Cuentan que hace siglos vivió un gran maestro zen a quien llamaban Roshi del Nido del Ave porque solía meditar sentado sobre el nido de un águila, en la cima de un árbol en una montaña.

Un día, un poeta y funcionario del gobierno lo visitó y, de pie en el suelo, muy por debajo del maestro, le preguntó por qué vivía de manera tan peligrosa.

El maestro le respondió con una sonrisa en los labios:

—¿Lo llamas peligroso? ¡Lo que estás haciendo es mucho más peligroso! Vivir en el mundo, ignorar la muerte, la impermanencia, la pérdida y el sufrimiento, como todos hacen día tras día, como si fuera la manera más normal y segura de vivir, es mucho más peligroso que subirse a este nido para meditar.

El camino de la evasión es el más peligroso, porque la adversidad terminará atacándonos por sorpresa

El maestro zen se refería a un estilo de vida en el que intentamos anestesiarnos, alejarnos del dolor viviendo como si fuéramos autómatas, buscando continuamente nuevas experiencias cada vez más intensas y al límite, que le den un sentido fugaz a nuestra vida. El problema es que, al intentar protegernos del sufrimiento, caemos en lo que pretendemos evitar y nos causamos un dolor más profundo. El maestro zen de la historia se refería a que el camino de la evasión es el más peligroso, porque la adversidad terminará atacándonos por sorpresa y no tendremos las herramientas psicológicas para hacerle frente y reponernos.

¿Qué nos puede enseñar la filosofía budista?

1. Deja de pensar en términos antagónicos

Una de las creencias más limitantes que nos ha inculcado la sociedad occidental consiste en pensar en términos de bueno o malo, positivo o negativo. Ese es el principio de la radicalización y la rigidez de pensamiento, además de ser una de las bases del sufrimiento.

En el budismo, así como en la mayoría de las tendencias filosóficas no duales, todos los fenómenos son una unidad que representa un contínuum donde los extremos no son antagónicos. De hecho, el famoso yin y yang son dos fuerzas complementarias que se necesitan mutuamente. Lo que puede parecer un mero juego de palabras, en realidad tiene profundas implicaciones para nuestra vida cotidiana porque nos permite comprender que todas las experiencias encierran una parte positiva y otra negativa, somos nosotros quienes le damos más importancia a una u otra según nuestros mapas mentales.

Al igual que el yin y el yang, todas las experiencias encierran una parte positiva y otra negativa

Este cambio de perspectiva nos permitirá abrir la mente lo suficiente como para comprender que incluso las experiencias aparentemente negativas encierran una oportunidad o, al menos, una enseñanza que puede convertirnos en personas más sabias o resilientes.

2. Sé paciente, resiste el impulso de actuar

Solemos asociar la paciencia a una actitud pasiva y poco glamorosa. Cualidades como la proactividad y la compasión son mucho más populares. Sin embargo, cuando los tiempos se ponen difíciles nos percatamos de que, sin la paciencia, el resto de las cualidades pueden ser bastante volubles porque una idea brillante, sin la paciencia necesaria para llevarla adelante, se quedará en el cajón de los proyectos frustrados.

Ser pacientes no implica simplemente esperar, sino ser capaces de usar inteligentemente ese tiempo, para recopilar más información o crecer como personas, desarrollando las herramientas que necesitamos para hacerle frente al reto. Practicar la paciencia consiste en notar lo que sucede y, en vez de reaccionar, aguardar el momento oportuno para responder. No corremos ni retrocedemos, pero tampoco nos quedamos atrapados. Así ahorramos una energía preciosa y respondemos con mayor sabiduría.

3. Reconduce la responsabilidad hacia ti

Quien busca culpables fuera, encontrará sosiego momentáneo pero jamás será dueño de su destino.

Para la filosofía budista, somos los máximos responsables de nuestra vida ya que, de una forma u otra, todas las decisiones que hemos tomado nos han llevado al punto en el que nos encontramos. Esta idea budista es el equivalente al concepto psicológico de “locus de control interno”, que es característico de las personas que tienen éxito profesionalmente y se sienten más satisfechas con sus vidas.

Todas las cosas están interconectadas y abiertas al flujo de la vida

Por supuesto, eso no significa pensar que todo depende de nosotros o que debemos asumir la responsabilidad por todo lo que sucede, lo cual sería irracional, pero nos ayuda a aprender de las experiencias y a no cometer los mismos errores. Es probable que en un primer momento sea abrumador, pero más tarde generará una enorme sensación de empoderamiento porque concientizamos que tenemos el poder de cambiar nuestras vidas.

4. Libera tu ego

La vacuidad es uno de los conceptos más difíciles de entender y aplicar del budismo.

Según esta filosofía, aunque nos vemos como individuos aislados, en realidad todas las cosas están interconectadas y abiertas al flujo de la vida. Incluso nuestra personalidad está en constante transformación, como demostraron investigadores de la Universidad de Edimburgo tras analizar a más de 1.200 personas desde los 14 hasta los 77 años de edad. Sin embargo, nuestro apego al ego y la creencia de que es inmutable es una de las razones por la que sufrimos. De hecho, las críticas nos hieren y enfadan precisamente porque consideramos que es un ataque a nuestro ego. Si asumimos que estamos en constante cambio, podemos comprender que esa crítica forma parte del pasado y se refiere a un “yo” que probablemente ya no existe.

El espejo puede servirnos como metáfora para entender mejor esta idea: un espejo refleja todos los objetos que se ponen delante, pero estos no le afectan y puede seguir reflejando otros objetos. Nuestro problema es que nos confundimos y creemos que somos los reflejos que estamos proyectando en nuestra mente. Liberar el ego de ese engaño nos permitirá aprender más de cada experiencia porque podremos afrontarlas con una actitud más desapegada.

5. Practica la aceptación radical

Muchos piensan que aceptar es sinónimo de pasividad y resignación. En realidad, aceptar es el primer paso del cambio. Si queremos cambiar algo que no nos gusta, primero debemos aceptar que existe una situación que nos molesta o desagrada. Al contrario, negar la realidad implica quedarse bloqueados en una situación que nos genera malestar.

La aceptación radical nos propone aceptar todo lo que ocurre, para luego decidir conscientemente qué podemos hacer

La aceptación radical nos propone aceptar todo lo que ocurre, para luego decidir conscientemente qué podemos hacer. Habrá situaciones que podamos cambiar y otras sobre las que prácticamente no tendremos ningún control. En ese caso, tendremos que cambiar nuestra actitud.

En el fondo, practicar la aceptación radical implica asumir una actitud madura, comprendiendo que hay cosas que no nos agradan pero aún así debemos lidiar con ellas. Al respecto, el psicólogo William James escribió: “La aceptación de lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia”.

Pon en práctica estos consejos budistas y cuéntanos el resultado.


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