El anarquismo queer —también conocido como anarco-queer o anarquismo LGBTI— es una corriente del pensamiento anarquista que vincula la lucha por la liberación sexual y de género con la crítica radical al poder, al Estado, al patriarcado y al capitalismo. Desde esta perspectiva, la emancipación queer no puede alcanzarse plenamente sin una transformación social profunda que elimine todas las jerarquías y formas de dominación.
El anarquismo queer se opone a la heteronormatividad, la bifobia, la transfobia, la homofobia, la lesbofobia y la imposición del binarismo de género, entendiendo que las estructuras que sostienen estas violencias —familia patriarcal, religión, Estado y propiedad privada— son también las que oprimen a las clases trabajadoras y a otros grupos subalternos.

Orígenes y pioneros
Desde finales del siglo XIX, algunos pensadores y activistas anarquistas abordaron abiertamente la diversidad sexual y de género, defendiendo la libertad individual como base de toda ética social.
Entre los pioneros destaca el alemán John Henry Mackay, anarquista individualista y defensor de los derechos homosexuales, influido por las ideas de Max Stirner. Junto a él, Adolf Brand, fundador de la revista Der Eigene (1896–1932), creó la primera publicación homosexual del mundo, donde se difundían textos sobre amor libre, estética y autonomía personal, en una época en que la homosexualidad era criminalizada.
Oscar Wilde, aunque no se identificó como anarquista de manera formal, defendió en El alma del hombre bajo el socialismo (1891) una sociedad igualitaria que protegiera la individualidad frente al autoritarismo. Su vida y persecución inspiraron a muchos pensadores anarquistas posteriores.
En el ámbito estadounidense, Emma Goldman fue una de las primeras figuras públicas en defender el derecho de las personas homosexuales a amar libremente. En sus discursos y cartas denunció el estigma y la hipocresía moral de su tiempo, sosteniendo que la revolución social debía incluir la liberación sexual como parte de la emancipación humana.
En España, Lucía Sánchez Saornil, poeta ultraísta y cofundadora de Mujeres Libres, fue una de las primeras mujeres lesbianas visibles dentro del anarquismo. Bajo seudónimo masculino exploró el deseo femenino en su poesía y luchó por una revolución que emancipara tanto a las mujeres como a la clase obrera.
El siglo XX: disidencias en la izquierda
Durante buena parte del siglo XX, la izquierda revolucionaria mostró resistencias hacia las disidencias sexuales, considerando la homosexualidad como una desviación burguesa o un asunto privado. En ese contexto, figuras como Daniel Guérin, pensador francés bisexual, denunciaron la homofobia de los movimientos marxistas y anarquistas. Guérin defendió una síntesis entre anarquismo y socialismo libertario, articulando la lucha sexual con la lucha de clases. Décadas después, sería considerado “el abuelo del movimiento homosexual francés”.
En Estados Unidos, el pensador y activista Paul Goodman (1911–1972) fue otro referente. Su ensayo Being Queer reivindicó la bisexualidad y la no conformidad como formas de resistencia frente a la cultura represiva. Su visibilidad pública impulsó el movimiento de liberación gay en los años 70.
El anarquismo queer contemporáneo
A partir de los años 80 y 90, el anarco-queer resurge vinculado a movimientos culturales y políticos como el queercore, una escena punk que rechazaba el asimilacionismo y celebraba la identidad queer desde la rebeldía y la autonomía. Revistas, colectivos y bandas punk queer incorporaron la crítica anarquista al capitalismo, la policía y la homonormatividad.
En Reino Unido, colectivos como Queer Mutiny organizaron espacios de autogestión, acción directa y vida comunitaria no jerárquica. En Estados Unidos, Bash Back! y Queer Fist llevaron las prácticas anarquistas a las protestas callejeras, con una postura anticapitalista, antiautoritaria y transfeminista.
En América Latina, colectivos como Mujeres Creando (Bolivia) y espacios como Eskalera Karakola (España) han integrado la crítica queer con el feminismo anarquista, visibilizando el papel de las mujeres lesbianas, bisexuales y trans en la resistencia social.
En Suecia, el grupo Fag Army —de inspiración anarquista y queer— se hizo conocido en 2014 tras lanzar una tarta al ministro de Salud Göran Hägglund en protesta por su política conservadora, usando el humor como herramienta política.
Pensar lo queer desde el anarquismo
El anarquismo queer entiende que la opresión sexual y de género no puede analizarse aisladamente: está entrelazada con la economía, la religión, el racismo, el capacitismo y el autoritarismo. Por ello, rechaza tanto las instituciones estatales como las estrategias de integración que buscan la aceptación dentro del sistema —por ejemplo, el matrimonio igualitario o la militarización de las marchas del orgullo— si no cuestionan las estructuras de poder que los sostienen.
Más que pedir tolerancia, el anarquismo queer propone transformar radicalmente la sociedad: abolir las jerarquías, crear redes de apoyo mutuo, y construir comunidades donde las identidades sean libres, cambiantes y no sujetas al control del Estado o del mercado.
El anarquismo queer es, ante todo, una invitación a pensar la libertad de manera integral: política, económica, afectiva y corporal. Heredero del espíritu rebelde de Emma Goldman, Lucía Sánchez Saornil o Daniel Guérin, su mensaje sigue vigente: no puede haber revolución sin liberación sexual, ni liberación sexual sin revolución social.
El anarquismo queer en España y América Latina: historia, pensamiento y activismo
El anarquismo queer —también conocido como anarco-queer o anarquismo LGBTI— es una corriente política que vincula el pensamiento anarquista con la crítica a la heteronormatividad, el patriarcado y las estructuras de poder que regulan el cuerpo y el deseo. Aunque sus raíces filosóficas pueden rastrearse en los debates sobre amor libre del anarquismo clásico, su formulación como identidad política autónoma es reciente, vinculada a los movimientos queer y transfeministas surgidos a finales del siglo XX.
En los contextos español y latinoamericano, el anarquismo queer no constituye un bloque unificado ni una tradición continua, sino una convergencia entre militancias libertarias y activismos disidentes que se ha expresado en momentos y lugares diversos.
1. Antecedentes históricos: del amor libre al anarquismo sexual
En España, las primeras referencias a la sexualidad en el anarquismo se remontan a finales del siglo XIX, cuando publicaciones libertarias abordaron la educación sexual, la crítica al matrimonio y la defensa del amor libre. Sin embargo, la homosexualidad rara vez fue tratada de manera explícita.
Una excepción fue Lucía Sánchez Saornil, poeta y militante anarquista, fundadora de Mujeres Libres (1936). Aunque no existe evidencia de un discurso teórico queer, su vida y obra expresan una forma de resistencia ante la moral sexual dominante. En sus poemas —publicados a menudo bajo seudónimo masculino— abordó el deseo lésbico y la identidad femenina autónoma, en un contexto profundamente represivo.
Durante la Guerra Civil, Mujeres Libres impulsó la emancipación femenina dentro del movimiento obrero anarquista, pero el tema de las disidencias sexuales quedó marginado incluso en los espacios libertarios. En una revista anarquista de 1935 se llegó a afirmar que “un anarquista auténtico no puede ser homosexual”, muestra de que el movimiento no estuvo exento de homofobia estructural.
En América Latina, el pensamiento anarquista temprano —vinculado a sindicatos, mutuales y escuelas racionalistas— también defendió el libre pensamiento y la autonomía moral, pero sin una articulación concreta de las disidencias sexuales. Las referencias a la homosexualidad fueron escasas y casi siempre periféricas.
2. Resurgimiento contemporáneo: de los años 80 al movimiento queer
El vínculo entre anarquismo y disidencia sexual reaparece en los años 80 y 90, con el auge del movimiento queer, el transfeminismo y el activismo autónomo en respuesta al VIH/SIDA y al neoliberalismo. En estos años, colectivos LGBT radicales comenzaron a rechazar el asimilacionismo (matrimonio, políticas de identidad domesticadas) y a reivindicar la acción directa, la autogestión y la horizontalidad: principios coincidentes con el anarquismo.
En España, durante los años 90 y 2000, surgieron colectivos como Mujeres Preokupando, La Eskalera Karakola, Las Nadie, o Colectivo Autonomía y Cuidados, que articularon anarquismo, feminismo y disidencia sexual. Estos espacios no se definían necesariamente como “anarco-queer”, pero encarnaban esa intersección. Más tarde, la escena queer punk, ligada al do-it-yourself, consolidó un lenguaje libertario, anticapitalista y transfeminista.
En América Latina, las expresiones anarco-queer se desarrollaron de forma heterogénea. Algunos ejemplos:
- Mujeres Creando (Bolivia), fundado en 1992 por María Galindo y Julieta Paredes, fusionó anarquismo, feminismo y crítica poscolonial. Aunque no se autodenominan “queer”, su práctica de “anarquismo cotidiano” —desobediencia civil, arte callejero, autogestión— comparte principios anarcofeministas y una defensa abierta de la libertad sexual.
- En Argentina, colectivos como Yeguada Latinoamericana, Hijas del Fuego o espacios autogestionados en Buenos Aires y Rosario articularon sexualidad, performance y crítica anticapitalista.
- En Chile y México, surgieron grupos vinculados al punk queer y al feminismo autónomo, que retomaron la estética y la práctica del anarquismo clásico (asambleas, okupas, redes de apoyo mutuo).
- En Colombia, Kuirbogotá ha sido uno de los núcleos de articulación entre arte, militancia queer y crítica antiautoritaria, aunque más influido por el pensamiento poscolonial que por el anarquismo histórico.
Estas experiencias, aunque dispersas, comparten una crítica al capitalismo, al Estado y a las instituciones patriarcales, así como una reivindicación del cuerpo como espacio político y del deseo como fuerza transformadora.
3. Pensamiento teórico y praxis política
El anarquismo queer latino y español se caracteriza más por su praxis que por su canon teórico. Sus referentes provienen tanto de la tradición anarquista como de la teoría queer, el feminismo autónomo y la filosofía decolonial.
Entre sus aportes conceptuales más relevantes se encuentran:
- La desobediencia sexual como forma de acción directa: el cuerpo como espacio de resistencia contra el poder.
- La crítica a la homonormatividad, es decir, a la adaptación del movimiento LGBT a la lógica neoliberal.
- La autogestión de los cuidados y la comunidad como alternativa al Estado y al mercado.
- La relectura de la anarquía desde el sur global, integrando la colonialidad del poder y del género (influencia de Yuderkys Espinosa, Rita Segato, Sayak Valencia).
- La anarquía cuir, concepto que reapropia lo queer desde un lenguaje descolonial y popular, con humor, deseo y cuerpo político.
4. Situación actual
En la actualidad, el anarquismo queer en el ámbito hispano se expresa a través de espacios autónomos, ferias transfeministas, colectivos de arte político y okupas. En España, su influencia es visible en proyectos como el Orgullo Crítico de Madrid, que rechaza la mercantilización de las marchas del orgullo y promueve un discurso anticapitalista y transfeminista.
En América Latina, el anarco-queer se mantiene en redes pequeñas pero activas, vinculadas a centros sociales, festivales punk, talleres de autodefensa, colectivos trans y espacios artísticos de resistencia. No es un movimiento formal, sino una corriente discontinua de pensamiento y acción que se adapta a los contextos locales.
5. Conclusión
El anarquismo queer en España y América Latina no es una doctrina establecida, sino un cruce entre prácticas libertarias, feminismos disidentes y luchas contra la colonialidad del poder. Su rigor histórico se encuentra más en la práctica que en los manifiestos: en la defensa de la autonomía, la autogestión, la desobediencia corporal y la crítica a toda forma de autoridad.
Desde Lucía Sánchez Saornil hasta Mujeres Creando, desde los espacios okupas de Madrid hasta los colectivos cuir de Buenos Aires y La Paz, el anarquismo queer latino y español sigue recordando que no hay revolución posible sin libertad sexual, ni libertad sexual sin justicia social.
