Noam Chomsky revela las 3 grandes crisis a las que nos enfrentamos como sociedad 1

Noam Chomsky revela las 3 grandes crisis a las que nos enfrentamos como sociedad

«Mientras la población general sea pasiva, apática y desviada hacia el consumismo o el odio de los vulnerables, los poderosos podrán hacer lo que quieran, y los que sobrevivan se quedarán a contemplar el resultado».

Noam Chomsky sobre la grave crisis social

La sociedad post-virus deberá ser exigente para con los poderes públicos en cuanto a un concepto amplio de la seguridad en todos los ámbitos. La incertidumbre, cada vez mayor frente a tantas cosas, debe transformarse en un movimiento social de transparencia, ejemplaridad, defensa de los bienes públicos y del bien común.

A finales del pasado año, el lingüista Noam Chomsky participó en el Festival Ciudad de las Ideas celebrado en Puebla (México) y su intervención, como suele suceder, fue reveladora y no dejó a nadie indiferente.

Actualmente, está colaborando con muchas iniciativas periodísticas y educativas sobre cómo afrontar la crisis del Covid-19. Este nuevo coronavirus dejará a su paso una grave crisis sanitaria, social y económica.

La retórica de hoy que se refiere a la guerra es de cierta importancia, según Chomsky. Si queremos tratar esta crisis tenemos que pasar a algo como la movilización en tiempos de guerra. Por ejemplo, la movilización financiera de los EE.UU. para la Segunda Guerra Mundial, que llevó al país a una deuda mucho mayor y cuadruplicó la producción industrial de los EE.UU. lo que llevó al crecimiento. Necesitamos esta mentalidad ahora para superar esta crisis a corto plazo y que puede ser tratada por los países ricos.

«En un mundo civilizado, los países ricos estarían dando ayuda a los necesitados, en lugar de estrangularlos.» 

«La crisis del coronavirus puede hacer que la gente piense en qué tipo de mundo queremos».

Chomsky explicó que la sociedad actual tendrá que enfrentarse a tres grandes crisis que ya están dejándose ver, todas con un factor común: la crisis moral de deshumanización.

Cada vez que hay una crisis, se recurre al contribuyente para que rescate a los bancos y a las principales instituciones financieras. Si tuvieras instaurada una economía capitalista de verdad, eso no sería lo que ocurriría. Los capitalistas que hicieran inversiones arriesgadas y fracasaran se verían barridos del mapa. Pero los ricos y poderosos no desean un sistema capitalista. Lo que quieren es el control de un Estado niñera en el que cuando tengan problemas les rescate el contribuyente”. Socialismo para los ricos, capitalismo para los pobres”

El ser humano se está deshumanizando —aunque, en realidad, esto no ha ocurrido de golpe, está siendo un proceso lento y continuado— y parece que, como sociedad, no queremos ver lo que el futuro nos puede deparar si no replanteamos nuestra forma de actuar.

Las 3 grandes crisis a las que nos enfrentamos como sociedad

Chomsky lo tiene claro: hay tres cosas que deberíamos empezar a tener en cuenta si queremos evolucionar (y sobrevivir) como sociedad. Abrir los ojos al mundo que nos rodea es esencial.

«Estamos ahora en una situación de verdadero aislamiento social. Hay que superarla recreando los lazos sociales de cualquier manera que se pueda hacer, de cualquier tipo que pueda ayudar a la gente necesitada. Contactando con ellos, desarrollando organizaciones, expandiendo el análisis. Como antes de hacerlos funcionales y operativos, haciendo planes para el futuro, reuniendo a la gente como podamos en la era de Internet, para unirse, consultar, deliberar para encontrar respuestas a los problemas que enfrentan y trabajar en ellos, lo cual se puede hacer. No se trata de una comunicación cara a cara, que para los seres humanos es esencial. Sin embargo, se le privará de ella por un tiempo, se la puede poner en pausa».

Partiendo de esa deshumanización que se refleja en una crisis moral de la humanidad como especie, las tres grandes crisis que debemos tener en cuenta son:

La crisis nuclear

Es cierto que tras el final de la Guerra Fría el mundo (las comunidades, los individuos) ese terrorífico arsenal nuclear que guardan bajo la manga algunos países ha caído en el olvido. Sin embargo, según Chomsky, debería llamar la atención de todos. La amenaza está ahí, sobre todo ahora que algunos países tienen líderes que podrían jugar con el botón rojo que da la orden de borrar países enteros de la faz de la tierra con ese bien cuidado arsenal nuclear.

Chomsky asegura que acabar con la guerra nuclear es simple: «sabemos cómo enfrentar el problema» y la solución radica en deshacerse de las armas. Por desgracia, «los intereses particulares de determinados países prevalecen ante la paz mundial«.

Aunque las «grandes guerras» o guerras mundiales queden ya muy atrás, sobre todo para las generaciones más jóvenes, «la amenaza es mayor porque los países están más armados que nunca y en una carrera armamentística y de exhibición de poder con una actitud de provocación constante al enemigo». Solo tenemos que pensar en Corea del Norte y sus despliegues mediáticos para ponernos a temblar.

La crisis climática

«Los signos del cambio climático ya están ahí, la ciencia lo ha demostrado».

—Noam Chomsky

El cambio climático es una realidad, por mucho que Trump y otros «negacionistas» intenten decirnos lo contrario. La mismísima Comisión Nacional del Cambio Climático de Estados Unidos ha informado de que la posibilidad de que el nivel del mar se eleve hasta dos metros en este siglo es real. Sin embargo, Estados Unidos ha decidido frenar cualquier tipo de ayuda para prevenir que el planeta llegue a su fin, algo que para Chomsky es inverosímil. Además, apunta que «si hoy hay problemas de refugiados» solo hay que imaginar «cómo sería si Nueva York estuviera bajo el agua»

El cambio climático es una realidad científica que no se puede negar.

El riesgo de una pandemia

«El coronavirus es bastante serio, pero vale la pena recordar que se acercan dos amenazas mucho más grandes, mucho peores que cualquier cosa que haya sucedido en la historia de la humanidad: Una es la creciente amenaza de una guerra nuclear y la otra, por supuesto, es la creciente amenaza del calentamiento global. El Coronavirus es horrible y puede tener consecuencias aterradoras, pero habrá recuperación. Mientras que los otros no se recuperarán, es un hecho definitivo».

«Estamos en el vértice de catástrofes posibles y no lo estamos tomando en serio», apuntó Chomsky durante su charla en el Festival Ciudad de las Ideas. Las pandemias están a las puertas, y todas ellas se caracterizarán por venir de la mano de fenómenos migratorios y el desplazamiento (forzoso en la mayoría de los casos) de miles de personas en busca de una vida mejor.

La posibilidad de una catástrofe nuclear, junto a las catástrofes que vendrán de la mano del cambio climático, no dejarán más que personas desplazadas y refugiadas (de todos los países, ya sean de Oriente o de Occidente) que serán carne de cultivo para pandemias. Puedes estar de acuerdo o no con Chomsky, pero hay que concederle que no se suele equivocar

Además, en su charla en México criticó los tratados comerciales que tan «famosos» se han vuelto en los últimos años (el, por ahora fallido, TTIP, el CETA y todos los que vendrán) y que «no buscan el beneficio de la sociedad sino satisfacer los intereses de quienes los formulan».

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«Decenas de millones tendrán que huir y esto es responsabilidad de las sociedades ricas y desarrolladas que son las que crearon este problema que está generando un efecto devastador contra las clases pobres». —Noam Chomsky

El término «estado canalla» fue inventado por Estados Unidos

Para imponer su voluntad política y económica en el mundo, Estados Unidos califica a los países que se le oponen como ‘estados canallas’, que merecen ser castigados por la comunidad internacional. Los intereses de Estados Unidos son exclusivamente egoístas, ya que intentan imponer el capitalismo neoliberal en el resto del mundo con poca consideración por la moralidad o el derecho internacional.

Por definición objetiva, un ‘estado canalla’ es un país que viola unilateralmente las leyes y normas internacionales y, al hacerlo, representa un grave riesgo para la paz y la seguridad internacionales.

En la era posterior a la Guerra Fría, antes del 11 de septiembre, la política exterior y la planificación de Estados Unidos se centraron en gran medida en apuntar a los «estados rebeldes». Sin embargo, la lista de estados que calificaron como ‘canallas’ sugiere que este concepto no es tan claro – y su propósito no es tan noble – como parecería a primera vista.

Considere el estado de Cuba, que constantemente ha sido definido y tratado como un canalla por parte de Estados Unidos por su presunta participación en el terrorismo internacional. Esto a pesar del hecho de que Cuba no ha estado directamente vinculada a ningún delito de este tipo en más de una década.

Por otro lado, el dictador indonesio general Suharto, que supervisó la masacre de al menos 100.000 habitantes de Timor Oriental, no solo ha estado exento de la lista, sino que también ha recibido apoyo implícito de Estados Unidos durante muchos años.

la diferencia entre los dos? Cuba ha rechazado con vehemencia la ortodoxia económica y política de Estados Unidos, mientras que Indonesia apoyó de buen grado sus objetivos internacionales.

Esta adherencia selectiva a la definición de ‘canalla’ demuestra que, en un período exento de enemigos claramente definidos como ‘comunistas’ o ‘terroristas’, ‘estado canalla’ actúa como un término turbio y general para apuntar a cualquier estado que no esté dispuesto a hacerlo. para facilitar los intereses políticos y económicos de Estados Unidos. El alcance del poder y la influencia de Estados Unidos da como resultado un aislamiento internacional casi completo para los estados que adquieren la etiqueta, lo que la convierte en una herramienta extremadamente poderosa en manos de la superpotencia mundial. 

Estados Unidos es en sí mismo un ‘estado canalla’

A lo largo de la historia, las superpotencias han creado y mantenido su posición a través de la fuerza. Sin embargo, después de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, la Carta de la ONU de 1945 prohibió el uso de la fuerza, excepto en defensa propia. La carta fue un compromiso histórico con la idea de que la soberanía es una piedra angular de la paz mundial y debe ser respetada universalmente. Estados Unidos, sin embargo, ha optado por violar sistemáticamente la Carta y, en cambio, ha seguido el ejemplo de sus superpotencias predecesoras; usa el imperio de la fuerza en pos del poder. 

En los últimos años, el ejército estadounidense ha intervenido directamente en Vietnam, Irak y Kosovo, al mismo tiempo que patrocina la brutal violencia estatal en países como Indonesia, Turquía, Colombia, Croacia y, antes de que cambien de opinión, Irak. Ya sea que Estados Unidos esté apuntando las armas o simplemente pagando por ellas, los drásticos efectos humanos siguen siendo los mismos. 

El objetivo suele ser el mismo: suprimir y controlar las amenazas a la supremacía política y económica de Estados Unidos. La intervención contundente ha permitido a Estados Unidos instalar y apoyar gobiernos que responden favorablemente a sus ambiciones. Por ejemplo, el gobierno elegido democráticamente de Guatemala fue derrocado por Estados Unidos en 1954 y reemplazado por un dictador brutalmente represivo. ¿El crimen del gobierno guatemalteco? Apoyaron organizaciones laborales y reformas agrarias que entraban en conflicto con los intereses de grandes corporaciones estadounidenses como United Fruit. Desde entonces, Estados Unidos ha mantenido un fuerte apoyo al nuevo régimen a pesar de las graves atrocidades que ha cometido.

De hecho, innumerables ejemplos de tal agresión internacional en realidad califican a los Estados Unidos, según su propia definición, como el estado canalla más hostil del mundo.

Los objetivos económicos impulsan la política exterior de Estados Unidos

Contrariamente a la retórica oficial y de los medios de comunicación, las intervenciones de Estados Unidos en el exterior no están impulsadas por la superioridad moral. Estados Unidos parece sentirse obligado a intervenir en ciertos conflictos, mientras que otros son completamente ignorados. Esta discrepancia plantea la pregunta: ¿qué impulsa realmente la intervención? La respuesta, inevitablemente, es el interés económico.

Desde el final de la Guerra Fría, el gobierno de Estados Unidos se ha enfocado en abrir los mercados globales e implementar reformas neoliberales más amplias en el exterior. Este Consenso de Washington se promueve con el fin de crear las condiciones óptimas para que las grandes corporaciones estadounidenses generen ganancias.

La adhesión al Consenso de Washington requiere que los países en desarrollo abran totalmente sus mercados e implementen severos recortes en el gasto público y social. Esto significa que son los más pobres del mundo los que soportan la mayor carga, mientras que los más ricos obtienen los beneficios.

Esta abrumadora preocupación por la reforma económica ha llevado a Estados Unidos a apoyar regímenes brutales y asesinos en países como Indonesia, Colombia, Guatemala y Zimbabwe, por nombrar solo algunos. En cada caso, las «obligaciones morales» solo surgen cuando un régimen brutal deja de ajustarse a las demandas económicas de Estados Unidos.

Por el contrario, los Estados que representan una amenaza para la globalización neoliberal son invariablemente castigados. Por ejemplo, a pesar de una aparente falta de actividad terrorista durante muchos años, Cuba ha sido objeto de algunas de las sanciones más duras de la historia por su negativa a ajustarse a los ideales económicos occidentales.

Estados Unidos se promociona a sí mismo como un salvador para mantener la legitimidad

La retórica oficial occidental describe la era posterior a la Guerra Fría como una gloriosa nueva era dirigida por Estados Unidos en la que prevalecen la libertad, la democracia y los derechos humanos. Esta retórica emocional funciona como una herramienta poderosa para legitimar la política exterior de Estados Unidos.

Sin embargo, cuando se considera la política exterior de Estados Unidos en su conjunto, queda claro que cualquier compromiso con la moralidad es pura retórica.

Considere, por ejemplo, las ‘guerras contra las drogas’ promulgadas en América Latina. La retórica oficial pinta la intervención como un acto noble para proteger a los ciudadanos indefensos de los narcotraficantes. En realidad, los sucesivos gobiernos estadounidenses se han limitado a promulgar programas infructuosos de destrucción de cultivos dirigidos a los campesinos empobrecidos para mantener la fachada de la «guerra contra las drogas». Al mismo tiempo, Estados Unidos ha ignorado o incluso apoyado a los regímenes represivos y violentos que verdaderamente controlan el narcotráfico en toda América Latina a cambio de su cumplimiento de los ajustes estructurales neoliberales.

En realidad, la política y la planificación de Estados Unidos han cambiado muy poco desde la Guerra Fría. La retórica que reclama protección contra el comunismo ha sido reemplazada por una retórica que reclama una «intervención humanitaria», pero el objetivo final de la autopreservación de Estados Unidos sigue siendo supremo. Esto se demuestra por la falta de interés «humanitario» en conflictos violentos como Sierra Leona o Angola, donde ningún interés estadounidense estaba en peligro. Los principios morales simplemente no son los que impulsan la planificación de la política exterior de Estados Unidos.

Los principales medios de comunicación son fundamentales para el poder

Los principales medios de comunicación actúan como un vínculo importante entre el gobierno y el público. La forma en que los medios informan y enmarcan las decisiones de política exterior e interior determina cómo las percibe el público.

Para que el gobierno de los Estados Unidos mantenga el apoyo público a su política exterior totalmente egoísta, debe mantener la fachada a nivel nacional e internacional de que sus acciones se derivan de una fuerte moralidad y una obligación de proteger al mundo. Si bien la retórica y la propaganda del gobierno juegan un papel clave en esto, los medios tienen un peso aún mayor como comentarista ‘objetivo’.

Considere el bombardeo ilegal y fallido de Kosovo por tropas de la OTAN en 1999, lideradas por Estados Unidos, que solo sirvió para agravar la situación existente. El ataque recibió una amplia cobertura de los medios de comunicación y el New York Times lo describió muy favorablemente como «un Occidente democrático y sus instintos humanitarios repelidos por la bárbara inhumanidad de los serbios ortodoxos».

Por el contrario, los medios de comunicación también pueden influir en la percepción pública a través de la omisión: el bombardeo de Timor Oriental financiado por Estados Unidos por Indonesia en 1975 apenas se informó en absoluto.

El apoyo masivo al poder estadounidense se mantiene a través de un encuadre positivo e informes selectivos.

Este giro positivo se ve facilitado en gran medida por el hecho de que los medios de comunicación están controlados por un pequeño número de mega corporaciones que manipulan la información de noticias para sus propios fines. Esto se debe a que los intereses de las empresas convergen con los del gobierno de los EE. UU., Ya que ambos desean mantener un clima político y económico estable a nivel nacional, así como promover el capitalismo de libre mercado en todo el mundo.

Estados Unidos ignora o invoca el derecho internacional a voluntad

En teoría, el derecho internacional está destinado a desempeñar en el ámbito internacional el mismo papel que el derecho nacional en el ámbito nacional. Formulado en gran parte después de la Segunda Guerra Mundial, el derecho internacional es una herramienta para castigar a los Estados que actúan unilateralmente para perturbar la paz y la seguridad.

Sin embargo, como única superpotencia mundial, Estados Unidos elige con frecuencia ignorar el derecho internacional cuando sus límites resultan inconvenientes para los objetivos de política exterior. A raíz de la invasión ilegal de Timor Oriental por Indonesia respaldada por Estados Unidos, el embajador de Estados Unidos ante la ONU arrojó luz sobre el desdén de Estados Unidos por las Naciones Unidas: « El Departamento de Estado deseaba que las Naciones Unidas demostraran ser completamente ineficaces … llevó esto adelante con un éxito nada despreciable.

El mismo desprecio por la legalidad se puede observar en el bombardeo de Kosovo por las fuerzas de la OTAN dirigidas por Estados Unidos; se llevó a cabo a pesar de ser considerado ilegal por Naciones Unidas. Estos son solo algunos ejemplos en una larga y extensa historia en la que varias administraciones estadounidenses han ignorado las obligaciones legales internacionales.

Aunque Estados Unidos frecuentemente ignora el derecho internacional, lo invoca en sus tratos internacionales cuando es conveniente. Las duras sanciones contra Estados como Cuba e Irán se justifican con frecuencia por sus supuestas violaciones del derecho internacional. El aparente compromiso y respeto de Estados Unidos por el derecho internacional es una forma útil de justificar y obtener apoyo para una política exterior agresiva.

La capacidad de adherirse y aplicar de forma selectiva el derecho internacional ilustra claramente la magnitud del poder de Estados Unidos y sus consecuencias para otros países.

El orden global actual beneficia a unos pocos a costa de la mayoría

La búsqueda despiadada del poder y la ganancia financiera por parte de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos no deja de tener consecuencias humanas: los perdedores son muchos y los benefactores pocos.

Mediante intervenciones militares ilegales directas y apoyo indirecto a regímenes brutales, Estados Unidos ha violado, al perseguir sus propios fines, los derechos humanos básicos de innumerables personas inocentes. Además, se ignoran muchos países que necesitan desesperadamente apoyo pero que no pueden contribuir a los intereses de Estados Unidos. Además, la gran mayoría de los países en desarrollo, desesperados por obtener ingresos, están agobiados por una deuda «odiosa» que se origina en Washington. Esta deuda conlleva condiciones que sirven únicamente a los intereses estadounidenses en contraposición a los de los estados deudores, lo que en última instancia hace que su desarrollo esté estrechamente vinculado a los Estados Unidos.

Es trágico el desprecio sistemático por los derechos humanos por parte del mismo país que tiene la capacidad de hacerlos universales. Se han perdido o destruido innumerables vidas, mientras que la esperanza de que todos los seres humanos puedan algún día tener un derecho incondicional a sus necesidades más básicas ha disminuido.

Si bien Estados Unidos ha demostrado que su desprecio por los derechos humanos es universal, la naturaleza del sistema financiero capitalista global impuesto y promovido por Washington pesa desproporcionadamente sobre los trabajadores y los pobres. Esto es evidente tanto en el extranjero como en el país: los países con fuertes leyes laborales y sindicatos enfrentan grandes sanciones financieras como la desinversión o aranceles comerciales elevados de instituciones financieras controladas por Estados Unidos como el FMI; mientras tanto, en los Estados Unidos, los sindicatos han perdido gran parte de su poder y los salarios de los trabajadores hoy son más bajos que en los años setenta.

Son las fuerzas del mercado las que verdaderamente impulsan y controlan el orden mundial actual

La era posterior a la Guerra Fría se ha caracterizado por una globalización neoliberal casi completa, bajo la cual los mercados son libres de operar con poca intervención de los gobiernos. La naturaleza no regulada de este sistema económico, junto con el poder absoluto que ejercen los que tienen dinero, ha creado un mundo en el que los mercados y las grandes corporaciones reinan y dictan el panorama político y económico de la mayoría del mundo.

El problema es que las grandes corporaciones no son de ninguna manera instituciones democráticas y los mercados tienen poco interés fuera del crecimiento financiero y la ganancia de capital. Como tal, el orden mundial actual es uno en el que el pequeño número de individuos que lideran esas empresas, en gran parte con sede en un país e interesados ​​únicamente en sus propios fines, dicta el destino de la mayoría global. La libertad, la democracia, la soberanía y los derechos humanos son de poca importancia en un mundo gobernado por las fuerzas del mercado.

Dado que los mercados desempeñan esencialmente el papel de los gobiernos, el papel del estado se reduce considerablemente, aunque no se vuelve totalmente redundante. Los estados siguen siendo esenciales para crear y proteger la industria e intervenir para superar las fallas de gestión y, a su vez, extraer poder de las relaciones económicas.

Por tanto, existe una relación de beneficio mutuo entre las fuerzas autónomas del mercado y el gobierno de los Estados Unidos. La política internacional de Estados Unidos es un subproducto inevitable de esta relación.

Principales reflexiones de Noam Chomsky en su libro Rogue States

¿Cuál es la posición real y el objetivo de Estados Unidos en la política internacional?

  • El término «estado canalla» fue inventado por Estados Unidos para eliminar la oposición y mantener el control a nivel mundial.
  • Estados Unidos es en sí mismo un ‘estado canalla’: su posición de poder se ha creado y mantenido mediante la fuerza.
  • Los objetivos económicos impulsan la política exterior de Estados Unidos y las intervenciones exteriores.

¿Cómo y por qué se tergiversa la verdadera naturaleza de la política internacional?

  • Para mantener la legitimidad, Estados Unidos se promociona a sí mismo como un salvador humanitario.
  • Los principales medios de comunicación son fundamentales para el poder de Estados Unidos.
  • Estados Unidos ignora o invoca el derecho internacional a voluntad.

¿Quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores en la política internacional actual?

  • El orden global actual beneficia a unos pocos a costa de la mayoría del mundo.
  • Son las fuerzas del mercado las que verdaderamente impulsan y controlan el orden mundial actual.

«Nosotros no pedimos como los sansimonianos que el Estado haga todo por sí mismo; pedimos que tome la iniciativa de una revolución industrial que tenga por meta la sustitución del principio de competitividad por el de asociación. No pedimos que el Estado se haga empresario y concentre en sus manos todos los monopolios; pedimos que intervenga para proporcionar instrumentos de trabajo a las asociaciones de trabajadores, imponiendo a estas sociedades una legislación tal que les sea imposible no extenderse insensiblemente por toda la superficie del país […] Es necesario aplicar toda la fuerza del Estado. Lo que falta a los proletarios para liberarse son los instrumentos del trabajo. La función del gobierno es proporcionárselos. Si tuviéramos que definir el Estado según nuestra idea, responderíamos: el Estado es el banquero de los pobres» (Louis Blanc, Organisation du travail, 1847)

Olin Wright afirma a veces cosas parecidas: entre el neoliberalismo y el estatalismo cabe la apropiación colectiva por asociaciones de la producción y distribución.

Fernando Díez Rodríguez en su libro: Homo faber. Historia intelectual del trabajo

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