La tasa rosa: si eres mujer, pagas más (y no lo sabes)

Un pequeño experimento sobre la llamada “tasa rosa” nos deja unos resultados impresionantes.

En un artículo muy interesante de la sección Papel, de El Mundo, nos muestra esa diferencia de dinero que desembolsan las mujeres por los mismos productos que los hombres también adquieren.

Veamos un pequeño resumen para ponernos en situación y, a continuación, haremos una pequeña reflexión sobre el tema:

El coste de ‘tasa rosa’

Lavar en la tintorería una camisa

Hombres: 6,50 euros.

Mujeres: 7,50 euros.

Lavar, cortar y peinar en la peluquería

Hombres: 15 euros.

Mujeres: 36 euros.

Desodorante en spray (200ml.)

Hombres: 2,99 euros.

Mujeres: 3,06 euros.

Perfume ‘premium’ (por 100ml.)

Hombres: 58,6 euros.

Mujeres: 101,9 euros.

Maquinilla de afeitar desechable

Hombres: 0,49 euros.

Mujeres: 0,70 euros.

Pantalones vaqueros

Hombres: 24,99 euros.

Mujeres: 39,99 euros.

*Productos de la misma marca y categoría.

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Y aquí, un breve texto de la primera parada que hace una pareja que se dispone a hacer la compra:

“El recorrido empieza en el súper del barrio. Primera parada, sección de droguería. No es fácil encontrar productos comparables, así que van al ejemplo más paradigmático: las cuchillas de afeitar. Buscan las más sencillas, que en apariencia sólo se diferencian por el color. Las de hombre, azules, cuestan 7,50 euros el paquete de 15 unidades; en rosa se venden de cinco en cinco por 3,49. Es decir, las femeninas salen a 0,70 la unidad, las masculinas a 0,49. La diferencia se repite también en otros productos, como las cremas y los champús, aunque les lleva un rato compararlo porque están en pasillos diferentes. «Serán mas baratas porque se fabrican muchas más cuchillas para hombre», sugiere él. «¿Entonces por qué son también más caras las cremas antiarrugas de mujer?», replica ella. Él se queda pensando mientras comprueba el estante de los desodorantes. El spray efecto antiestrés de 200 ml. cuesta 2,99 euros para él y 3,06 para ella. Y la diferencia se repite en toda la gama de roll-on (1,97 for men, 1,95 euros el tapón rosa). «¿Será que me estreso yo más que tú?», dice ella con sorna. Y apunta los precios”.

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Sí, esos céntimos de más que las mujeres pagamos por los mismos productos son conocidos como la “tasa rosa”. Una especie de impuesto revolucionario, que le supone unos 1276 euros al año a cada mujer estadounidense (1400 dólares).

De momento, no disponemos de tales estadísticas en Europa, pero la asociación francesa Georgette Sand está dispuesta a desenmascarar esta práctica que se encuentra en los supermercados, animando a los consumidores a que contribuyan con sus fotos de denuncia con el hashtag #womantax.

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Georgette Sand reunió 50.000 firmas y la Asamble francesa ya está investigando el caso. Antes de final de año, el Gobierno publicará las conclusiones de la investigación. Veremos el alcance que toma en España.

¿Cuál es la respuesta de la industria implicada?

De acuerdo con el fabricante de Gillete, puede tener sentido que haya diferentes precios: «Las soluciones de afeitado dirigidas a cubrir las necesidades de las mujeres son muy diferentes a las de los hombres», «Mientras que hay elementos comunes en cuanto a la tecnología que se utiliza en la producción y diseño de estos productos, las piezas alrededor de las cuchillas y las máquinas de afeitar son diferentes».

Sin embargo, la empresa aclara que el precio de venta al público es potestad de cada distribuidor. De hecho, dependiendo del supermercado, esa diferencia varía y a veces ni la hay.

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La tasa rosa responde a las leyes del mercado: si la mujer está dispuesta a pagar más que el hombre por el mismo producto, las marcas se encargarán de que lo haga.

«No se las discrimina por ser mujeres, sino por no estar pendientes del precio. Cuando un colectivo está dispuesto a pagar más por algo, la industria lo aprovecha», explica Javier Vello, de la consultora PwC. «Si un hombre gasta menos en su higiene personal, para convencerle de que te compre tienes que cobrarle más barato. Es la ley de oferta y demanda». Y añade: «Cuando un tipo de consumidor está dispuesto a pagar más, se le cobra más. Es lícito que cualquier fabricante fije los márgenes que quiera. Y luego los clientes elijan libremente si comprar o no».

Pero si los productos se separasen por tipología, en vez de por género, los consumidores podrían entonces comparar y decidir por ellos mismos qué producto quieren comprar y si desean asumir esa “tasa rosa”.

¿Ley de mercado o puro machismo? Aquí entraría el eterno debate en relación, por ejemplo, a la entrada de las discotecas, tal vez sea el mismo principio, pero al revés. La clara ley de oferta y demanda hace que los empresarios utilicen a las mujeres como reclamo para incitar a los hombres a entrar en dichos lugares, lo que justifica desde un punto de vista meramente económico (e inadecuado totalmente), que a nosotras nos salga gratis en muchos sitios y vosotros tengáis que pagar una determinada cantidad.

Por lo tanto, la cuestión no es tanto el pagar más que los hombres, sino la situación de discriminación contra la mujer que supone hacerlo.

Y vosotros/as, ¿qué opináis? ¿Simple ley de mercado o abierta discriminación de género?

Nos encantará saber vuestra opinión para enriquecer el debate.

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