIS), integrado por la región y 43 municipios, con parques y unidades especializadas.
  • Gran Canaria (Canarias): dispone de la Unidad Operativa de Fuegos Forestales (UOFF), dependiente del Cabildo, que incluye equipos de logística y técnicos especializados para dirigir operaciones de extinción, coordinar brigadas externas, y montar campamentos operativos.
  • Cataluña: el cuerpo de Bomberos de la Generalitat cumple funciones integrales: prevención, extinción, investigación de incidentes y formación ciudadana, con una estructura territorial organizada en regiones de emergencia y redes de parques.
  • Valladolid (Castilla y León): los bomberos provinciales realizan prevención mediante inspección normativa, actuaciones informativas y despliegue en eventos, además de extinción y emergencias civiles.

¿Por qué importan estas diferencias?

Las variaciones regionales en estructuras institucionales y niveles de inversión tienen efectos directos en la capacidad preventiva. Las comunidades con mayor presupuesto y estructuras dedicadas (como Castilla-La Mancha, Madrid, Andalucía en 2025) están mejor posicionadas para reducir el riesgo de incendios antes de que se produzcan. En cambio, regiones que han recortado drásticamente su inversión, como Castilla y León o Asturias, se enfrentan a una mayor vulnerabilidad durante la temporada de riesgo.

La coordinación autonómica y con el Estado también es crucial, especialmente cuando los incendios superan recursos regionales y requieren apoyo externo, como aviones, UME o personal militar.


Las competencias autonómicas hacen que la lucha contra los incendios forestales en España sea diversa y asimétrica. Las diferencias en organización, inversión y planificación determinan la eficacia de la prevención en cada territorio. En este contexto, un pacto de Estado contra la emergencia climática resultaría clave para equilibrar esfuerzos, impulsar recursos y mejorar la coordinación entre comunidades y el Gobierno central.

Lecciones internacionales en la protección de los bosques y la lucha contra incendios forestales

El aumento de los grandes incendios forestales en todo el planeta, impulsados por el cambio climático y el abandono rural, ha llevado a numerosos países a ensayar políticas innovadoras de prevención y gestión. España, que cada verano se enfrenta a graves incendios, puede extraer lecciones útiles de estas experiencias internacionales.


Estados Unidos: planificación a largo plazo y quemas prescritas

En el oeste de EE. UU., especialmente en California y Oregón, los incendios se han convertido en una emergencia recurrente. Tras décadas centradas casi exclusivamente en la extinción, la política federal y estatal ha girado hacia la prevención activa:

  • Uso sistemático de quemas prescritas, planificadas en invierno y primavera para reducir combustible acumulado.
  • Creación de Fire Management Plans a 10–20 años vista, que combinan restauración de ecosistemas, reducción de biomasa y formación ciudadana.
  • Inversión federal a través de la Bipartisan Infrastructure Law, con miles de millones destinados a resiliencia forestal y contratación de bomberos a largo plazo.

Portugal: una estrategia nacional tras la tragedia

Los incendios de Pedrógão Grande (2017), con más de cien víctimas, supusieron un punto de inflexión. Desde entonces, Portugal ha desplegado:

  • El Sistema de Gestión Integrada de Fogos Rurais, que integra prevención, extinción y recuperación.
  • Refuerzo de la Agência para a Gestão Integrada de Fogos Rurais (AGIF), con competencias transversales y coordinación de municipios, protección civil y ejército.
  • Programas de mosaico agroforestal, fomentando cultivos y pastoreo en franjas estratégicas para cortar la continuidad del combustible.
  • Inversiones sostenidas en brigadas profesionales y en medios aéreos propios.

Chile: brigadas comunitarias y educación preventiva

En la zona centro-sur de Chile, donde los incendios forestales afectan a plantaciones de pino y eucalipto, el enfoque ha sido involucrar a la ciudadanía:

  • Creación de brigadas comunitarias en colaboración con la Corporación Nacional Forestal (CONAF).
  • Campañas educativas masivas en escuelas y medios, con programas como Prevención de Incendios, tarea de todos.
  • Innovación en detección temprana: torres de vigilancia con sensores térmicos y cámaras automáticas.
  • En paralelo, Chile ha impulsado un plan de diversificación forestal para reducir monocultivos altamente inflamables.

Australia: tradición indígena y tecnología de vanguardia

Australia es uno de los países más avanzados en políticas forestales frente al fuego, combinando saberes ancestrales y tecnología punta:

  • Prácticas de manejo del fuego aborígenes, que utilizan quemas controladas de baja intensidad para crear mosaicos de seguridad y mejorar la biodiversidad.
  • Inversión en sistemas de alerta temprana por satélite, complementados con simulaciones en tiempo real para anticipar trayectorias de incendios.
  • Programas de seguro forestal y resiliencia comunitaria, que obligan a incorporar medidas preventivas en viviendas y urbanizaciones próximas a áreas forestales.

Finlandia y Suecia: gestión forestal sostenible

En el norte de Europa, los incendios son menos frecuentes, pero la política forestal es ejemplar en prevención:

  • Fuerte apuesta por la gestión forestal sostenible: clareos periódicos, aprovechamiento de la biomasa y planes de certificación FSC/PEFC.
  • Alta inversión en investigación forestal, con centros que monitorizan la salud de los bosques y la evolución climática.
  • Integración de usos económicos sostenibles (turismo, madera, energía) que financian la conservación.

Conclusión: la importancia de una estrategia integral

Las experiencias internacionales muestran que la clave está en un enfoque integral que combine:

  • Prevención activa (quemas prescritas, mosaicos agroforestales, pastoreo).
  • Gestión forestal sostenible (clareos, aprovechamiento de biomasa, diversificación de especies).
  • Tecnología y detección temprana (satélites, sensores, inteligencia artificial).
  • Participación comunitaria y educación.
  • Compromiso político y financiación estable a largo plazo.

España, con uno de los mayores patrimonios forestales de Europa, puede aprender de estas políticas para reforzar su propia estrategia y convertir la gestión de los incendios en una herramienta de protección ambiental y cohesión social.


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