La gran mayoría de padres estamos muy preocupados por formar en nuevas tecnologías a nuestros hijos, pero, curiosamente, los grandes genios reunidos en Silicon Valley, los cerebros detrás de Google, Apple o Yahoo, envían a sus hijos a escuelas en las que no hay ordenadores y se prescinde de casi cualquier tecnología. Aquellos profesionales que diseñan tablets, juegos interactivos y programas informáticos para niños, eligen para sus propios hijos una infancia alejada de ordenadores gracias a las propuestas de escuelas alternativas, libres de wifi, y donde las reinas son las libretas, los lápices y los rotuladores.

A esta tendencia se sumó incluso el fundador de Apple, Steve Jobs, que a pesar de ser el creador del iPod, el iPhone o el iPad, estaba en contra de que sus hijos usasen estos aparatos. En un reportaje publicado por el diario New York Times confesaba que limitaba la tecnología que podían usar sus hijos en casa. E incluso cuando le preguntaron si sus hijos, al igual que medio mundo, estaban enamorados del iPad, Jobs contestó: “Ellos no lo usan”.

Lo paradójico del caso concreto de Jobs reside en que este planteamiento “anti-tecnología” en las aulas de sus hijos se enfrenta a lo que la compañía planteó en 2013: las escuelas cambiarán los cuadernos de papel por nuevos iPad.  Pero el caso de Steve Jobs no es el único. Otros directores de multinacionales tecnológicas siguen esta misma línea: alejan a sus hijos de la tecnología y limitan su tiempo en internet.

¿Por qué estos amantes de la tecnología alejan a sus hijos de ella? ¿Saben los profesionales de este tipo de empresas algo que el resto de padres desconocemos?

De hecho, muchos empiezan a cuestionarse el papel de la informática en las aulas. Como apuntaba The Guardian, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) sugiere, en un informe global, que los sistemas de educación han invertido demasiado en ordenadores ya que, a pesar de ello, han registrado una insignificante mejora en sus resultados de lectura, matemáticas, ciencias y en los test de PISA.

Para poder alejarlos de la tecnología y acercarlos a nuevas propuestas de educación alternativa, gran parte de estos expertos acuden a la Waldorf School de Península (California). En esta escuela es donde se concentran más hijos de los grandes gurús de la tecnología. Una propuesta pedagógica que, sin embargo, apuesta por la experimentación en el mundo real, una vuelta al papel y al lápiz y un énfasis en fomentar la creatividad, curiosidad y habilidades artísticas innatas en los más pequeños.

El problema es que los estudiantes criados con tecnología acusan a menudo poca disposición para pensar de forma distinta y resolver problemas. Este punto es lo que ellos consideran realmente importante, ya que son conscientes que la tecnología que utilizamos ahora resultará primitiva y obsoleta en el mundo del mañana.

Les interesa más que aprendan a pensar a que aprendan a utilizar herramientas. De este modo, el día de mañana serán los que diseñen esas nuevas herramientas tecnológicas y no simples consumidores.

El auge de las pedagogías alternativas… ¿en España?

Algo en lo que casi la totalidad de los profesionales de la educación coinciden es en la urgencia de reformar el sistema educativo español. Nuestro país se sitúa a la cabeza de Europa en cuanto a índices de fracaso escolar y abandono educativo (que son conceptos distintos). Esta y otras razones son las que han hecho que muchos padres se replanteen la educación de sus hijos y opten por escuelas alternativas, con programas educativos y planes de estudios heterodoxos, que huyen de la uniformidad, los libros de texto y la división de los alumnos por edades. Y, por supuesto, intentando que todo ello llegue a la educación pública.

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