Esto es lo que pueden hacer dos niños solos en un incendio si creen en sí mismos

Érase una vez una familia con dos hijos. El niño mayor tenía seis años, y su hermana solo tenía unos pocos meses. Un día como otro cualquiera, sus padres estaban trabajando mientras los chicos estaban en casa después del colegio con su niñera. Y, bueno, ese día pasaron ese tipo de cosas que nunca piensas que pasarán todas a la vez en un mismo día.

Resulta que mientras estaba cocinando, la niñera recibió una llamada urgente de uno de los vecinos y tuvo que salir corriendo de casa. No sin antes avisar a los chicos, que jugaban tranquilamente en su habitación en el segundo piso de la casa.

—No os preocupéis que vuestros padres están de camino —les dijo la niñera antes de salir—. Solo estaré fuera unos minutos. Ni siquiera lo notaréis.

—Tranquila nana —le contestó el pequeño—. Ya soy mayor. No tengo miedo de quedarme solo. Puedo cuidar de mi hermana.

Con esa respuesta, la niñera se sintió aliviada al dejar a los chicos solos mientras acudía a esa llamada tan urgente que se olvidó que dejó puesto el fuego de la cocina. Mientras tanto, los padres, que no deberían tardar mucho en llegar a casa, tuvieron la mala suerte de pillar un atasco. Por lo que se retrasarían, y mucho.

Pero no pasaba nada. Los niños jugaban en su habitación sin saber que el fuego de la cocina seguía encendido. Y con tan mala suerte que una chispa prendió una de las cortinas de la cocina, que prendió un mueble, que prendió una mesa con sus sillas… Hasta que, finalmente, todo el primer piso de la casa estaba en llamas.

Cuando el chico empezó a oler algo raro ya era demasiado tarde. El fuego alcanzó las escaleras. Por lo que los dos hermanitos se quedaron atrapados en el piso de arriba. Ambos comenzaron a llorar. El niño llamaba desesperadamente a sus padres, que aún estaban en el atasco, y a su niñera, que estaba también demasiado lejos para ayudarlos. Nada se podía hacer ya por lo niños desde fuera de la casa.

El fuego se hizo con todo el primer piso de la casa y nada se podía hacer ya para ayudara los niños desde fuera. Minutos después, el fuego se había propagado por todos lados.

Los bomberos no tardaron mucho más en llegar. Empezaron a extinguir el incendio y a rodear la casa. Uno de los bomberos encontró algo extraño en un montón de hojas secas cerca de un árbol del jardín. Allí, escondidos, estaban el pequeño de 6 años con su hermanita bebé. Ambos muy asustados y sucios por el hollín.

Según les contó el chico, al ver que no podían salir por las escaleras, el pequeño —ya fuese guiado por la desesperación o en un acto de extrema valentía— tomó a su hermana en brazos, la cubrió como pudo con su manta para protegerla del fuego y salió por la ventana para deslizarse cuidadosamente por una de las ramas más largas del árbol del jardín para, finalmente, saltar a un montón de hojas del suelo.

Los bomberos no salían de su asombro con lo que había hecho el pequeño ante el fuego que consumía su hogar

Los bomberos no salían de su asombro. Era increíble. ¿Cómo podía ser que un niño de seis años hubiese hecho todo eso solo? El jefe de bomberos, un veterano que había visto de todo a lo largo de su carrera, asintió convencido: “El chico hizo todo eso porque no hubo nadie alrededor que le dijera que no era capaz de hacerlo”.

Fuente original: Ficción adaptada de los textos originales de Jorge Bucay

Ya lo sabes: no hay nada imposible; anima a los que te rodean a que crean que son capaces de hacer cualquier cosa que se propongan y créetelo tú mismo.

¿Y qué podemos hacer los adultos ante tanto incendio?

¿Cuántas semanas llevamos ya de ola de calor? Es casi imposible acordarse. Las altas temperaturas afectan nuestro día a día, nuestro estado de ánimo y nuestra salud.

Pero las personas no somos las únicas afectadas. Los bosques, y todos los animales que viven en ellos, también sufren el calor intenso. En lo que llevamos de verano ocho grandes incendios forestales han afectado a toda la Península, con un balance de más de 48.500 hectáreas afectadas. La peor parte se la ha llevado Cataluña, con un incendio que ha calcinado más de 6.000 hectáreas. Mientras te escribo, los bomberos forestales están luchando contra incendios en Ávila, Alicante, la comunidad de Madrid y Almería. La gravedad de este último es tal que ha tenido que intervenir el ejército.

Pero no solo nuestro país sufre los devastadores efectos del fuego forestal. Incluso regiones árticas como Alaska, Siberia y el norte de Canadá sufren este año una estación especialmente calurosa y seca, y están siendo consumidas por las llamas. Se han registrado más de 100 incendios forestales de gran intensidad y de larga duración en el círculo polar ártico desde junio. Estos incendios emitieron 50 megatoneladas de CO2, el equivalente a las emisiones anuales totales de Suecia. Y es que la temperatura media en junio en las zonas de Siberia que se están viendo azotadas por los incendios forestales ha sido 10°C más alta que la media del período 1981-2010.

Es un círculo vicioso: las altas temperaturas provocan más incendios, y los incendios alimentan el cambio climático. Las olas de calor y las sequías prolongadas se incrementan por el cambio climático, haciendo a nuestros bosques muy vulnerables a incendios de alta intensidad. No es su origen, pero hace que los incendios sean más virulentos y difíciles de extinguir.

Estos incendios son solo una de las facetas más visibles de la crisis climática en la que nos adentramos. Hoy es más importante que nunca actuar. Tenemos que conseguir un movimiento global que implique a gobiernos, empresas y ciudadanía en un esfuerzo común para abordar el problema de raíz. 

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