Así debería ser nuestra muerte según las enseñanzas de Suzuki Roshi 1

Así debería ser nuestra muerte según las enseñanzas de Suzuki Roshi

Shunryu Suzuki se considera la persona que trajo a los maestros zen a occidente, pero no fue hasta Suzuki Roshi cuando se fundó el San Francisco Zen Center. Este centro formaba parte del linaje zen Soto, cuyo fundador es Eihei Dogen, que pertenece a Mahakasyapa, uno de los discípulos de Buda. La leyenda cuenta que habría alcanzado el despertar en el silencio, esencia del zazen, en aquel momento en que Buda sonrió y mostró una flor a sus seguidores.

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Suzuki Roshi llegó a Estados Unidos en 1959 y murió el 4 de diciembre de 1971

En 1959, Suzuki llegó a Estados Unidos donde vivió hasta su muerte en 1971. Se le conoce por numerosos discípulos, pero su esencia reside en su rutina diaria. Cada día el abría su templo y se sentaba solo a practicar zazen. Poco a poco, cada vez más estudiantes se sentaban a su lado. De esta forma nació la esencia del zen.

Pero esto no fue lo que más marco la vida de muchos. Quien fuera su alumno, Lewis Richmond, lo nombra en un artículo de la revista Lion’s Roar y, en específico, nombra una enseñanza sobre su muerte. Suzuki murió a causa del cáncer; cuando sus discípulos supieron que tenía esta enfermedad pusieron el grito en el cielo, todos menos el maestro.

Llevó una vida totalmente normal: a pesar de su sufrimiento, no tomaba nada de medicación, como si no se estuviera enfrentando a esta dura enfermedad. Era habitual verlo bromear sobre ello. Eso sí, nunca dejó de practicar zazen.

Las enseñanzas de Suzuki Roshi sobre la muerte

El maestro anunció su muerte durante un retiro tradicional de siete días llamado rohatsu sesshi. Nada más llegar, Suzuki anunció que se moría.

Suzuki Roshi eligió morir el primer día del retiro, y así darle a sus discípulos siete días de meditación para asimilar su partida. Pero, ¿cómo era capaz el maestro de estar tan tranquilo antes de morir? ¿Cómo consiguió ese poder? Solo tenía una respuesta: estaba listo para morir. De esta manera, él simbolizaba su propia enseñanza suprema “no te apegues a nada, ni siquiera a la verdad. Todo momento es fresco”.  Su dharma de cada día.

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Suzuki murió el primero día de un retiro con sus discípulos. Ni siquiera antes de irse estaba agitado o intranquilo. Se fue en paz.

Una enseñanza que de alguna manera está presente en todas las religiones y en la filosofía, ya que todas ellas nos enseñan a morir. Esto no se trata de la mera búsqueda de la trascendencia, renunciando a la vida inmediata, sino que para estar preparados y en paz para la llegada de la muerte necesitas practicar constantemente, atender al presente, no tener esperanza o miedo. Ser personas atentas y estar frescos.

Esta es la gran enseñanza del maestro zen Suzuki Roshi. Por otro lado, el budismo entiende que lo más importante a la hora de morir es el estado de tu mente. Este varía entre personas que han llevado una vida virtuosa y las que han practicado dharma. Al morir, no nos llevamos nada, todo lo contrario de lo que pensaban los egipcios, quienes enterraban a sus muertos con numerosos objetos valiosos para la siguiente vida.

En ese aspecto, los budistas lo tienen claro: lo único que te llevas de la vida es tu conciencia. Nosotros, a día de hoy, somos responsables de lo que seremos, por lo que todo lo que no vaya de la mano de esto es algo innecesario. Quien descubra que la mente no tiene principio ni fin entenderá que la vida se convierte en un permanente entrenamiento para alcanzar un estado libre de confusión que permita superar la prueba de la muerte, que es también la posibilidad de la verdadera libertad.

¿Qué te parecen las maravillosas enseñanzas de Suzuki y del budismo sobre la muerte?

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