Más allá de la salud física, y que nuestros hijos tengan un crecimiento sano, hay un objetivo más a conseguir en nuestra labor como padres. A más de un lector seguro que le ha traído quebraderos de cabeza hablar sobre este tema: ¿Qué es lo mejor para la psique de mi hijo? ¿Qué pasa con su salud psíquica?

Estamos constantemente bombardeados con una información sobre lo que es y no es conveniente para la mente de un niño. En su momento, se hicieron estudios sobre si la televisión influía en el comportamiento o inteligencia final del niño. Posteriormente, fueron los videojuegos los puestos a examen. Actualmente, se habla mucho de la era digital y el uso responsable de la tecnología en la infancia. A poco que leamos, parece que todo es perjudicial o que para asegurar un desarrollo psíquico sano de nuestro hijo tenemos que seguir una difícil agenda a lo largo de toda su niñez.

Hay 3 factores imprescindibles que debemos tener en cuenta si queremos que los más pequeños se desarrollen correctamente a nivel psíquico. Imagen: Caroline Hernandez vía Unsplash

Sin embargo, y sin ánimo de frustrar la literatura que llevéis revisada, aquí os presento a modo de resumen 3 factores imprescindibles para el buen desarrollo psíquico de cualquier menor. Y lo sorprendente no es lo impactante o novedoso de estos conceptos, sino lo cotidianos que son en realidad.

3 factores cotidianos imprescindibles para el buen desarrollo psicológico de los niños

1. Criar en la autoestima

No voy a indagar mucho en este apartado porque es bien sabida la importancia de la autoeficacia y la autoimagen de los niños. Estos son los componentes básicos de la autoestima.

Saber manejar los refuerzos sociales, como los elogios y la expresiones de cariño y saber plantearle desafíos que sea capaz de superar son solo dos de las formas de ir reforzando una imagen positiva de sí mismo. Le ayudará en su socialización y también a manejar la frustración.

2. Educar en la resistencia a la frustración

Uno de los problemas más comunes que encuentran los padres y educadores de esta generación es la poca resistencia a la frustración de los niños. A poco que se le niega algo, o algo no sale como lo planeaba en su cabeza, todo estalla en berrinches, llantos, y rabietas.

El problema está en que los niños reciben lo que quieren cuando quieren, lo que los hace caprichosos, volátiles y muy dados a frustrarse muy pronto y de forma muy exagerada.

Si criamos a nuestros hijos en la autoestima, en la resistencia a la frustración y, sobre todo, les demostramos que les queremos, entonces crecerán con una salud psicológica perfecta. Imagen: Bruno Nascimento vía Unsplash

Saber entrenar a tu hijo o hija en la frustración le hará más estable emocionalmente, aprenderá el valor de la paciencia y, en el futuro, será capaz de mantener la calma ante situaciones peliagudas que, por experiencia, todos sabemos que serán muchas y muy variadas.

3. Nunca olvidar el afecto

Solemos dar por sentado el afecto muchas veces. “Es mi hijo, así que me quiere y yo lo quiero a él o a ella”, pero no es tan así. No hay que darlo todo por sentado. El afecto es una de nuestras características psíquicas que más nos acerca al concepto del amor. Y, como todos sabemos, el amor es algo que se debe de alimentar.

¿Qué mensajes mandamos a nuestros hijos si los criamos con una buena relación y muestras de afecto?

Primero, crecerá más seguro de sí mismo, sabiéndose arropado por sus familiares y amigos. Y, segundo, aprenderá formas sanas de expresar amor, lo que le hará menos dependiente en sus relaciones en el futuro.

No podemos qué le deparará el futuro a nuestro hijos, pero sí podemos saber si le hemos dotado (o no) de las herramientas para estar psicológicamente sano

Es imposible predecir cuál será el destino individual de nuestro hijo. O incluso cuál será su carácter a lo largo de su vida. Como padres, siempre tendremos esas preguntas en la cabeza. Por eso, la mejor opción siempre será exponerlo al mundo poco a poco, y que aprenda a manejarse con sus propios recursos.

Para ello, lo mejor es dotarlo de algunas de las mejores herramientas psíquicas: autoestima, afecto y paciencia. 


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