Rewilders: un viaje a escala global hacia los frentes de la resistencia ambiental.

Hoy os presentamos una aventura a lo largo y ancho del planeta, por medios autopropulsados, sin combustibles fósiles, con la meta de alcanzar los últimos reductos naturales y trabajar mano a mano con las personas que luchan por protegerlos, ya sea por medios científicos o haciendo uso de la acción directa.

Para saber más sobre este proyecto, os dejamos la entrevista que hemos realizado a los dos aventureros que han creado este inspirador proyecto:

Rewilders: un viaje a escala global hacia los frentes de la resistencia ambiental. 3

¿Cómo os surgió la idea?

Brais: A principios del año pasado me subí a una bicicleta para cruzar Europa desde el mar Mediterráneo hasta el Báltico, con la idea de asentarme una larga temporada en una ecoaldea. Había pasado los últimos diez años recorriendo el mundo, convenciéndome de que la gravedad de la crisis ambiental requiere de iniciativas comunitarias de carácter autogestionario, fuertemente contestatarias y que presenten a su vez alternativas viables al sistema dominante.

No obstante, tras medio año allí y tras haberme enfrentado con un puñado de contradicciones, una joven polaca llegó al lugar con el propósito aparente de desbaratar todos mis planes, su nombre Agnes.

Agnes: Conocí a Brais al término de una larga investigación personal sobre estilos de vida sostenibles. Como arquitecta, mi trayectoria siempre estuvo estrechamente ligada a crear hábitats saludables, pero año tras año mi preocupación sobre los impactos de las actividades del ser humano en el medio ambiente aumentaba vertiginosamente. ¿Dónde estaba el sentido en diseñar respetando el entorno si ahí fuera todo se desmorona?

Fui intercalando proyectos de permacultura y ecoaldeas por todo el continente, sumergiéndome en multitud de iniciativas relativas a la bioconstrucción, soberanía alimentaria y resiliencia comunitaria. No obstante algo faltaba…

Tras nuestro primer encuentro concluimos que aislarse del mundo en una burbuja verde, como en la que nos encontrábamos, no frenaría la deforestación de los bosques primarios, la extinción de especies amenazadas o la polución. 

Así pues, durante los meses que siguieron, rehabilitamos un viejo bungalow dentro del cual planificaríamos y montaríamos el mayor proyecto de exploración y conservación que jamás habíamos imaginado. 

Nacía Rewilders, un viaje a escala global hacia los frentes de la resistencia ambiental.

– ¿En qué otros proyectos os habéis inspirado?

Existen multitud de acciones de defensa ambiental repartidas por todo el mundo y muchas más de las que nos imaginamos en nuestro propio territorio. Desde grandes organizaciones conservacionistas a reducidos grupos de personas preservando un pedazo de tierra.

El Ejatlas (Environmental Justice Atlas) nos brinda un mapeo de todos esos conflictos ambientales a escala global, lo cual nos inspiró a salir en su búsqueda y unirnos a sus luchas que, al fin y al cabo, también son las nuestras.

¿Cuál ha sido vuestro mayor aprendizaje?

– Dependemos de una naturaleza virgen para sobrevivir, aunque la mayoría de las personas lo ignoren. Rodeados de neones y asfalto es complicado hacer la conexión entre el aire que respiramos y los océanos, entre la comida de la nevera y la biodiversidad, entre el agua del grifo y el clima. Pero lo cierto es que sin un medio natural perfectamente equilibrado, nuestra propia supervivencia y la de millones de otras especies está comprometida.

Entender esto y actuar en consecuencia es esencial. Ahora es el momento de proteger la vida, es la batalla de nuestra generación. Nuestros antepasados defendieron la igualdad de género, la igualdad de raza, la libertad… pero de nada sirven todos estos derechos logrados con sudor y sangre sin un planeta en el que ponerlos en práctica.

¿Qué les pediríais a los lectores?

– Tenemos por costumbre culpar de todos nuestros males a los que están un poco más arriba, a quienes tienen más dinero, a los que ostentan más poder. Creemos que la culpa de todo, incluida la crisis climática, es de los grandes empresarios, banqueros, políticos… y nos referimos a ellos como si de otro ente se tratase.

Cuando se tiene la experiencia de viajar por países empobrecidos, se constata -no sin cierto asombro la primera vez- que uno mismo pertenece a un estrato social mucho más alto de lo que imaginaba. En España pertenezco a la clase baja, pero en Senegal soy la clase alta. 

Para cambiar las cosas resulta imprescindible aceptar nuestra parte de responsabilidad en la situación actual. Dejar de mirar hacia arriba y mirar hacia dentro, dejar de lamentarse y empezar a actuar con el poder que tenemos, que es mucho mayor del que podemos apreciar.

Para seguir el viaje:

www.braispalmas.com
facebook: @TheRewildersJourney
instagram: @The_Rewilders

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