Mohandas Karamchand Gandhi, más conocido como Mahatma Gandhi, nació un 2 de octubre de 1869 en Porbandar (en el Raj Británico por aquel entonces, hoy en día la India). Lo que no mucha gente sabe es que Mahatma significa Gran alma y recibió este apodo del poeta Rabindranath Tagore.

Tagore captó la esencia de Gandhi en sus líneas:

Donde la mente no teme y la cabeza se mantiene en alto;

donde el conocimiento es libre;

donde el mundo no ha estallado en fragmentos a causa de las estrechas paredes domésticas;

donde las palabras surgen desde lo profundo de la verdad;

donde el esfuerzo incansable extiende sus brazos hacia la perfección;

donde la corriente límpida de la razón no ha perdido su camino por las arenas resecas del desierto de la muerta rutina;

donde la mente es llevada por ti allá hacia el pensamiento y la acción siempre abiertas, en ese cielo de libertad, Padre mío deja que despierte mi pueblo.

De familia de casta comerciante, Gandhi aprendió de su madre los valores que le llevaron a ser una de las personas más importantes e influyentes del siglo XX: ser vegetariano, ayunar para purificarse, ser tolerante con todas las religiones y, muy importante, a no hacer daño a ningún ser vivo. Su forma de pensar y vivir y sus valores se resumen en su conocida frase: “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.

Mahatma Gandhi estudió Derecho en Londres, aún sin ser un gran estudiante, y acabó aceptando un trabajo en Sudáfrica, después de su escaso éxito en la India como abogado. Fue en el país de Mandela donde empezó a vivir el racismo y otras humillaciones derivadas de su procedencia y creencias religiosas, además del color de su piel, que no le ayudó a integrarse en sociedad. Fue en ese momento en el que su labor humana dió comienzo.

De vida sencilla, mantuvo amistad con León Tolstói; es imprescindible, y bellísima, la Carta a un hindú que escribió el escritor ruso a Gandhi poco antes de morir. En 1915 volvió a su país de origen para ayudar políticamente y más activamente a demoler el muro inglés que se estaba construyendo sobre los tejados indios.

Su voluntad, su corazón y su desobediencia civil pacífica le llevaron, en 1930, a realizar uno de los actos más importantes y emotivos del siglo: La marcha de la sal, una caminata de 300 kilómetros que culminó con el gesto más simple y elocuente del siglo XX, coger un puñado de sal del mar Índico. Esta movilización simbolizaba la opresión social y cultural británica contra el pueblo indio, ya que Reino Unido monopolizaba en aquel momento la producción de sal e imponía una tasa por su recogida (a pesar de que esta había sido libre hasta entonces).

Gandhi luchó incansablemente por la independencia de su pueblo, colonizado por los ingleses y subordinado a sus leyes hasta su magnicidio.

El 30 de enero de 1948, Gandhi murió asesinado en Nueva Delhi (en el Estado Independiente de la Unión de la India), poco después de que los ingleses dejaran de gobernar en su tierra natal y dos años antes de que India se constituyese como el estado que había soñado. Albert Einstein se expresó tras su muerte y dijo “a las generaciones venideras les costará creer que un hombre así, de carne y hueso, caminara una vez sobre la Tierra.

Acabamos este pequeño homenaje a Gandhi con catorce frases atribuidas a esta increíble figura del siglo XX que nos enseñarán a ver el mundo desde un prisma pacífico y, por ende, más bello y honesto:

“Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”.

“La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia”.

“La verdad es el objetivo; el amor, el medio para llegar a ella”.

“El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el mundo”.

“Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia”.

“Humildemente me esforzaré en amar, en decir la verdad, en ser honesto y puro, en no poseer nada que no me sea necesario, en ganarme el sueldo con el trabajo, en estar atento siempre a lo que como y bebo, en no tener nunca miedo, en respetar las creencias de los demás, en buscar siempre lo mejor para todos, en ser un hermano para todos mis hermanos”.

“La honestidad es incompatible con amasar una fortuna”.

“La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores”.

“La verdad jamás daña a una causa que es justa”.

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”.

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo”.

“Vive más sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir”.

“Siempre ha sido un misterio para mí cómo puede haber hombres que se sientan honrados con la humillación de sus semejantes”.

“La no violencia ha de ser la única bandera de combate entre los ejércitos humanos. Ella prevalecerá”.


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