Quizás la solución sea la educación líquida para nuestros hijos, ¿la conoces?

Antes de la llegada de la escritura, nuestros antepasados aprendían unos de otros las actividades que requería la vida cotidiana para la supervivencia. Conocimientos que se impregnaban en nosotros, a través del contacto con los demás y la repetición.

Cuando esta llegó, el vehículo del conocimiento, fueron los textos y la figura del maestro. Y pasaron siglos en los que esta figura y forma de transmisión de sabiduría, desembocaron en la creación del sistema educativo.
Mucho tiempo después, durante la revolución industrial, el objetivo era la formación del futuro trabajador de fábrica. Seres humanos que repetían la misma acción o patrón durante toda su vida laboral. Así, la escuela que surgió de éste contexto, seguía el mismo patrón: niños que repetían una y otra vez determinados conocimientos, un proceso estandarizado y plano en el que se impartían materias que podían resultar de utilidad para la recién nacida economía industrial.

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Este es el modelo que ha perdurado hasta nuestros días. Sin embargo, ha quedado obsoleto. Ya que el mundo que conocemos hoy día ha cambiado de forma radical en el último medio siglo. 

Avances científicos y tecnológicos han provocado que la sociedad industrial dé paso a una nueva sociedad de servicios e información, en la que el motor son las ideas y la resolución de problemas. Además de la creatividad, con la que podamos reinventar nuevos oficios acordes al siglo XXI.

Uno de los autores que mejor interpreta e identifica este movimiento, es Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo, conocido por la introducción del concepto de Educación Líquida, en la que establece una metáfora para explicar fácilmente el estado de “incertidumbre social” actual.
En él sostiene que, los líquidos no conservan fácilmente una forma durante mucho tiempo y están en predisposición constante a cambiarla, para ellos predomina el flujo del tiempo ante el espacio que pueden ocupar.

La historia moderna puede verse fácilmente representada en el estado de fluidez. “El problema de la realidad líquida, es que no se puede pronosticar fácilmente la reacción a las diferentes crisis que la sociedad actual representa”, sostiene Bauman.

Son tiempos líquidos, y la educación requiere nuevos modelos para construir una identidad digital donde existan sujetos capaces de surfear esta realidad de continuas aguas turbulentas.

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Uno de los retos a los que se debe enfrentar la educación, es a lo que Bauman denomina el “Síndrome de la Impaciencia”. Un visión en la que se considera caduca a la idea de acumulación de cosas, sino el breve goce de éstas. Desde esta visión, la educación que conocemos hasta hoy día se somete a juicio como un producto más. Ya no nos vale la acumulación de conocimientos, sino el concepto de usar y tirar aquellos conceptos que nos vayan resultando útiles en épocas determinadas de nuestra vida.

Ahora, lo importante es crear ciudadanos que sepan reavivar la llama del espacio público y del diálogo (recuperada a través del concepto de red social e internet). Ciudadanos que sepan diagnosticar las prospectivas de la vida cotidiana y sepan adaptarse a ellas.

Los avances tecnológicos nos han demostrado algo que los griegos ya sabían, que no aprendemos repitiendo de memoria, sino haciendo, cuando nos emocionamos.

Necesitamos un sistema educativo que nos inculque el conocimiento a través de una enseñanza emocional y social que potencie el talento y el desarrollo de cada individuo, ya que de esto dependerá el futuro lleno de retos que requerirán nuevas soluciones.

Ken Robinson, fue uno de los primeros en el sector educativo en hablar de la separación entre ciencias y artes. Y afirma que, como resultado de esta división y “etiquetado” de disciplinas, se ha olvidado el campo de la creatividad.
Robinson sostiene que a esta educación lineal, fruto de la era industrial, debemos añadir también la influencia de la cultura intelectual de la ilustración que nos ha llevado a la cultura académica de la formación, donde se jerarquizan asignaturas, poniendo matemáticas o lengua sobre las disciplinas artísticas.

¿Por qué existe esta jerarquía?

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Para el autor existen dos motivos: El primero de ellos es que aquellas asignaturas que se encuentran en la cima de la pirámide se consideran más rentables para la inserción al mundo laboral y el segundo motivo es que en nuestro concepto de cultura intelectual, existe una asociación directa entre ciencia y pensamiento objetivo. “Se cree que al trabajar con la ciencia se basa en hechos y certezas, que son las cosas que marcan diferencias en el mundo, mientras que la disciplinas artísticas se basan en una expresión personal pero, no son relevantes para la economía”.

“La Ilustración y la revolución científica crearon un modelo de inteligencia y conocimiento que ha imperado en nuestra cultura.Y, desde este momento, el arte se ha disociado del intelecto de la emoción”.

Ken, reta a la educación a aunar nuevamente la creatividad con ciencias y artes. Creando una comunión entre las tres, en la que sea imposible percibir el concepto creativo como una simple expresión individual de las ideas.
En este vídeo, nos explica de forma sencilla, los pasos que nos han llevado a eliminar nuestro “yo creativo” desde que somos niños:

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