La empatía empieza por escuchar y entender a los demás, y por aquí empieza la paz en nosotros. Si entendemos este pequeño concepto, ponemos un grano de arena a la paz de la humanidad. Casi la totalidad de los conflictos entre las personas vienen precedidos de un pensamiento: “Yo tengo razón”. Vamos, que este es el gran problema que tienen las naciones, los grupos sociales, las religiones y demás agrupaciones.

Este pensamiento acaba motivando nuestro afán por hacer entender a la otra persona que tenemos razón y pretendemos cambiar su punto de vista en vez de intentar enriquecer el nuestro escuchando el suyo. No nos paramos a pensar en que “quizá se nos escape algo que nos haría ver las cosas diferentes“.

Si resuelves todos los conflictos con un “yo tengo razón” podrías estar perdiéndote puntos de vista muy interesantes

En diferentes momentos podemos llegar a perder parte de nuestra felicidad por no escuchar

La paz viene del entendimiento mutuo. Para que este exista, se tiene que producir un intercambio de opiniones. Sin este intercambio se puede producir un conflicto, que no determinará la razón, sino que prevalecerá la fuerza y llevará a una ruptura.

La creencia es algo a lo que nos aferramos porque creemos en ello con fuerza, como si de un elemento material se tratara, un objeto de valor y tenemos que defenderlo para que no nos lo quiten.

Hay personas que toman esta manera de razonar como una forma de vida. Sin embargo, lo que hacen es construirse un ego, donde se entremezcla la realidad con el pensamiento surgido de nuestras razones. Esto acaba siendo una trampa.

Es obvio que todos los seres humanos tenemos opiniones, gustos, pensamientos positivos y negativos, preferencias…

Uno de los problemas a todo esto es que acabamos por juntarnos con aquellos grupos o personas que pueden reafirmar nuestra “razón” de las cosas. Algo así nos empobrece como seres humanos, por lo que somos ajenos a un contraste de opiniones que pueden ser más válidas que las nuestras.

La naturaleza humana es diversa. Somos diversidad en estado puro. Encuentra la felicidad dentro de esa diversidad de aspectos, opiniones, ideas y sueños

La naturaleza en si misma se ha construido partiendo de la diversidad. Si anulamos esa diversidad, nos anulamos como personas.

La diversidad nos ayuda a afrontar conflictos y problemas

No hay que luchar contra lo que pensamos o creemos, sino liberarnos de ello, escuchar, entender, pensar, contrastar y, finalmente, crecer. La distancia entre dos opiniones puede ser infinita, pero al comprenderse los puntos de vista, aunque sean diametralmente opuestos, hace que esta distancia desaparezca. Con ella, desaparece la fricción entre los pensamientos porque, aunque no son una ecuación de igual a igual, tienen un fundamento y una razón de ser. No hace falta estar de acuerdo con lo que piensa el otro, sino entender que existe una posibilidad de que sus razones tengan un fundamento tan sólido como el de las nuestras.

Todos somos diferentes, todos tenemos nuestras propias opiniones. No dejes que nuestras diferencias sean motivo de conflicto constante

“La diferencia básica entre ser asertivo y ser agresivo es la forma en que nuestras palabras y comportamientos afectan a los derechos de los demás”.

Quizás esta cita de Sharon Anthony Bower, que defiende la complicidad por encima de la agresividad, resume en términos generales este artículo. Todos tenemos derecho a la paz, a la felicidad; por ello, la agresividad a la hora de defender un pensamiento puede resultar fatal para una de las posturas.

¿Para qué vamos a crear más conflictos de los que ya hay en la vida?

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