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El primer supermercado que no genera residuos del mundo está en Alemania 1

El primer supermercado que no genera residuos del mundo está en Alemania

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Actualizado el sábado, 28 noviembre, 2020

En Alemania existe el primer supermercado cero-residuos del mundo, dos emprendedoras lo abrieron en Berlín. En este lugar no se vende ningún producto empaquetado e invita a sus consumidores a llevar su propio recipiente para rellenarlo con los productos que se necesiten. Esto, que parece una novedad, no es más que la famosa venta a granel que nuestros abuelos realizaban cuando iban al mercado.

Supermercado sin residuos

«Creemos que el concepto de compras actual no es sostenible, y un cambio hacia un sistema de compras sin envasar, a largo plazo, tendrá un beneficio global muy grande para la sociedad y para el medio ambiente», afirma una de las creadoras.

Fuente: http://www.stilinberlin.de/

Original Unverpackt (Embalaje Original) es la apuesta de dos jóvenes alemanas por crear una nueva línea de supermercados sin packaging; un nuevo concepto en dirección opuesta a lo que realizan las grandes cadenas multinacionales de supermercados. Su objetivo es reducir el desperdicio de envases que se transforman automáticamente en basura. Además, los alimentos que venden provienen y se producen en la misma región, de esta manera, se economiza su precio y se reduce la necesidad de transporte.

«Es el primer supermercado que no utiliza envases desechables. Ninguno. No proponemos que comprar de este modo sea una opción más dentro de un centro comercial, sino una alternativa real. Queremos remodelar el concepto de hacer la compra», comentan Milena Glimbovski y Sara Wolf.

Fuente: http://www.stilinberlin.de/

«Se trata de comprar de forma diferente, acabar con las interminables estanterías repletas de productos que te prometen la vida eterna, comprar sin basura. Buscamos el slow food, la basura cero, y estamos en contra de esas palabras de moda sobre conciencia ecológica que algunas marcas utilizan para despistarnos».

También afirman que si un cliente «no tiene recipiente, no hay problema, puede pedirnos prestados contenedores reutilizables o le damos alguna bolsa de papel reciclado».

Milena Glimbovski y Sara Wolf, las creadoras de Original Unverpackt Fuente: http://highexistence.com/

Milena Glimbovski y Sara Wolf, las creadoras de Original Unverpackt

Fuente: http://highexistence.com

La idea de Original Unverpackt se encuentra muy alineada con el movimiento Slow Food, una tendencia contra el fast food que estimula el buen comer valorando la calidad, la procedencia de la materia prima, lo regional y el modo de cocinar. El objetivo: promover la lentitud en la comida, los productos orgánicos y las recetas locales. Uno de sus cometidos es salvaguardar el patrimonio alimentario de la humanidad y concientizar sobre la soberanía alimentaria.

¿Existe alguna iniciativa así en tu ciudad? ¡Cuéntanos tu experiencia!

“El hipermercado cerró los ultramarinos y mató las conversaciones de barrio. El autoservicio dejó las compras sin balanza y sin palabras. Prohibido bromear con la cajera que se forma cola. Hay cajas rápidas para los que llevan pocos productos y ya hay cajas en las que te cobras tú mismo. Las lechugas vienen en bolsa y deshojadas. Las manzanas maduran en bandejas de plástico rígido. Éste es un mundo empaquetado, enlatado, etiquetado, clasificado, embotellado, precintado, embolsado, plastificado, deshuesado, desgrasado, pelado, precocinado y loncheado. Un mundo no retornable de PVC, Pet, Tetrabrik, aluminio, poliestireno expandido y mil tipos de plástico. Una vida insostenible, marcada, como nuestros productos, con fecha de caducidad. El progreso es aséptico. Escrupuloso. Exacto y desapasionado. Yo prefiero vivir a granel. Comprar al corte. Que vuelvan las hueveras y el vermut de barril. Los mercados y los mercadillos. Conocer a quien regó los tomates. Rellenar sifones y devolver los cascos. Comprar lento, charlar y perder el tiempo. No quiero una vida envasada al vacío. Aspiro a ser parte de un mundo imperfecto e inexacto. Amar a granel. No dosificar los besos. Derrochar abrazos. Reír a puñados. Hacer manojos de caricias y gastarlos sin recato. No dar las gracias ni pedir perdón con cuentagotas. No poner etiquetas. Gastar la amistad a raudales. Soñar sin rigor y sin medida. Comerme la vida a bocados y atragantarme de ella”.
Guillermo Viglione


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