Alan Watts pasó gran parte de su vida intentando enseñar a las personas cómo desaprender lo que habían aprendido de la sociedad, mostrándoles que existe otro camino más satisfactorio para llenar su vida. De hecho, en una ocasión afirmó que “un estudiante intenta aprender algo cada día, un discípulo budista intenta desaprender algo cada día”.

En su libro La sabiduría de la inseguridad analiza profundamente la sociedad moderna poniendo al descubierto algunos de los mecanismos a través de los cuales genera la epidemia de ansiedad y depresión actuales, así como los sentimientos de inseguridad y la intolerancia a lo diferente.

La sociedad actual es un círculo vicioso

El filósofo británico Alan Watts consideraba que la sociedad actual es un “círculo vicioso” ya que genera deseos insaciables que nos condenan a un estado de ansiedad y frustración permanente, obligándonos a vivir con la vista puesta en un futuro que nunca llega.

“Perseguir el futuro es perseguir a un fantasma que se aleja constantemente y, cuanto más rápido lo persigas, más rápido avanzará. Esta es la razón por la cual la civilización vive de manera apresurada, por qué casi nadie disfruta de lo que tiene y siempre está buscando más y más. La felicidad no consiste entonces en realidades sólidas y sustanciales sino en cosas tan abstractas y superficiales como las promesas, esperanzas y garantías […] La felicidad siempre depende de algo que esperamos en el futuro, estamos persiguiendo una quimera que siempre nos esquiva”.

La publicidad se ha encargado de alimentar un consumismo desenfrenado

Dado que la economía solo puede crecer si consumimos, la publicidad se ha encargado de alimentar un consumismo desenfrenado, disfrazado bajo la efímera promesa de la felicidad. El timo, según Alan Watts, consiste en “atraer sin procurar satisfacción, para sustituir toda gratificación parcial por un nuevo deseo […]. Todo conspira para persuadirnos de que la felicidad está a la vuelta de la esquina con tal de que compremos un artículo más”.

El timo de la sociedad actual

El mecanismo a través del cual se convierte a las personas en consumidores se basa en impedirles pensar para tomar decisiones conscientes, mantenerlas consumiendo constantemente, en una espiral vertiginosa que las convierte en adictos a la novedad de manera que la decisión no es si compramos o no, sino qué modelo compramos.

“El sujeto perfecto para esta economía es la persona que escucha constantemente la radio, de preferencia los aparatos portátiles que pueden llevarse a todas partes.

Sus ojos miran sin descanso la pantalla del televisor, el periódico, la revista, manteniéndose en una especie de orgasmo sin liberación […].

»A esa manera de narcotizarse la llamamos nuestro alto nivel de vida, una estimulación violenta y compleja de los sentidos, que nos hace progresivamente menos sensibles y, así, necesitados de una estimulación aún más violenta.

Anhelamos la distracción, un panorama de visiones, sonidos, emociones y excitaciones en el que debe amontonarse la mayor cantidad de cosas posible en el tiempo más breve posible […].

La sociedad nos mantiene distraídos para que busquemos la felicidad a través del consumismo

“Esta corriente de estimulantes está pensada para producir anhelos del mismo objeto cada vez en mayor cantidad, aunque con más estrépito y rapidez”.

La sociedad de consumo según Alan Watts

El problema es que, para poder consumir cada vez más, para comprar el coche más reciente, cambiar el móvil cada año, comprar el televisor de última tecnología y tener el ordenador más potente, nos vemos obligados a trabajar siempre más.

“Para mantener ese nivel, la mayoría de nosotros estamos dispuestos a soportar maneras de vivir que consisten principalmente en el desempeño de trabajos aburridos”.

Ese tipo de trabajo, que no genera ninguna gratificación psicológica y al que le dedicamos al menos 8 horas al día, genera un estado de frustración, desmotivación y desesperanza que cierra el círculo vicioso y nos lleva a consumir más para poder darle un sentido a ese “esfuerzo cotidiano”. Pensamos que vale la pena trabajar porque así podemos comprar esas cosas que nos hacen felices, aunque en realidad esos productos no son más que un “calmante” para llenar el vacío interior.

Cada vez trabajamos más para poder consumir más

Alan Watts va un paso más allá explicándonos por qué esos objetos realmente no pueden generar auténtico placer y felicidad. Considera que se tratan simplemente de símbolos de placer que han sido empaquetados de manera muy atractiva para captar nuestra atención, pero que en realidad carecen de contenido, por lo que es imposible que puedan satisfacer nuestras necesidades.

“La civilización moderna construye para ofrecer una fachada impresionante, más que para proporcionar un espacio donde vivir”.

La sociedad moderna nos manipula

Por otro lado, también nos alerta de cómo la sociedad moderna manipula nuestro deseo de seguridad, una idea que también ha desarrollado largamente el filósofo Zygmunt Bauman explicando que cuando los estados hacen una dejación cada vez mayor de su función para garantizar el bienestar de los ciudadanos, no le queda otra carta que la de la incertidumbre y la inseguridad. Sin embargo, Alan Watts nos explica por qué la búsqueda de la seguridad es una ilusión que solo sirve para levantar barreras, apartar lo diferente y, al final, sumirnos en una sensación de inseguridad aún mayor.

“Una sociedad basada en la búsqueda de la seguridad no es más que un concurso de retención del aliento en el que todos están tan tensos como un tambor y tan morados como una remolacha. Buscamos esta seguridad fortaleciendo y encerrándonos de innumerables maneras.

Queremos la protección de ser ‘exclusivos’ y ‘especiales’, buscando pertenecer a la iglesia más segura, a la mejor nación, a la clase más alta, al grupo correcto y a las personas ‘agradables’.

Estas defensas conducen a divisiones entre nosotros, y así a más inseguridad exigiendo más defensas”.

¿Cuál es la solución?

“Rara vez nos damos cuenta de que nuestros pensamientos y emociones más íntimos no son nuestros. Pensamos en términos de idiomas e imágenes que no inventamos, sino que nos fueron impuestos por la sociedad […].

Copiamos las reacciones emocionales de nuestros padres, aprendemos de ellos el temor a la muerte y sus ansiedades sobre la enfermedad. Nuestro entorno social tiene este poder porque no existimos al margen de la sociedad. La sociedad es una extensión de nuestra mente y cuerpo.

Sin embargo, la misma sociedad de la cual el individuo es inseparable está usando toda su fuerza para persuadir al individuo de que él está realmente separado. La sociedad, tal como la conocemos ahora, está jugando un juego con reglas autocontradictorias”.

Trabajamos para poder consumir, y consumimos para buscar una falsa sensación de seguridad

Alan Watts nos explica el concepto de “individualización por decreto” que expuso Zygmunt Bauman según el cual, hoy, cada persona se ve obligada a solucionar con los escasos recursos que posee a su alcance problemas que son de naturaleza sistémica y que solo se pueden resolver a un nivel macro.

La solución, o al menos una de ellas, consiste en desarrollar una mayor autoconciencia partiendo de la aceptación. Cuando aceptamos la incertidumbre, el miedo a la inseguridad desaparece. Cuando aceptamos que solo tenemos el presente, el agobio por el futuro se esfuma. Cuando comprendemos que podemos ser felices aquí y ahora con lo que tenemos y sin importar lo que no tenemos, la necesidad de consumir frenéticamente desaparece.

Entonces tendremos la libertad para construir la vida que realmente queremos vivir.

¿Te gustó esta historia?
¡Con un "Like" podrás ver muchas más!



¿Quieres recibir más historias como esta por email?

Suscríbete a nuestra Newsletter: