Los derechos de la mujer parece que cada día son menores. El mundo parece lanzado en su apuesta hacia el uso de la violencia. Esta misma semana descubríamos que Irán ahorcaba a la mujer que mató a un hombre que intentó violarla y que Rusia quiere que no sea delito pegar a la mujer “una vez al año”.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos, como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, pidieron la cancelación de la sentencia al considerar que el juicio a Yabarí no contó con las garantías necesarias. Pero no fue suficiente.

Ahora, Rusia parece sumarse a los países más radicales no sólo contra los homosexuales o la libertad de expresión, sino también contra mujeres y niños.

La idea es aterradoramente sencilla: despenalizar los malos tratos.

El Parlamento ruso aprobó hace tan sólo unos días, una propuesta para que la violencia de género deje de juzgarse por el código penal y se considere sólo un “delito civil”, que se pagaría con una multa de 500 euros, un arresto de 10 o 15 días o hasta 120 horas de trabajo social.

Los maridos que maltraten físicamente a sus mujeres sólo irán a prisión si lo hacen “más de una vez al año”.

Detrás de esta iniciativa está una mujer: la conocida diputada Elena Mizulina, presidenta del Comité sobre Familia, Mujer y Asuntos infantiles y es también impulsora de la normativa que penaliza la “propaganda gay.

La propuesta de rebajar las penas para el maltrato es una reacción de los diputados más conservadores a la decisión adoptada en junio por el Gobierno ruso de considerar la violencia doméstica como equivalente a los “delitos de odio”.

¿A qué se debe esto? A que para la diputada del partido Rusia Justa, que un hombre vaya a la cárcel por haber agredido a su esposa durante una discusión es algo que “va contra la familia”.

Y no es un asunto menor. Si se estaba intentando frenar y equiparar la violencia doméstica a los delitos de odio es porque en Rusia el 40% de los crímenes violentos se producen dentro de la familia. Los hogares se han transformado en un lugar inseguro y peligroso.

La iglesia ortodoxa rusa considera que el uso de la violencia física “es un derecho esencial dado por Dios a los padres”.

Pero para la Iglesia ortodoxa rusa, cada día con más influencia en la política, es una buena noticia esta iniciativa porque cree que es perdonable cualquier castigo corporal si se consideran razonables los motivos del maltrato. Especialmente si estos se cometen desde el amor porque este uso de la violencia física “es un derecho esencial dado por Dios a los padres”.