El ser humano es un animal depredador. A estas alturas del siglo XXI ya es sabido por todos que nuestro modelo de vida y nivel de producción y consumo no son sostenibles en el tiempo y que estamos empeorando la calidad ambiental del planeta. Devoramos los recursos, explotamos la tierra, vaciamos los caladeros de pescado, contaminamos el aire, cortamos los bosques, excavamos las minas, construimos megaciudades… Lo sabemos: somos un peligro.

Lo sabemos pero no parecemos entender lo que supone. Realmente no somos conscientes del impacto que tenemos sobre la Tierra. A finales de 2016, Google Earth presentó una herramienta muy útil para despertar a aquellos que siguen dormidos en el sueño del consumismo desenfrenado: Google Timelapse. Con imágenes de decenas de rincones del mundo grabadas desde 1984 hasta la actualidad, esta aplicación nos permite observar cómo ha cambiado el mundo en los últimos treinta años.

Como se suele decir, una imagen vale más que mil palabras y observando estos documentos gráficos queda bien claro que el ser humano es un virus que se expande por la superficie terrestre con rapidez.

Estos vídeos recogen la evolución de tres ciudades chinas, Chongqing, Chengdu y Hefei, que son el ejemplo perfecto de los efectos del crecimiento económico del gran gigante asiático. China se ha desarrollado con gran rapidez en los últimos treinta años y, si bien este “desarrollo” ha permitido al país progresar económicamente y aumentar el nivel de vida, no está tan claro que esto haya supuesto un progreso ambiental o de la calidad de la vida.

Ciudades que en los ochenta tenían una población de unos cientos de miles son ahora grandes centros financieros y económicos globales con más población que Barcelona o Madrid. El aspecto del paisaje ha cambiado por completo con la acelerada urbanización, lo que era verde ahora es gris.

El ser humano no solo ha hecho más grandes las ciudades que ya existían, sino que también ha sido capaz de crear nuevo suelo urbano en zonas donde parecía impensable. El calor y la sequía del desierto no han podido detener nuestro avance.

En pleno siglo XXI deberíamos haber alcanzado ya la madurez como sociedad a nivel global. Vivimos en una misma aldea y nuestras actividades afectan a toda la comunidad de vecinos. Las imágenes que hemos visto en este breve repaso hacen innegable el impacto que el ser humano tiene sobre la Tierra y no cabe duda: el impacto es negativo.

Aunque solo fuera desde una posición egoísta, deberíamos plantearnos reducir el ritmo de producción y de consumo que son, en última instancia, la base de la contaminación y de la destrucción ambiental. ¿Queremos vivir en un mundo que no tenga bosques, en el que no haya lagos ni hielo, con un aire contaminado? La concienciación es el primer paso para la mejora de la calidad del medio ambiente y con documentos gráficos como los de Google Timelapse se puede conseguir concienciar a mucha gente. Una imagen vale más que mil palabras y, hoy, la imagen que presenta nuestro mundo es una llamada de atención para toda la humanidad. Debemos cuidar el Planeta.


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