muhimu.es

La vida no es un juego de azar. No es un casino donde invertir tus días. Es una obra de arte para contemplar y crear. Siente, ama, crea.

Cuando la medicina toma al hombre como “norma”: una forma objetiva de protección estructural

Merece ser compartido:

Cuando se habla de patriarcado como “protección” para los hombres, no se trata de una protección afectiva o moral, sino de algo más medible: durante décadas, gran parte de la investigación biomédica, la docencia clínica y las guías se construyeron usando al varón adulto como modelo implícito. Eso hace que, estadísticamente, el sistema sanitario esté mejor calibrado para reconocer, tratar y dosificar en cuerpos masculinos, y que el margen de incertidumbre (y el riesgo) recaiga más a menudo en las mujeres.

1) Infarto: el “síntoma típico” enseñado encaja mejor con varones

En infarto, el dolor torácico es frecuente en ambos sexos, pero en mujeres es relativamente más común que aparezcan (además o a veces en lugar del dolor central “clásico”) síntomas como disnea, náuseas/vómitos, dolor en mandíbula o espalda alta, palpitaciones, fatiga intensa o malestar epigástrico. Cuando la formación clínica y los mensajes de salud pública han enfatizado sobre todo el patrón “clásico”, la sospecha diagnóstica se activa antes en el perfil masculino. El resultado práctico es una ventaja de reconocimiento: a igualdad de gravedad, es más probable que el sistema “vea” antes un infarto en un hombre.

2) “Síndrome de Yentl”: pruebas y procedimientos condicionados por parecerse al patrón masculino

El concepto de “síndrome de Yentl” se formuló para describir que las mujeres con cardiopatía isquémica han recibido históricamente menos pruebas invasivas o procedimientos —o más tarde— cuando no encajan en la presentación considerada estándar. La idea central es simple y verificable: si el estándar clínico se basó en el patrón masculino, quienes se apartan de ese patrón pagan un peaje de incredulidad, retraso o infratratamiento.

3) Ensayos cardiovasculares: menos mujeres, evidencia menos generalizable

Una pieza estructural clave es la infrarrepresentación femenina en ensayos clínicos cardiovasculares. Revisiones recientes que analizan grandes conjuntos de ensayos (registrados en los últimos años) muestran que, según el área (p. ej., síndrome coronario agudo, enfermedad coronaria, ictus), la proporción de mujeres suele ser inferior a la carga real de enfermedad. Esto “protege” a los hombres en un sentido técnico: el cálculo de eficacia y seguridad (y la definición de “paciente promedio”) se apoya más en datos masculinos, y por tanto las recomendaciones suelen ajustar mejor a su fisiología.

4) Dosis de fármacos: el ejemplo zolpidem y el problema del “talla única”

Un caso emblemático de sesgo en dosificación fue zolpidem: la FDA exigió reducir la dosis inicial recomendada para mujeres porque presentaban mayor riesgo de somnolencia e impairment a la mañana siguiente (concentraciones residuales más altas). El punto no es solo ese fármaco: ilustra cómo una pauta “universal” puede estar, en la práctica, calibrada para un cuerpo masculino medio y penalizar a quien metaboliza distinto.

5) Reacciones adversas: más señal en mujeres, con matices importantes

Diversos análisis y revisiones han informado mayor frecuencia de reacciones adversas a medicamentos en mujeres. Sin embargo, hay trabajos recientes que señalan que parte de esa diferencia puede reducirse al ajustar por exposición, dosis, comorbilidades y otros factores, y que también puede haber sesgos de notificación. Lo relevante para el argumento “objetivo” es que existen diferencias sexuales en farmacocinética y farmacodinámica documentadas, y que cuando el diseño de ensayos, las dosis y los análisis no incorporan adecuadamente esas diferencias, el riesgo de daño por “dosis estándar” tiende a repartirse de forma desigual.

6) Investigación preclínica: más machos en animales/células, más conocimiento “masculino”

Antes de llegar a personas, muchas hipótesis y mecanismos se prueban en modelos animales o celulares. Históricamente, se han usado más machos que hembras en múltiples campos, lo que sesga qué mecanismos se descubren primero y cuáles se ignoran. En parte por esto, el NIH consolidó la exigencia de considerar el sexo como variable biológica en el diseño, análisis y reporte (o justificar con fuerza por qué no). Es una corrección institucional a un sesgo previo: si el conocimiento base es masculino, la traslación clínica también tenderá a serlo.

7) Embarazo y lactancia: exclusión sistemática y vacío de evidencia

Una de las asimetrías más claras es la exclusión histórica de embarazadas y lactantes de ensayos clínicos. Análisis recientes de grandes volúmenes de ensayos muestran porcentajes muy bajos de inclusión (del orden de alrededor del 1% o menos, según el conjunto y el sistema analizado). La consecuencia es directa: más incertidumbre terapéutica cuando una mujer está embarazada o lactando (seguridad, dosis, eficacia), y más decisiones “a ciegas” o con fármacos antiguos por falta de datos. En 2025, reguladores europeos impulsaron guías específicas (ICH E21) precisamente para revertir este vacío bajo un “principio de inclusión” con evaluación rigurosa de riesgos y beneficios.

Conclusión: una protección técnica, no simbólica

En conjunto, estos ejemplos describen una protección estructural para los hombres: más probabilidad de encajar con el caso “típico” aprendido, más evidencia disponible para guiar decisiones, y más calibración de dosis y umbrales clínicos a su fisiología. El reverso es que las mujeres han cargado con más incertidumbre diagnóstica y terapéutica, y con correcciones tardías cuando el sistema descubre que lo “universal” no lo era.

Referencias (selección, sin enlaces)

  1. Healy B. The Yentl Syndrome. N Engl J Med. 1991.
  2. Jurgens CY, et al. Symptoms and cardiovascular disease; diferencias por sexo/género. Circulation. 2022.
  3. FDA. Risk of next-morning impairment after zolpidem; lower recommended doses for women. Drug Safety Communication. 2013 (y actualizaciones posteriores).
  4. Rivera FB, et al. Participation of women in cardiovascular trials (2017–2023). JAMA Network Open / repositorio PMC. 2025.
  5. NIH Office of Research on Women’s Health. Sex as a Biological Variable (SABV): expectation in design/analysis/reporting. (Política NIH, vigente).
  6. Manfrin A, et al. Inclusión de embarazadas y lactantes en ensayos; análisis de miles de ensayos. Br J Clin Pharmacol. 2025.
  7. EMA/ICH. ICH E21 Guideline on inclusion of pregnant and breastfeeding individuals in clinical trials. 2025.

Merece ser compartido: