¿Por qué confundimos discriminación con libertad de expresión?

La paradoja de tolerancia fue descrita por el filósofo austríaco Karl Popper  en 1945. Es una paradoja enmarcada dentro de la teoría de la decisión. La paradoja declara que si una sociedad es ilimitadamente tolerante, su capacidad de ser tolerante finalmente será reducida o destruida por los intolerantes. Popper concluyó que, aunque parece paradójico, para mantener una sociedad tolerante, la sociedad tiene que ser intolerante con la intolerancia. Estoy totalmente de acuerdo.

Hace poco lo explicábamos de forma muy sencilla quien tenía la culpa de todo: son los sesgos cognitivos o incluso cómo incluso el efecto Dunning-Kruger los que nos hacen despreciar y temer a cualquiera que consideremos fuera de nuestra propia “norma social”. Da igual que seamos conscientes de que ese mismo sesgo nos hacía quemar a las brujas, esclavizar a personas de otras razas, juzgar a mujeres por “solteronas” o a los y las divorciadas.

Es un sesgo que se repite: mientras menos informado y más limitado sea un grupo social, más bloqueados estaremos a aceptar normas sociales diferentes a las de nuestro grupo.

Mirar a la historia nos ayuda: ninguno de nosotros querría estar dentro de esos grupos que apoyaban la inquisición o los que se negaban a otorgar a las personas de raza negra los derechos que tenía el resto de la sociedad, o los que negaban al voto femenino, al derecho a trabajar de las mujeres o incluso a su derecho a hacer deporte. Y, sin embargo, aún hoy seguimos discriminando a las personas que quieren amar a otras de forma diferente a cómo nosotros lo hacemos.

Además, debes recordar que en España, por ejemplo, debes ayudar a la Policía Nacional, DENUNCIANDO O IDENTIFICANDO UN DELITO DE ODIO • Si alguien se ha mostrado hostil hacia ti u otra persona por tu raza, orientación e identidad sexual, religión o discapacidad, ha cometido un delito de odio.

¿Preferimos el odio al amor?

Parece que si nos dan elegir entre discriminar o aceptar, en principio, el ser humano prefiere discriminar. En conjunto, aceptamos lobotomías, violaciones correctivas, acoso, maltrato físico y verbal, penas de cárcel, aislamiento social e, incluso, penas de muerte. Todo menos aceptar que otros vivan su vida de forma diferente a la nuestra. ¿Suena un poco loco, verdad?

Curiosamente, en la mayoría de casos, la libertad que un pequeño grupo de ciudadanos consigue, se extiende al resto. Es decir:

  • Aunque usted estuviera en contra de que las mujeres votaran, sus hijos varones y sus hijas hembras podrán votar, su derecho no implica quitarle el derecho a nadie y, además, podrá usted disfrutar de él o renunciar a él. No está obligado a votar.
  • Aunque usted estuviera en contra de que las personas de raza negra fueran libres, sus hijos (de otras razas) no serán esclavizados al alcanzar ellos la libertad. Ni usted ni sus hijos serán esclavizados.
  • Aunque usted sea homosexual, no estará obligado a estar con otra persona de su mismo sexo. Y aunque estuviera en contra de que muestren públicamente su amor, usted podrá seguir haciéndolo.

Los derechos conquistados suman por el bien común de todos. Cada derecho conquistado por una minoría, nos hace más libre a todos.

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Hoy en nuestro blog hablamos de #mentiras #autoengaños #sesgoscognitivos y #polarizacion En el proceso de generación de opiniones debemos no sólo tener en cuenta la mentira o manipulación del otro, debemos considerar además, el “autoengaño”. Si bien mentir a los demás suele ser un acto consciente, el autoengaño no siempre es un proceso voluntario. El autoengaño es una de las facetas inherentes a la condición humana que nos concede una estabilidad excepcional para convertirnos en animales sociales. Todos los humanos sin excepción son altamente susceptibles al autoengaño que nos permite sostener creencias que pueden ser irracionales (y quizás por ello se extienden como la peste las noticias falsas, bulos o ‘fakes news’) pero que nos permiten identificarnos con un grupo. La única forma de corregir estos sesgos cognitivos es siendo conscientes de ellos y actuando para compensarlos. Al profesor George Lakoff le agrada comenzar sus clases universitarias advirtiendo lo siguiente: “No penséis en un elefante”. Por supuesto, a los estudiantes les resulta imposible no hacerlo. Este académico lingüístico de la Universidad de California en Berkeley, en su libro "No pienses en un elefante: Lenguaje y debate político", argumenta que en Estados Unidos los republicanos son mejores a la hora de enmarcar los debates y, como resultado, ganan la mayoría de ellos. No se trata de encontrar un buen argumento: se trata de encontrar un buen marco de debate. Lakoff nos advierte que los marcos son especialmente peligrosos porque a menudo son inconscientes, ya que las personas no necesariamente perciben que existan o que les influyan en su toma de decisiones. “The Common Cause Handbook es una investigación sobre la vinculación que existe entre valores y marcos (estructuras mentales inconscientes) que influyen en el comportamiento. // Descubre y comparte todo esto y mucho más en nuestro blog #socialdesign

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¿Pero no os habéis pasado un poco con eso de la homosexualidad?

Hay quien puede considerar que una cosa es que todas las personas sean iguales en derechos ante la ley de sus propios países y ante la Declaración de Derechos Humanos que la mayoría de países desarrollados ha firmado y, otra, aceptar que haya gente que pueda amar a quienes ellos, desde su libertad individual, hayan elegido y que, además, cuente con igualdad de derechos que el resto.

Hay quien aún puede considera que quien amar de forma diferente a como él ama debe tener menos derechos de los que él disfruta por alguno de estos curiosos motivos:

La homosexualidad es natural (como la heterosexualidad y la bisexualidad)

“La homosexualidad no es algo natural” FALSO: la psicología confirma que es una práctica sana y natural

Curiosamente, la ciencia no solo dice que no es una enfermedad, sino que es una práctica sana y natural que ayudar a desarrollar todas las fórmulas de género, sexualidad e identidad sexual que contempla la naturaleza humana y que normalmente se ven condicionadas por el contexto social, cultural y religioso en el que nace la persona.

La homosexualidad debe formar parte del ámbito público (al igual que la heterosexualidad o bisexualidad)

“Debería permanecer en el ámbito privado” FALSO: ¿Cómo puede ser ofensivo el amor?

También hay quien piensa que no debe mostrarse el amor homosexual en público, pero esa es una batalla que ya hemos librado antes. Hace unos años, cualquier pareja heterosexual sufría una situación similar: no podían mostrar su amor en público porque podía suponer una “indecencia” o “amoralidad”. Los besos, el afecto o el cariño se encerraban en el ámbito privado. El amor ofendía. Por suerte, esa batalla se conquistó y ahora puedes besar a tu pareja en público sin temor a ser criticado. Más tarde, las parejas interraciales sufrieron una humillación similar. Ahora les toca a las parejas homosexuales. ¿Por qué nos ofenden las muestras de amor de otros?

Los niños y niñas entienden qué es la homosexualidad (al igual que entienden qué es la heterosexualidad y la bisexualidad)

“Los niños y niñas no entienden este tipo de relaciones” FALSO: los niños y niñas no “aprenden a aceptar” o “aprenden a discriminar”. Depende de qué queramos enseñarles los adultos.

En realidad, los más pequeños son los que mejor entienden este tipo de relaciones ya que por naturaleza, no prejuzgan ni discriminan. Para ellos, a medida que crecen, si son educados en el miedo a lo distinto, pueden considerar “raro” si su familia no le ha educado en la diversidad. Al igual que puede sentirse raro ante una persona de otra raza, ante un pelirrojo o ante el brócoli.

Algunas de las argumentaciones también van en la línea de la supuesta defensa de los niños. Es decir, hay quien considera que los niños pueden ver escenas violentas, pero no gestos de cariño y amor; quienes consideran que sí los pueden ver, pero solo si esos gestos son iguales a los de sus padres; y quienes consideran que pueden ver gestos de amor aunque no sean iguales a sus padres.

Las parejas interraciales hace años que luchan también contra la discriminación social

Normalmente, una pareja interracial no se preocupa porque parejas de una misma raza muestren su amor en público y, normalmente, una pareja homosexual no se preocupa si sus hijos ven gestos de amor entre personas de distinto sexo. Los valores primordiales como tolerancia y respeto para muchas familias son lo esencial.

Sumado a esto, muchas familias tradicionales compuestas por un padre y una madre están preocupadas porque otros niños puedan criarse con dos madres o dos padres sin importar si la educación que estos reciben es buena o mala, si son criados desde el amor y el respeto, con todo el cariño y cuidados que un niño necesita. Es decir, parece que puede haber malos padres, pero se acepta si son un hombre y una mujer, pero no puede haber buenos padres si estos son dos hombres o dos mujeres.

El argumento principal es que al niño le faltaría la imagen de “un hombre en casa” o “una mujer en casa”. Sin embargo, muchos pensábamos que este conflicto estaba ya solucionado porque ¿acaso una mujer soltera no tiene derecho a criar a sus hijos?, ¿y un hombre viudo?, ¿deberían estar obligados a buscar una pareja para que se les permitiera criar a esos niños? Parecía que estos debates ya los teníamos superados.

“Las personas que somos del colectivo LGTB hay una parte de nuestra adolescencia que se nos roba, porque, nos enamoramos en secreto, nos rompen el corazón en secreto..” – Devermut

La homosexualidad no va en contra de ninguna religión (al igual que la heterosexualidad o la bisexualidad)

“Al Dios judío, cristiano, musulmán, y a otros tantos, no les hace ninguna gracia” FALSO: discriminar a quien no obedece las consignas tradicionales de tu religión es tan absurdo como discriminar a quien usa preservativo o quien se divorcia.

Ser homosexual, heterosexual o bisexual no te hace ser creyente o no creyente religioso. No te hace amar u odiar o ser ateo, cristiano, musulmán o budista. Sin embargo, algunas personas utilizan la religión para discriminar a las personas con una orientación sexual diferente a la suya.

A pesar de las declaraciones públicas del papa Francisco y que muchos creyentes, curas y pastores se oponen al discurso oficial homófobo desde dentro de la Iglesia, otros tantos consideran que la homosexualidad es pecado y, por tanto, deben privar a las personas “que pecan” de los derechos civiles que los Derechos Humanos u otro tipo de legislaciones laicas quieran otorgarles. Es algo así como que las personas que están a dieta están en contra de que haya gente que pueda no estarlo.

“Como iglesia también tenemos que avanzar para forjar una sociedad y una comunidad libre de discriminación y prejuicio. Se ha recorrido camino. Han cambiado algunas cosas, y cada vez son más las voces que hablan con respeto, con ternura, y con valentía, frente a discursos que parecen anclados en otra sociedad y otra época. Pero hay que avanzar más. Tenemos que contribuir al reconocimiento de la radical dignidad de todas las personas en la sociedad en general, y en la iglesia en particular. Hay muchas personas homosexuales, lesbianas, y transexuales que creen en Dios y que se saben parte de la Iglesia. Pero que en ocasiones se sienten, como me decía un buen amigo, “obligados a ver el partido desde el banquillo”, porque se les dice que eso es lo que hay. ” PastoralSJ

Por suerte, dentro del seno de religiones como el cristianismo (incluso la musulmana) se han visto importantes avances en los últimos años y, aunque en principio había un rechazo hacia temas como las relaciones previas al matrimonio, al uso de anticonceptivos o al divorcio, muchos cristianos pueden ejercer su fe sin ser juzgados y discriminados por estos supuestos pecados.

Son pequeños pasos que nos ayudarán a establecer sociedades más justas en las que nadie sea discriminado por su peso, edad, estatura, raza, género, religión, condición sexual o identidad de género. ¡Ni tan siquiera por sus gustos musicales, aunque me cueste muchísimo entender a los fans del reggaetón!

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