¿Está de moda poner los cuernos?

¿Poner los cuernos está de moda o no? Este debate está a la orden del día en conversaciones muy cotidianas, pero ¿es cierto o no? Imagina por un momento esta rutina: levantarse por la mañana, descorrer las cortinas, ver el mismo paisaje de siempre a través de la ventana, divisar tu coche aparcado en la puerta, el árbol en la entrada de la casa… tu mundo, te guste o no. Solo hay alguna variación, en un día festivo o cuando llueve, que cambia un poco tu estampa mañanera.

En definitiva, todas aquellas cosas que te ayudan a asumir que la vida continua. Ahora piensa que de repente un día te levantas y, al descorrer las cortinas, ve un paisaje irreconocible, sin el árbol de la entrada, sin su coche… su mundo se ha puesto patas arriba, es el horror en estado puro.

Las sensaciones que despierta poner los cuernos (o que te los pongan)

Pues bien, esa sensación de transformación o deformación de la realidad es similar a la que sentimos cuando descubrimos una infidelidad. De repente, ya no nos sentimos en casa, es como si todo fuera desconocido. Para una persona que ama, es similar a un proceso de duelo, semejante al desconcierto y al desamparo, tal y como afirma la escritora y sexóloga francesa Valérie Tasso en la revista mujerhoy.

Cuando se descubre una infidelidad el mundo se viene abajo

Esta es una de las claves para comprender el miedo a que nos sean infieles, pero también es algo que se nos olvida muy rápido cuando decidimos poner los cuernos.

A día de hoy percibimos el dolor de una infidelidad de la misma forma que en tiempos ancestrales, lo único que ha cambiado es que se han multiplicado los casos por un millón. Hay dos razones que imperan en este aumento abusivo de los casos de infidelidad: por un lado, tenemos la concepción del amor y fidelidad de antaño; y, por otro, queremos mantener estos conceptos en un tiempo en el que impera la ideología capitalista, consumista y reemplazante. Esta visión social no solo nos afecta en cuanto a la ropa que compramos, sino también en las relaciones.

La infidelidad en la época moderna

Una síntesis imposible entre la concepción de la fidelidad como la que tenían nuestras abuelas y habitar en una cultura de la oferta y el consumo infinito, donde por supuesto siempre puedes aspirar a tener algo mejor.

El dolor que produce una infidelidad no se puede tapar negando la existencia de la lealtad o pretendiendo evitar las tentaciones que nos conduzcan hacia ella. Según Valérie, el problema no se encuentra en nosotros mismos sino en la forma en la que entendemos el mundo, es más sencillo adaptarse que cuestionarlo.

Las tendencias abogan por ser hiperliberales: no existe la infidelidad porque todo es de todos y nada es de nadie, ni siquiera el amor. Esta teoría no va hacia ningún sitio ya que hay que aplicársela a seres humanos que sufren, padecen, existen y aman. Por otro lado, tenemos la tendencia opuesta, en la que impera la contención y la penitencia. Es decir, como la infidelidad hace temblar los cimientos de nuestra vida en común, lo que tenemos que hacer es negarnos a observar todas las tentaciones que nos depara el mundo.

No existe la infidelidad porque todo es de todos y nada es de nadie, ni siquiera el amor

Aunque la primera opción parezca más moderna que el plan de contención, ambas pecan de lo mismo: no buscan domar el caballo sino desbocarlo. Por muy novedoso que parezca este debate, la fidelidad o infidelidad son términos tan antiguos como el vivir en común. La única solución es tener la suficiente madurez para entender el dolor que causa y la fortaleza de espíritu suficiente para comprometerse a no causarlo partiendo de la premisa de la confianza.

Además, es ilógico que en un mundo en el que existen tantos tipos de relaciones (relaciones abiertas, poliamor…), sigamos pecando de ser infieles.

¿Te gustó esta historia?
¡Con un "Like" podrás ver muchas más!