El "efecto Walt Disney" o por qué creemos que los animales se comportan como personas

La revista Biological Conservation publicó hace dos años un estudio para conocer y evaluar el conocimiento que tenían los niños sobre la fauna propia de su localidad y los animales exóticos. El estudio constaba de 1.000 encuestas, realizadas a niños de edades comprendidas entre los 11 y los 15 años, que estudiaban en 10 colegios de Mallorca y 6 colegios de Asturias. Utilizaron colegios de origen rural y urbano.

Para su realización, se les mostraba 10 fotografías de animales seleccionadas de otras 134 (34 aves, 34 peces, 33 mamíferos y 33 reptiles y anfibios). Entre las fotografías elegidas la mitad correspondían a animales locales y la otra mitad a animales exóticos y se les pedía que identificaran al animal correcto entre 5 respuestas posibles.Sorprendentemente los alumnos conocían mucho mejor a las especies exóticas que a aquellas que tenían en su zona. Sí, sentían mucho más cercano a un tigre de Bengala o a una jirafa que a un gato montés o a un lince. Pero no es algo que solo ocurra en España, datos de estudios similares en latinoamérica obtuvieron resultados idénticos.

Es difícil de asimilar: seguramente un chico de instituto sea capaz de recitar cinco nombres de dinosaurios, pero no sabrá el nombre común de cinco aves. Sin embargo, esta realidad es sencilla de explicar: la mayoría de los niños obtienen el conocimiento sobre fauna y flora de libros infantiles y películas, sobre todo de dibujos animados. Como ya sabéis, en este tipo de obras destacan las especies visualmente más atractivas, lo que sesga a muchos animales.

Además de esto, los grandes documentales “serios” que se emiten en televisión están protagonizados por animales exóticos, dejando muy atrás los tiempos de Félix Rodríguez de la Fuente cuando todos los niños sabían qué era un lirón careto, un buitre leonado o un alimoche.Este vago conocimiento de los animales se acrecenta en las películas y cuentos infantiles en los que, además de desvirtuar la imagen de los animales, les atribuyen cualidades y roles humanos. Entre ellos, se distribuyen cualidades como el valor, la traición, la maldad o la bondad, que poco tienen que ver con la realidad pero que acaban calando en los niños.

Una animación que nos ha hecho crecer con malvados lobos, leones valientes y tiburones asesinos que luchan contra tiernos cervatillos y hienas traidoras. También conocerán grandes historias de amor imposibles entre un depredador y sus presas.¿Estamos haciendo algo mal? Quizás estos niños cuando lleguen a ser adultos tiren de toda esta ficción y sigan aplicando esos roles a los animales que les rodean y no comprendan, o no estén dispuestos a asumir, que la naturaleza no es un cuento infantil.

Aun así, a mi me encantan estas películas y me ayudaron a entender y a amar la naturaleza. ¿Qué opinas tú?

Más información en este genial post de Naturaleza en Cantabria.

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