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Anarquismo queer: la disidencia como revolución

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Actualizado el domingo, 16 agosto, 2026

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El anarquismo queer —también conocido como anarco-queer o anarquismo LGBTI— es una corriente del pensamiento anarquista que vincula la lucha por la liberación sexual y de género con la crítica radical al poder, al Estado, al patriarcado y al capitalismo. Desde esta perspectiva, la emancipación queer no puede alcanzarse plenamente sin una transformación social profunda que elimine todas las jerarquías y formas de dominación.

El anarquismo queer se opone a la heteronormatividad, la bifobia, la transfobia, la homofobia, la lesbofobia y la imposición del binarismo de género, entendiendo que las estructuras que sostienen estas violencias —familia patriarcal, religión, Estado y propiedad privada— son también las que oprimen a las clases trabajadoras y a otros grupos subalternos.

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Orígenes y pioneros

Desde finales del siglo XIX, algunos pensadores y activistas anarquistas abordaron abiertamente la diversidad sexual y de género, defendiendo la libertad individual como base de toda ética social.

Entre los pioneros destaca el alemán John Henry Mackay, anarquista individualista y defensor de los derechos homosexuales, influido por las ideas de Max Stirner. Junto a él, Adolf Brand, fundador de la revista Der Eigene (1896–1932), creó la primera publicación homosexual del mundo, donde se difundían textos sobre amor libre, estética y autonomía personal, en una época en que la homosexualidad era criminalizada.

Oscar Wilde, aunque no se identificó como anarquista de manera formal, defendió en El alma del hombre bajo el socialismo (1891) una sociedad igualitaria que protegiera la individualidad frente al autoritarismo. Su vida y persecución inspiraron a muchos pensadores anarquistas posteriores.

En el ámbito estadounidense, Emma Goldman fue una de las primeras figuras públicas en defender el derecho de las personas homosexuales a amar libremente. En sus discursos y cartas denunció el estigma y la hipocresía moral de su tiempo, sosteniendo que la revolución social debía incluir la liberación sexual como parte de la emancipación humana.

En España, Lucía Sánchez Saornil, poeta ultraísta y cofundadora de Mujeres Libres, fue una de las primeras mujeres lesbianas visibles dentro del anarquismo. Bajo seudónimo masculino exploró el deseo femenino en su poesía y luchó por una revolución que emancipara tanto a las mujeres como a la clase obrera.


El siglo XX: disidencias en la izquierda

Durante buena parte del siglo XX, la izquierda revolucionaria mostró resistencias hacia las disidencias sexuales, considerando la homosexualidad como una desviación burguesa o un asunto privado. En ese contexto, figuras como Daniel Guérin, pensador francés bisexual, denunciaron la homofobia de los movimientos marxistas y anarquistas. Guérin defendió una síntesis entre anarquismo y socialismo libertario, articulando la lucha sexual con la lucha de clases. Décadas después, sería considerado “el abuelo del movimiento homosexual francés”.

En Estados Unidos, el pensador y activista Paul Goodman (1911–1972) fue otro referente. Su ensayo Being Queer reivindicó la bisexualidad y la no conformidad como formas de resistencia frente a la cultura represiva. Su visibilidad pública impulsó el movimiento de liberación gay en los años 70.


El anarquismo queer contemporáneo

A partir de los años 80 y 90, el anarco-queer resurge vinculado a movimientos culturales y políticos como el queercore, una escena punk que rechazaba el asimilacionismo y celebraba la identidad queer desde la rebeldía y la autonomía. Revistas, colectivos y bandas punk queer incorporaron la crítica anarquista al capitalismo, la policía y la homonormatividad.

En Reino Unido, colectivos como Queer Mutiny organizaron espacios de autogestión, acción directa y vida comunitaria no jerárquica. En Estados Unidos, Bash Back! y Queer Fist llevaron las prácticas anarquistas a las protestas callejeras, con una postura anticapitalista, antiautoritaria y transfeminista.

En América Latina, colectivos como Mujeres Creando (Bolivia) y espacios como Eskalera Karakola (España) han integrado la crítica queer con el feminismo anarquista, visibilizando el papel de las mujeres lesbianas, bisexuales y trans en la resistencia social.

En Suecia, el grupo Fag Army —de inspiración anarquista y queer— se hizo conocido en 2014 tras lanzar una tarta al ministro de Salud Göran Hägglund en protesta por su política conservadora, usando el humor como herramienta política.


Pensar lo queer desde el anarquismo

El anarquismo queer entiende que la opresión sexual y de género no puede analizarse aisladamente: está entrelazada con la economía, la religión, el racismo, el capacitismo y el autoritarismo. Por ello, rechaza tanto las instituciones estatales como las estrategias de integración que buscan la aceptación dentro del sistema —por ejemplo, el matrimonio igualitario o la militarización de las marchas del orgullo— si no cuestionan las estructuras de poder que los sostienen.

Más que pedir tolerancia, el anarquismo queer propone transformar radicalmente la sociedad: abolir las jerarquías, crear redes de apoyo mutuo, y construir comunidades donde las identidades sean libres, cambiantes y no sujetas al control del Estado o del mercado.


El anarquismo queer es, ante todo, una invitación a pensar la libertad de manera integral: política, económica, afectiva y corporal. Heredero del espíritu rebelde de Emma Goldman, Lucía Sánchez Saornil o Daniel Guérin, su mensaje sigue vigente: no puede haber revolución sin liberación sexual, ni liberación sexual sin revolución social.

El anarquismo queer en España y América Latina: historia, pensamiento y activismo

El anarquismo queer —también conocido como anarco-queer o anarquismo LGBTI— es una corriente política que vincula el pensamiento anarquista con la crítica a la heteronormatividad, el patriarcado y las estructuras de poder que regulan el cuerpo y el deseo. Aunque sus raíces filosóficas pueden rastrearse en los debates sobre amor libre del anarquismo clásico, su formulación como identidad política autónoma es reciente, vinculada a los movimientos queer y transfeministas surgidos a finales del siglo XX.

En los contextos español y latinoamericano, el anarquismo queer no constituye un bloque unificado ni una tradición continua, sino una convergencia entre militancias libertarias y activismos disidentes que se ha expresado en momentos y lugares diversos.


1. Antecedentes históricos: del amor libre al anarquismo sexual

En España, las primeras referencias a la sexualidad en el anarquismo se remontan a finales del siglo XIX, cuando publicaciones libertarias abordaron la educación sexual, la crítica al matrimonio y la defensa del amor libre. Sin embargo, la homosexualidad rara vez fue tratada de manera explícita.

Una excepción fue Lucía Sánchez Saornil, poeta y militante anarquista, fundadora de Mujeres Libres (1936). Aunque no existe evidencia de un discurso teórico queer, su vida y obra expresan una forma de resistencia ante la moral sexual dominante. En sus poemas —publicados a menudo bajo seudónimo masculino— abordó el deseo lésbico y la identidad femenina autónoma, en un contexto profundamente represivo.

Durante la Guerra Civil, Mujeres Libres impulsó la emancipación femenina dentro del movimiento obrero anarquista, pero el tema de las disidencias sexuales quedó marginado incluso en los espacios libertarios. En una revista anarquista de 1935 se llegó a afirmar que “un anarquista auténtico no puede ser homosexual”, muestra de que el movimiento no estuvo exento de homofobia estructural.

En América Latina, el pensamiento anarquista temprano —vinculado a sindicatos, mutuales y escuelas racionalistas— también defendió el libre pensamiento y la autonomía moral, pero sin una articulación concreta de las disidencias sexuales. Las referencias a la homosexualidad fueron escasas y casi siempre periféricas.


2. Resurgimiento contemporáneo: de los años 80 al movimiento queer

El vínculo entre anarquismo y disidencia sexual reaparece en los años 80 y 90, con el auge del movimiento queer, el transfeminismo y el activismo autónomo en respuesta al VIH/SIDA y al neoliberalismo. En estos años, colectivos LGBT radicales comenzaron a rechazar el asimilacionismo (matrimonio, políticas de identidad domesticadas) y a reivindicar la acción directa, la autogestión y la horizontalidad: principios coincidentes con el anarquismo.

En España, durante los años 90 y 2000, surgieron colectivos como Mujeres Preokupando, La Eskalera Karakola, Las Nadie, o Colectivo Autonomía y Cuidados, que articularon anarquismo, feminismo y disidencia sexual. Estos espacios no se definían necesariamente como “anarco-queer”, pero encarnaban esa intersección. Más tarde, la escena queer punk, ligada al do-it-yourself, consolidó un lenguaje libertario, anticapitalista y transfeminista.

En América Latina, las expresiones anarco-queer se desarrollaron de forma heterogénea. Algunos ejemplos:

  • Mujeres Creando (Bolivia), fundado en 1992 por María Galindo y Julieta Paredes, fusionó anarquismo, feminismo y crítica poscolonial. Aunque no se autodenominan “queer”, su práctica de “anarquismo cotidiano” —desobediencia civil, arte callejero, autogestión— comparte principios anarcofeministas y una defensa abierta de la libertad sexual.
  • En Argentina, colectivos como Yeguada Latinoamericana, Hijas del Fuego o espacios autogestionados en Buenos Aires y Rosario articularon sexualidad, performance y crítica anticapitalista.
  • En Chile y México, surgieron grupos vinculados al punk queer y al feminismo autónomo, que retomaron la estética y la práctica del anarquismo clásico (asambleas, okupas, redes de apoyo mutuo).
  • En Colombia, Kuirbogotá ha sido uno de los núcleos de articulación entre arte, militancia queer y crítica antiautoritaria, aunque más influido por el pensamiento poscolonial que por el anarquismo histórico.

Estas experiencias, aunque dispersas, comparten una crítica al capitalismo, al Estado y a las instituciones patriarcales, así como una reivindicación del cuerpo como espacio político y del deseo como fuerza transformadora.


3. Pensamiento teórico y praxis política

El anarquismo queer latino y español se caracteriza más por su praxis que por su canon teórico. Sus referentes provienen tanto de la tradición anarquista como de la teoría queer, el feminismo autónomo y la filosofía decolonial.

Entre sus aportes conceptuales más relevantes se encuentran:

  • La desobediencia sexual como forma de acción directa: el cuerpo como espacio de resistencia contra el poder.
  • La crítica a la homonormatividad, es decir, a la adaptación del movimiento LGBT a la lógica neoliberal.
  • La autogestión de los cuidados y la comunidad como alternativa al Estado y al mercado.
  • La relectura de la anarquía desde el sur global, integrando la colonialidad del poder y del género (influencia de Yuderkys Espinosa, Rita Segato, Sayak Valencia).
  • La anarquía cuir, concepto que reapropia lo queer desde un lenguaje descolonial y popular, con humor, deseo y cuerpo político.

4. Situación actual

En la actualidad, el anarquismo queer en el ámbito hispano se expresa a través de espacios autónomos, ferias transfeministas, colectivos de arte político y okupas. En España, su influencia es visible en proyectos como el Orgullo Crítico de Madrid, que rechaza la mercantilización de las marchas del orgullo y promueve un discurso anticapitalista y transfeminista.

En América Latina, el anarco-queer se mantiene en redes pequeñas pero activas, vinculadas a centros sociales, festivales punk, talleres de autodefensa, colectivos trans y espacios artísticos de resistencia. No es un movimiento formal, sino una corriente discontinua de pensamiento y acción que se adapta a los contextos locales.


5. Conclusión

El anarquismo queer en España y América Latina no es una doctrina establecida, sino un cruce entre prácticas libertarias, feminismos disidentes y luchas contra la colonialidad del poder. Su rigor histórico se encuentra más en la práctica que en los manifiestos: en la defensa de la autonomía, la autogestión, la desobediencia corporal y la crítica a toda forma de autoridad.

Desde Lucía Sánchez Saornil hasta Mujeres Creando, desde los espacios okupas de Madrid hasta los colectivos cuir de Buenos Aires y La Paz, el anarquismo queer latino y español sigue recordando que no hay revolución posible sin libertad sexual, ni libertad sexual sin justicia social.

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Anarquismo queer: 10 preguntas para entender la disidencia como revolución

¿Qué es el anarquismo queer? ¿Qué relación tiene con el movimiento LGTBIQ+, el feminismo o el anticapitalismo? ¿De dónde surge? ¿Quiénes fueron sus principales referentes? ¿Por qué algunas corrientes queer cuestionan instituciones como el matrimonio, la familia tradicional o incluso determinadas formas de representación política?

El anarquismo queer, también denominado anarco-queer, anarquismo LGTBI o anarquía cuir, se encuentra en la intersección de distintas tradiciones políticas y sociales. Une la crítica anarquista a las jerarquías con el cuestionamiento queer de las normas que determinan cómo deberían ser nuestros cuerpos, nuestras identidades, nuestras relaciones y nuestros deseos.

No se trata simplemente de añadir las reivindicaciones LGTBIQ+ al anarquismo. Su planteamiento es más profundo: propone analizar cómo sexualidad, género, clase social, autoridad, economía, racismo, colonialismo y otras formas de poder pueden estar conectadas.

La literatura contemporánea sobre queer anarchism describe precisamente esta aproximación como un encuentro entre la crítica de las relaciones autoritarias y el cuestionamiento de las normas de género y sexualidad.

Estas son 10 preguntas esenciales para comprender qué significa el anarquismo queer y por qué continúa siendo una corriente relevante dentro de los movimientos sociales contemporáneos.


1. ¿Qué es el anarquismo queer?

El anarquismo queer es una corriente política y social que relaciona la liberación sexual y de género con la crítica anarquista de las jerarquías y las estructuras de dominación.

Parte de una idea fundamental: una persona difícilmente puede considerarse completamente libre si determinados aspectos de su identidad, su cuerpo, sus relaciones o su sexualidad están regulados por instituciones que establecen qué comportamientos son considerados normales, legítimos o aceptables.

Por eso, el anarquismo queer suele cuestionar fenómenos como:

  • la heteronormatividad;
  • la homofobia;
  • la lesbofobia;
  • la bifobia;
  • la transfobia;
  • la imposición rígida del género binario;
  • el patriarcado;
  • determinadas estructuras familiares jerárquicas;
  • el autoritarismo;
  • las desigualdades económicas;
  • la discriminación institucional.

El texto de partida lo resume vinculando explícitamente la liberación sexual y de género con una crítica al Estado, el patriarcado, el capitalismo y otras estructuras de poder.

Sin embargo, conviene entender algo importante: no existe una única doctrina anarco-queer.

El anarquismo queer funciona más como una convergencia de ideas, movimientos y prácticas que como una ideología con un manifiesto único.

Su pregunta central podría resumirse así:

¿Qué ocurriría si aplicáramos la crítica anarquista de las jerarquías también al género, la sexualidad, la pareja, la familia y el cuerpo?

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2. ¿Qué significa exactamente la palabra “queer”?

La palabra queer tiene una historia compleja.

En inglés fue utilizada durante mucho tiempo como insulto contra personas cuya orientación sexual o expresión de género escapaba de las normas dominantes. Posteriormente, sectores del movimiento LGTBIQ+ comenzaron a reapropiarse del término.

Hoy puede utilizarse como identidad, pero también como concepto político y académico.

Desde la teoría queer, lo importante no es únicamente defender determinadas identidades sexuales, sino también preguntarse cómo se construyen las categorías que consideramos normales.

Por eso queer no equivale simplemente a gay, lesbiana, bisexual o trans.

En determinados contextos, implica cuestionar la propia necesidad de organizar a las personas dentro de categorías sexuales y de género extremadamente rígidas. La literatura académica subraya precisamente este carácter crítico del término: queer puede funcionar como desafío a las fronteras identitarias y a las normas dominantes sobre género y sexualidad.

Cuando esta perspectiva se combina con el anarquismo aparece una pregunta adicional:

¿Quién tiene poder para decidir qué cuerpos, deseos, identidades y relaciones son considerados normales?

Ahí comienza buena parte del pensamiento anarco-queer.

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3. ¿Cuándo nació el anarquismo queer?

El término anarquismo queer es relativamente reciente, pero existen antecedentes mucho más antiguos.

Sus raíces pueden encontrarse en los debates anarquistas del siglo XIX y principios del XX sobre:

  • amor libre;
  • matrimonio;
  • emancipación femenina;
  • autonomía individual;
  • sexualidad;
  • moral religiosa;
  • control estatal sobre la vida privada.

A finales del siglo XIX aparecieron figuras que conectaron, de distintas maneras, pensamiento libertario y libertad sexual.

Entre ellas se encuentran John Henry Mackay y Adolf Brand. Brand comenzó a publicar en Berlín en 1896 Der Eigene, generalmente considerada la primera revista dirigida específicamente a un público homosexual. Su entorno intelectual estuvo además relacionado con el individualismo de Max Stirner.

Otra figura fundamental fue Emma Goldman, que defendió el amor libre y denunció el control social ejercido sobre la sexualidad y las relaciones personales. Sus escritos y conferencias abordaron cuestiones como el matrimonio, la emancipación femenina, el amor libre y la homosexualidad.

En España destaca Lucía Sánchez Saornil, poeta, militante anarquista y una de las fundadoras de Mujeres Libres en 1936. Su figura resulta especialmente relevante para comprender las tensiones entre emancipación femenina, sexualidad y movimiento libertario español.

El texto original sitúa precisamente estos antecedentes entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Pero hablar de estas personas como “anarquistas queer” en sentido contemporáneo sería anacrónico.

El movimiento anarco-queer como identidad política reconocible se desarrollaría mucho más tarde, especialmente desde las décadas de 1980 y 1990.

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4. ¿Quiénes son los principales referentes del anarquismo queer?

No existe una lista oficial de pensadores del anarquismo queer, porque muchos de sus antecedentes vivieron antes incluso de que existiera el concepto contemporáneo de queer.

Sin embargo, varias figuras aparecen constantemente en su genealogía.

Emma Goldman

La anarquista Emma Goldman defendió radicalmente la libertad individual, criticó el matrimonio institucional y habló públicamente sobre homosexualidad y libertad sexual cuando hacerlo resultaba extraordinariamente infrecuente.

Su concepción de la emancipación iba más allá de conseguir derechos políticos: implicaba transformar profundamente las relaciones personales y sociales.

John Henry Mackay

El escritor y anarquista individualista alemán John Henry Mackay estuvo relacionado con las primeras redes de defensa de la homosexualidad en Alemania y con el pensamiento de Max Stirner.

Adolf Brand

Adolf Brand fundó Der Eigene en 1896. La publicación se convirtió en uno de los primeros espacios donde homosexualidad, cultura, individualismo y crítica social podían encontrarse.

Lucía Sánchez Saornil

En España, Lucía Sánchez Saornil fue poeta, militante de la CNT y cofundadora de Mujeres Libres.

Su trayectoria permite observar además una paradoja importante: incluso dentro de movimientos revolucionarios que defendían la libertad podían persistir fuertes prejuicios respecto al género y la homosexualidad.

Los estudios sobre la prensa anarquista española de los años treinta muestran precisamente estas contradicciones entre las aspiraciones emancipatorias del movimiento y determinadas concepciones tradicionales sobre género y sexualidad.

Daniel Guérin

En el siglo XX, el francés Daniel Guérin intentó relacionar revolución social, socialismo libertario y liberación homosexual.

Su importancia procede, entre otras razones, de haber señalado que la homofobia también existía dentro de organizaciones revolucionarias.

La conexión entre sexualidad y lucha política se convirtió así en una cuestión interna para la propia izquierda.

El documento base sitúa a Guérin y Paul Goodman entre los referentes que ayudaron a construir ese puente entre crítica social y disidencia sexual.

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5. ¿Qué relación existe entre anarquismo queer y feminismo?

La relación es muy estrecha, aunque tampoco existe una equivalencia total entre ambos movimientos.

El anarquismo feminista o anarcofeminismo ha señalado históricamente que la abolición de las desigualdades económicas o políticas no garantiza automáticamente la liberación de las mujeres.

Puede desaparecer una determinada estructura política y continuar existiendo:

  • violencia machista;
  • división sexual del trabajo;
  • desigual distribución de los cuidados;
  • control sobre la reproducción;
  • subordinación dentro de las relaciones personales.

El pensamiento queer amplía esta crítica preguntándose también cómo se construyen socialmente las categorías de masculinidad, feminidad, heterosexualidad o normalidad sexual.

De esa convergencia surgen muchas aproximaciones anarco-queer y transfeministas.

La vida cotidiana pasa entonces a considerarse un espacio político.

¿Quién realiza los cuidados?

¿Quién controla la reproducción?

¿Quién puede expresar determinados deseos?

¿Quién determina qué cuerpos son legítimos?

¿Quién establece qué modelos familiares reciben reconocimiento?

Desde esta perspectiva, la revolución no consiste únicamente en cambiar gobiernos o sistemas económicos.

También implica transformar relaciones personales, culturales y afectivas.

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6. ¿Por qué el anarquismo queer critica el capitalismo?

Una parte importante del anarquismo queer considera que capitalismo, género y sexualidad no funcionan como sistemas completamente independientes.

La crítica se dirige especialmente hacia la capacidad del mercado para convertir identidades y movimientos políticos en segmentos comerciales.

Un ejemplo habitual es la transformación de determinadas celebraciones del Orgullo en grandes eventos patrocinados por corporaciones.

Desde posiciones queer radicales se plantea una pregunta:

¿La incorporación de personas LGTBIQ+ al mercado significa necesariamente que hayan desaparecido las estructuras que producen discriminación?

La respuesta anarco-queer suele ser negativa.

Por eso aparece el concepto de homonormatividad: la tendencia a considerar aceptables determinadas identidades LGTBIQ+ siempre que reproduzcan modelos sociales convencionales relacionados con consumo, pareja, propiedad o respetabilidad.

El objetivo no sería simplemente conseguir que algunas personas queer puedan participar en las estructuras existentes, sino analizar críticamente esas propias estructuras.

Este planteamiento explica por qué muchos espacios anarco-queer combinan:

anticapitalismo + transfeminismo + autogestión + apoyo mutuo + crítica de las normas sexuales.

El texto original identifica esta crítica a la homonormatividad y al asimilacionismo como uno de los componentes centrales del movimiento contemporáneo.

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7. ¿El anarquismo queer está en contra del matrimonio?

Aquí es necesario introducir un matiz.

No existe una posición única de todas las personas queer o anarquistas respecto al matrimonio.

La crítica anarco-queer suele dirigirse principalmente hacia el matrimonio como institución regulada por el Estado, no necesariamente hacia el compromiso afectivo entre dos personas.

Desde esta perspectiva se cuestiona que determinados derechos puedan depender del estado civil.

Por ejemplo:

¿Por qué determinados beneficios fiscales, derechos de residencia, herencia, acceso sanitario o reconocimiento familiar deberían depender de que dos personas formalicen una relación determinada?

La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha supuesto una conquista fundamental de igualdad jurídica en numerosos países.

Sin embargo, algunas corrientes queer radicales cuestionan que la emancipación LGTBIQ+ pueda reducirse al acceso a instituciones previamente existentes.

Su pregunta no sería solamente:

“¿Podemos casarnos también?”

Sino:

“¿Por qué determinados derechos dependen de estar casados?”

El documento base recoge precisamente esta tensión entre integración institucional y transformación estructural.

Esta diferencia permite entender uno de los conceptos fundamentales del anarquismo queer: la crítica al asimilacionismo.

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8. ¿Anarquismo queer significa poliamor o rechazo de la pareja monógama?

No.

Anarquismo queer y poliamor no son sinónimos.

Una persona puede identificarse con ideas queer o anarquistas y mantener una relación monógama.

Lo que sí existe dentro de determinadas corrientes anarco-queer es una crítica a la idea de que exista un único modelo legítimo de relación afectiva.

Esto ha generado reflexiones sobre:

  • monogamia;
  • relaciones abiertas;
  • poliamor;
  • amistad;
  • redes comunitarias;
  • familias elegidas;
  • cuidados colectivos;
  • autonomía afectiva.

La pregunta central vuelve a ser la misma:

¿Una relación es válida porque responde a una norma social o porque las personas implicadas la construyen libremente mediante consentimiento y reciprocidad?

Desde posiciones libertarias, el problema no sería necesariamente la monogamia.

El problema aparecería cuando cualquier modelo relacional se transforma en una obligación social incuestionable.

Por eso puede existir una monogamia libremente elegida perfectamente compatible con esta perspectiva.

El objetivo no es sustituir una norma por otra.

Es ampliar la autonomía para decidir cómo establecer vínculos personales.

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9. ¿Existe anarquismo queer en España y América Latina?

Sí, aunque resulta más correcto hablar de redes, colectivos y experiencias diversas que de un movimiento único y organizado internacionalmente.

Anarquismo queer en España

España posee importantes antecedentes históricos relacionados con el anarcofeminismo.

La figura más destacada es Lucía Sánchez Saornil, cofundadora de Mujeres Libres.

Pero la convergencia contemporánea entre feminismo autónomo, movimiento queer y prácticas libertarias se desarrolla especialmente desde finales del siglo XX.

Durante las décadas de 1990 y 2000 aparecieron espacios feministas autónomos, centros sociales, okupaciones y colectivos queer que adoptaron principios como:

  • horizontalidad;
  • autogestión;
  • acción directa;
  • apoyo mutuo;
  • transfeminismo;
  • crítica del capitalismo.

En movimientos como el Orgullo Crítico de Madrid también encontramos una crítica explícita hacia la comercialización del Orgullo y una defensa de planteamientos anticapitalistas y transfeministas.

Anarquismo queer en América Latina

En América Latina el panorama es todavía más heterogéneo.

Una referencia fundamental es Mujeres Creando, surgida en Bolivia en 1992, cuya práctica combina feminismo, acción callejera, crítica social, autogestión y cuestionamiento de las estructuras patriarcales.

En distintos países también han surgido experiencias relacionadas con:

  • punk queer;
  • activismo trans;
  • feminismo autónomo;
  • okupaciones;
  • arte político;
  • performance;
  • autodefensa;
  • espacios comunitarios.

Aquí aparece además otra cuestión fundamental: la crítica decolonial.

Algunos movimientos latinoamericanos utilizan deliberadamente la palabra “cuir” en lugar de queer para reapropiar el concepto desde realidades lingüísticas, históricas y políticas propias.

El texto base describe precisamente el anarco-queer hispano y latinoamericano no como una tradición homogénea, sino como una convergencia entre militancias libertarias, feminismos disidentes y activismos sexuales.

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10. ¿Qué defiende actualmente el anarquismo queer?

Probablemente esta sea la pregunta que mejor permite comprenderlo.

El anarquismo queer contemporáneo no se limita a reivindicar una determinada identidad sexual.

Su objetivo más amplio es cuestionar las jerarquías que condicionan la autonomía humana.

Entre sus principios más recurrentes aparecen:

Autonomía corporal

Cada persona debería disponer del máximo control posible sobre su cuerpo, identidad y sexualidad mientras respete la autonomía de las demás.

Consentimiento

Las relaciones deberían construirse sobre acuerdos libres y no mediante coerción, dependencia o imposición.

Apoyo mutuo

Frente a modelos exclusivamente competitivos, muchas prácticas anarquistas proponen redes comunitarias de cooperación y cuidado.

Autogestión

Los propios colectivos deberían poder organizar sus espacios y decisiones mediante estructuras horizontales.

Crítica de las jerarquías

No solamente de las políticas o económicas.

También de aquellas relacionadas con género, sexualidad, raza, capacidad, nacionalidad o posición social.

Libertad sexual

La sexualidad no debería estar sometida a discriminación, persecución o modelos obligatorios.

Crítica de la normalidad

Una de las aportaciones más características del pensamiento queer consiste precisamente en preguntarse quién define lo “normal”.

Muchas normas sociales parecen naturales únicamente porque llevamos generaciones reproduciéndolas.

El pensamiento queer intenta hacerlas visibles para que puedan ser discutidas.

Transformación social

Aquí encontramos finalmente la característica que distingue al anarquismo queer de una simple política de reconocimiento.

Su aspiración no consiste solamente en obtener tolerancia.

Pretende transformar las condiciones sociales que producen exclusión, subordinación y desigualdad.

Por eso el documento original define su horizonte en términos de autonomía, autogestión, desobediencia corporal y crítica de la autoridad.


Anarquismo queer: ¿identidad o forma de cuestionar el poder?

Tal vez una de las claves para comprender el anarquismo queer sea dejar de imaginarlo exclusivamente como una identidad.

También puede entenderse como una herramienta para analizar relaciones de poder.

¿Por qué consideramos normales determinadas familias?

¿Por qué esperamos determinados comportamientos de hombres y mujeres?

¿Por qué algunas relaciones reciben reconocimiento institucional y otras no?

¿Por qué determinadas expresiones de género provocan rechazo?

¿Por qué determinadas identidades pueden convertirse en productos comerciales mientras otras continúan siendo marginadas?

¿Quién decide qué formas de vida merecen reconocimiento?

Estas preguntas explican por qué el encuentro entre anarquismo y pensamiento queer resulta intelectualmente fértil.

El primero pregunta:

¿quién ejerce el poder y por qué debemos obedecerlo?

El segundo añade:

¿cómo consigue ese poder entrar también en nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestras identidades?

Juntos producen una crítica que va mucho más allá de la sexualidad.


¿Por qué el anarquismo queer sigue siendo relevante?

Porque muchas de las discusiones que plantea continúan abiertas.

Las sociedades occidentales han experimentado enormes avances en materia de derechos LGTBIQ+, pero eso no significa que hayan desaparecido todos los conflictos relacionados con género, sexualidad, discriminación o desigualdad.

Al mismo tiempo, los propios movimientos LGTBIQ+ debaten sobre cuestiones como:

  • institucionalización;
  • representación;
  • identidad;
  • capitalismo;
  • consumo;
  • familia;
  • género;
  • libertad sexual;
  • derechos trans;
  • interseccionalidad.

El anarquismo queer ocupa una posición particular dentro de estos debates porque propone mirar más allá de la inclusión individual.

Su pregunta no es únicamente quién puede entrar en las instituciones existentes, sino también cómo están construidas esas instituciones y qué relaciones de poder reproducen.

Por eso su historia conecta figuras tan diferentes como Emma Goldman, Lucía Sánchez Saornil o Daniel Guérin con movimientos queer, transfeministas y autónomos contemporáneos. El encuentro entre anarquismo y disidencia sexual no constituye una tradición perfectamente lineal: está lleno de contradicciones, interrupciones y debates internos. Precisamente por eso resulta históricamente interesante.

En definitiva: ¿qué propone el anarquismo queer?

Podemos resumirlo en una idea:

la libertad sexual no puede separarse completamente de las demás formas de libertad.

Una sociedad puede reconocer determinadas orientaciones sexuales y mantener simultáneamente profundas desigualdades económicas, raciales o de género.

Del mismo modo, una revolución económica puede transformar la propiedad y conservar intactas formas tradicionales de patriarcado, homofobia o control sexual.

El anarquismo queer aparece precisamente en esa intersección.

No propone simplemente cambiar quién ocupa una posición de poder.

Pregunta por qué esa posición de poder existe.

No quiere únicamente ampliar las categorías de lo permitido.

Pregunta quién creó esas categorías.

Y no entiende la sexualidad exclusivamente como un asunto privado.

La considera también un espacio donde pueden manifestarse libertad, identidad, autoridad, desigualdad y resistencia.

De ahí una de las ideas que mejor resume esta corriente:

no puede existir una revolución realmente emancipadora que ignore la libertad de nuestros cuerpos, nuestros afectos y nuestras identidades.


Merece ser compartido: