En el año 55 d.C. nació el gran orador, historiador y político romano Cornelio Tácito, en los años del emperador más malvado de la historia, Nerón. Llegó a historiar en su vejez al emperador de origen hispano e irrefrenable conquistador, Trajano, y murió en tiempos del emperador Adriano, el tercero de los llamados “cinco emperadores buenos”, que según dijo Edward Gibbon, sus principados fueron “la época más feliz de la historia de la humanidad”.

Su dedicación a la oratoria le hizo posicionarse muy rápidamente. Se formó con grandes abogados que le influenciaron beneficiosamente y, ya de muy joven, había escuchado con gran pasión los discursos del foro romano. Se dedicó más tarde a la historia, después de pasar una guerra civil y adquirir una fuerte madurez. En aquellos tiempos, para un hombre noble había diferentes formas para servir al estado: principalmente la actividad política y la milicia. Una vez alcanzadas estas funciones, era provechoso explicar los hechos y situaciones por las que había pasado Roma. Era, como decía Salustio, “hermoso obrar bien con el estado, sin embargo no carece de sentido hablar bien de él además. Es lícito llegar a destacar en la guerra y en la paz».

La virtus, es decir, la virtud, se adquiría luchando en la guerra, en aquellos tiempos un hombre se valoraba por su valor épico y, a parte, escribir los hechos hacía aumentar esta virtud. Podemos decir que Tácito era este tipo de hombre. A diferencia de nuestros tiempos más individualistas, en la época griega y romana la guerra se tenía como algo glorioso, donde el compañerismo y el valor triunfaban por encima de la hambruna y la sangre.

Tácito escribió sobre la oratoria y la historia principalmente, en su obra ” Diálogo sobre los oradores” describe la decadencia de la oratoria, explica como en tiempos de la República romana, antes de la época imperialista, la oratoria era muy necesaria, ya que había muchas tensiones y conflictos, y más adelante, en tiempos de paz perdía su función. También decía que su deterioro era debido a la falta de estudio de los oradores viejos por los jóvenes. Hoy en día haría falta una buena dosis de buena oratoria para cierta educación y adecuada retórica de algunos políticos.

A continuación, os escribo algunas frases de Tácito para nuestra reflexión:

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“Quien se enfada por las críticas, reconoce que las tenía merecidas”.

“Cuanto más corrupto es el estado, más leyes tiene”.

“Los hombres prefieren pagar un perjuicio a un beneficio, porque la gratitud es una carga, y la venganza, un placer”.

“El poder conseguido por medios culpables nunca se ejercitó en buenos propósitos”.

“Las artes propias de un general son el juicio y la prudencia”.

“Los grandes imperios no son mantenidos por la timidez”.

“Los peores enemigos son los que aprueban siempre todo”.

“Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio”.

“No hay atractivo en lo seguro. En el riesgo hay esperanza”.

“Una mala paz es todavía peor que la guerra”.

“Hacen una carnicería y lo llaman paz”.

“El respeto es mayor desde lejos”.

“Por buena tiene esta vida quien no la conoce”.

“Es un error de la maldad humana alabar siempre el pasado y desdeñar el presente”.

“Raros son esos tiempos felices en los que se puede pensar lo que se quiere y decir lo que se piensa”.

“El oro y las riquezas son las causas principales de las guerras”.

“En las fortunas modestas, los peligros son menores”.


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