Despacio, por favor

Hoy en día son muchos los que parecen estar instalados permanentemente en la prisa. Viven con la sensación de no llegar a tiempo a las cosas (¿qué cosas? habría que preguntarse), bajo el estrés constante por cumplir con lo previsto y dominados por una cierta actitud bulímica que les empuja a consumir información, datos y sensaciones sin parar (…) Exacto. Respira. Párate y escucha.

Como bien se explica en este artículo, el culto a la velocidad tiene su origen en la revolución industrial, por lo que está estrechamente relacionado con el desarrollo de la economía y del capitalismo moderno. De ahí que algunos autores consideren al reloj, y no a la máquina de vapor, como el mecanismo clave de la edad moderna.

Decía Cortázar en su Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj que cuando te regalan un reloj te regalan “un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire”. Y es que la obsesión por maniatar el tiempo y el inevitable control que este acaba siempre ejerciendo sobre nosotros forman parte de los miedos más antiguos de la humanidad.

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Pero en plena era de la hiperconexión global, el gusto por la aceleración ha comenzado a perder fuerza en algunos ámbitos, dejando paso a una nueva filosofía centrada no tanto en los resultados como en el disfrute del proceso, no tanto en la eficacia productiva como en la calidad de lo que se experimenta y, en definitiva, se vive.

“Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir” (Robert Louis Stevenson)

El movimiento slow no es nuevo pero, contra el pronóstico de muchos, no se convirtió en  una moda efímera más, sino que ha ido calando lentamente, como no podía ser de otra manera, en diferentes esferas de la vida pública y privada. Su origen cabe ubicarlo en el sector de la alimentación. Se considera a Carlo Petrini el fundador del slow food. En 1986, en protesta por la apertura de un establecimiento McDonald’s en la Piazza di Spagna (Roma), este sociólogo italiano decidió crear una asociación para defender la buena alimentación. Una alimentación ligada al respeto hacia el medio ambiente, las tradiciones y los derechos de los productores locales. Petrini la define en esta entrevista como una alimentación “buena, limpia y justa”.

Desde entonces, esta apuesta por un ritmo calmado a la hora de enfrentarse a los retos diarios se ha ido extendiendo y consolidando, dando lugar a nuevas áreas slow que van desde la organización de las ciudades a la educación, pasando por la moda o las relaciones sexuales.

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Moda a cámara lenta

También denominada moda ecológica, ética o responsable, esta corriente aboga por romper con el tradicional hábito de “comprar, usar y tirar”, en clara contraposición a la dictadura de las grandes marcas comerciales, que llevan años imponiendo la necesidad de renovar el vestuario cada temporada.  El uso de materiales respetuosos con el medio natural y la salud, la preferencia por una venta de proximidad o la elección de formas de producción tradicionales son algunas de sus principales características. Además, los atributos predominantes de este tipo de prendas son la comodidad, la funcionalidad y la sostenibilidad.

Periodismo al ralentí

El sector de la comunicación y la información es sin duda uno de los más afectados por la revolución que han supuesto las nuevas tecnologías, tanto en lo que se refiere al ejercicio diario de los profesionales, como al tipo de contenidos que al final se acaban elaborando. Para contrarrestar el flujo constante (y muchas veces, indigesto) que arrojan las noticias actualizadas al minuto, algunos medios abogan por un cambio de patrón. El slow journalism o periodismo lento trata de construir piezas con un valor añadido, que huyen del ruido y bucean en lo esencial. Jot Down es uno de los referentes en lengua castellana. Su seña de identidad: textos inacabables para aquellos que quieren volver a disfrutar de una lectura tranquila y sosegada.

Ciudades para ser vividas (de verdad)

Sin dejar de lado los obvios avances que la tecnología permite, los defensores de las ciudades lentas argumentan que la vida urbana está cada vez más deteriorada por el consumo rápido, la contaminación, las edificaciones de corte inhumano y la incomunicación. Por ello, a partir de más de 50 criterios, defienden unas metrópolis con más zonas verdes, áreas peatonales, mercados locales, construcciones estéticas y sostenibles y la existencia de redes cooperativas entre los vecinos.

Aprender es siempre el camino, nunca el fin

En los últimos años, se ha iniciado una pequeña gran revolución dentro del ámbito educativo, comandada por profesionales, padres y alumnos que han entendido que en el aprendizaje lo que debería importar es el proceso y en ningún caso tan sólo los resultados. Las escuelas lentas basan su actividad en potenciar habilidades como la creatividad, la colaboración, el pensamiento crítico o el respeto. Esta corriente es continuadora de la metodología Montessori, que se centra en el propio potencial del niño para desarrollarse.

slow1Trabajar de otra manera es posible

Probablemente, el ámbito laboral sea uno de los más afectados por este ritmo frenético que inunda todo lo que hacemos. Pasamos horas en el lugar de trabajo, el estrés hace que seamos incapaces de desconectar ni siquiera en vacaciones y no podríamos conciliar ni aunque lo intentáramos por encima de nuestras posibilidades. Está claro que la actual organización del trabajo está condenada al fracaso. En la línea del trabajo lento se sitúan iniciativas como este manifiesto de Yorokobu: “Slowwork tal vez podría ser el árbitro del partido entre el trabajo y la vida, entre el impulso y la pausa”.

Sexo sin prisas, mejor sexo

En oposición al clásico “aquí te pillo, aquí te mato”, el slow sex otorga al elemento del tiempo la importancia que se merece. Pero no hay que confundirlo con un sexo aburrido o poco excitante.  Se trata simplemente de variar el ritmo y favorecer aspectos como la respiración, el autoconocimiento y la exploración. Y parece ser que los beneficios son innumerables. Según este artículo, el sexo lento mejora la piel, favorece la circulación sanguínea y ¡puede alargar la vida hasta 10 años!.

Acabamos el artículo con esta charla TED de uno de los gurús del movimiento slow, Carl Honoré, periodista canadiense y autor del libro superventas Elogio de la lentitud.

La foto de portada es de Philippe Boivin / La fotos interiores son de Roberto Domínguez, Theophilos Papadopoulos y Mar Pascual.

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