Un padre no puede darle el pecho a sus hijos, pero también los nutre.

Nutrir también es pasarse una noche en vela cuidando al pequeño, mimarle con ternura infinita, preocuparse cuando está mal, tener paciencia cuando comete errores y disfrutar de sus pequeños logros.

Afortunadamente, las estrictas tareas asociadas tradicionalmente a la paternidad están cambiando, de manera que los padres no son meros soportes económicos del hogar, sino que se implican plenamente en el cuidado de sus hijos. Y ahora la ciencia ha descubierto que, al igual que las madres, los padres también sufren cambios hormonales que les preparan para enfrentar mejor su nuevo rol.

“No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre”. —Sigmund Freud

La paternidad aumenta la oxitocina y disminuye la testosterona

La oxitocina siempre se ha considerado como una hormona materna, puesto que se libera en el torrente sanguíneo para facilitar el parto y la producción de leche. Además, desempeña un rol importante en el vínculo afectivo que la madre establece con su bebé. Sin embargo, se ha descubierto que los hombres también son sensibles a las variaciones de los niveles de oxitocina cuando van a ser padres, lo cual les permite sintonizar mejor con las necesidades de sus bebés.

En este sentido, neurocientíficos de la Universidad de Emory comprobaron que los niveles elevados de oxitocina son los responsables de la actividad neuronal en las zonas relacionadas con la empatía y la recompensa que se produce en el cerebro de los hombres cuando ven una foto de sus bebés, algo que no ocurre con la imagen de otros niños. Estos resultados sugieren que los hombres también experimentan cambios hormonales que les ayudan a cuidar mejor de sus bebés.

De hecho, investigadores de la Universidad de Michigan sugieren que esos cambios hormonales ocurren mucho antes de que nazcan los hijos y se producen en consonancia con las transformaciones que va experimentando la mujer embarazada. Estos científicos analizaron los niveles de testosterona, cortisol, estradiol y progesterona de 29 parejas que esperaban su primer hijo. Recogieron muestras en cuatro etapas diferentes a lo largo del embarazo y descubrieron que en los hombres se reducían los niveles de testosterona, una hormona relacionada con la agresividad.

De hecho, también se conoce que los padres que duermen cerca de sus hijos, en la misma habitación, presentan niveles más bajos de testosterona, probablemente porque se vuelven más sensibles a las necesidades de sus pequeños.

El cerebro de los padres también cambia

Los cambios que provoca la paternidad no se limitan a las hormonas. Investigadores de la Universidad Bar Ilán comprobaron que el cerebro de los hombres que se implican activamente en la crianza de sus bebés también sufre transformaciones significativas. Estos neurocientíficos explican que se activa lo que denominaron “red neuronal de atención paterna”.

Por una parte, se activa una red de procesamiento emocional que brinda al padre la motivación que necesita para atender a su bebé y, por otra parte, se activa otra red más compleja formada por las áreas del cerebro que procesan la empatía y la comprensión social. Ambas redes trabajan en sintonía para que los padres sean más sensibles a las necesidades de su bebé y puedan satisfacerlas.

También se apreció que, cuando los padres son los principales cuidadores del bebé, su amígdala, la zona donde se procesan las emociones, sufre los mismos cambios que los que se producen en la amígdala de las madres.

“El mejor legado de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día”. —Leon Battista Alberti


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