No debemos ser ingenuos. Al final lo que quiere la gran mayoría de los estudiantes es aprobar la asignatura y olvidarse de ella. Esto es así y no es contestable. La pregunta es por qué ocurre. ¿Es porque los alumnos atraviesan una etapa de la vida en la que lo menos interesante es lo que cuenta el profesor, o porque lo que dice el profesor es efectivamente poco interesante? ¿O es, quizás, por la forma en que el profesor enseña los contenidos?

Sin pretender sumergirnos en un debate sobre la educación y el reparto de culpas por el fracaso escolar, a continuación presentamos algunas metodologías de enseñanza para aumentar el interés del alumnado hacia las materias. Porque hay algo bien claro: los jóvenes sí que responden de manera activa, inquieta y motivada ante aquellas cosas que les interesan.

Aprendizaje por proyectos

Puede llegar a ser comprensible que una lista de los reyes castellanos o un análisis sintáctico de una frase no sean actividades que motiven a los estudiantes, por eso la metodología del Aprendizaje por proyectos (ApB) propone apuntar más alto y fijar un objetivo más ambicioso: se plantea el curso académico con un gran objetivo general (el proyecto) que se debe lograr por parte de los alumnos. Es decir, los contenidos del temario se irán impartiendo pero con la vista puesta siempre en ese proyecto. La idea es ir aplicando lo aprendido, de forma que al final del curso se pueda presentar el trabajo de todo el año en forma de proyecto.

El ApB es una metodología que puede ser muy útil en materias como historia (preparar un documental), inglés (escribir un documento en inglés), matemáticas (hacer un experimento), geografía (hacer un estudio), dibujo (pintar algo), tecnología (construir algo), etc. En el caso que vamos a ver, el proyecto fue transversal a varias asignaturas.

Nos situamos en el IES Pedro de Luna, de la ciudad de Zaragoza. Aquí el proyecto está planteado de manera bien sencilla: preparar una obra de teatro para representar al final del curso. El objetivo está claro. La forma de alcanzarlo es más compleja: se pondrán en común conocimientos adquiridos en Historia del Arte, en Música, en Tecnología, en Dibujo Técnico, en Latín y en Literatura. Seis asignaturas distintas que, durante todo un curso académico, diseñarán el proceso de enseñanza en torno a este gran proyecto. En el centro llevan varios años haciéndolo y los resultados son muy positivos.

Los profesores de las asignaturas involucradas en el proyecto imparten los contenidos curriculares de sus materias con normalidad y examinan a sus alumnos con exámenes y trabajos como hacen en Biología, Matemáticas o Química. Lo que les diferencia es que, además, durante todo el curso dedican varias horas a la realización del proyecto teatral en el que están inmersos.

Con este método, los alumnos se motivan por varias razones: para conseguir completar el proyecto con éxito y poder presentarlo ante todos sus compañeros orgullosamente; para mejorar la calificación en las asignaturas involucradas (se usa la estrategia del premio con aquellos alumnos que participan en el proyecto); para aprender de manera alternativa y activa; e, incluso, para ser reconocidos con premios, como les ha ocurrido recientemente a los alumnos del IES Pedro de Luna.

Involucrarse en un proyecto de esta magnitud estimula a los alumnos por la novedad y también por el hecho de participar en una tarea común con muchos compañeros y amigos. Incluso la posibilidad de acabar sobre el escenario haciendo teatro puede ser motivador (para aquellos más tímidos quizás no, pero también se requieren tareas de back-stage como carpinteros, músicos, pintores, modistas, iluminadores, maquilladores, etc.).

Aprendizaje-servicio

La metodología del Aprendizaje-servicio consiste en fusionar el proceso de aprendizaje con el servicio a la comunidad. Se intenta enseñar a los estudiantes a ser competentes siendo útiles a los demás. Es una forma de unir éxito educativo con compromiso social.

En las prácticas de Aprendizaje-servicio las escuelas e institutos colaboran activamente con las entidades sociales del entorno. A través de este método, los alumnos mejoran sus resultados de aprendizaje (en términos de conocimientos, capacidades, destrezas, actitudes y valores) y al mismo tiempo ejercen como ciudadanos comprometidos con el entorno.

Algunos ejemplos de casos donde se haya puesto en práctica esta metodología son:

  • IES Miguel Biada: alumnos de 2º de Bachillerato realizan en la asignatura de Medios Audiovisuales un programa de televisión sobre las entidades sociales de la ciudad.
  • CEIP Barceló i Matas: chicos y chicas de Primaria se implican en la conservación y defensa de un entorno degradado y amenazado de Palafrugell, con valores naturales y patrimonio arquitectónico.
  • IES Rubió i Ors: jóvenes de secundaria “apadrinan” a un compañero recién llegado al instituto para ayudarle en su proceso de integración tanto en el centro como en el barrio.
  • IES Eduard Fontseré: alumnado de 3º de ESO, en la asignatura de Educación para la Ciudadanía, divulga los derechos humanos entre las escuelas de Primaria del barrio después de una investigación sobre ellos a través de las entidades sociales locales.

Junto con estos ejemplos podríamos pensar en otros muchos que se están llevando a cabo en centenares de centros educativos del país, como campañas de recogida de alimentos, huertos urbanos, restauraciones de espacios verdes, talleres sobre informática, carreras solidarias, reconstrucción de albergues o programas de radio. Todo iniciativas protagonizadas por alumnos.

Es fácil pensar en cómo estas actividades despiertan la motivación de los estudiantes. Para empezar, cuentan con el factor sorpresa que supone la novedad, son estimulantes por tener lugar fuera del aula donde suelen estar encerrados tantas horas, son actividades que ellos mismos llevan a cabo, reciben la gratitud de la comunidad y, además, contribuyen a mejorar su propio barrio.

Otras metodologías: gamificación y flipped classroom

Tanto el Aprendizaje por proyectos como el Aprendizaje-servicio requieren de tiempo, muchas veces extraescolar, y son ciertamente metodologías muy ambiciosas. Se necesita además un esfuerzo extra por parte de alumnos y docentes y eso puede significar un obstáculo importante a la hora de implementarlas. Existen, sin embargo, formas de enseñanza igual de innovadoras e interesantes que no precisan de tantas complicaciones, por ejemplo la gamificación, es decirel uso de juegos para desarrollar el proceso educativo, o la clase invertida (flipped classroom, en inglés).

Sobre la gamificación ya hablamos en otro artículo, cuando nos acercamos a esta curiosa metodología educativa que sigue la lógica de los videojuegos y vimos que existen juegos como el ClassCraft que están muy bien diseñados para atraer la atención y el interés de los alumnos.

Otra forma de despertar la inquietud, la autonomía, el trabajo y la motivación de los estudiantes es con el método de la flipped classroom o clase invertida. Básicamente se trata de cambiar la lógica de las clases y conseguir que los estudiantes reciban los conocimientos en su casa, a través de las nuevas tecnologías de la comunicación y de forma autónoma, aunque guiados por el profesor. Las horas de clase en el instituto se dedican a hacer deberes, trabajos, resolver dudas y poner en común los conocimientos.

El método de la clase invertida requiere de la implicación de los alumnos, que deben aprender a buscar información, contrastar y seleccionar. El profesor les ayudará en las horas de clase, pero los protagonistas del aprendizaje son los estudiantes. De esta manera, cada alumno puede ir a su ritmo y seleccionar sus materiales.

Todas estas metodologías son innovadoras, pero no pretenden romper radicalmente con todos los métodos tradicionales. Bajo estas formas de enseñanza los alumnos siguen teniendo que superar exámenes, tienen que cumplir con los objetivos establecidos, tienen que adquirir conocimientos curriculares, etc. No se pretende en ningún caso desechar el modelo normalizado, sino aplicarle algunos cambios que lo hagan mucho más atractivo para los estudiantes, actualizándolo a la nueva realidad del S.XXI.

La clave está en que los alumnos se sientan protagonistas y en conseguir que encuentren utilidad e interés a las asignaturas. Sólo así podremos atraerles al proceso de enseñanza y aprendizaje, que debe ser mucho más que hacer deberes o memorizar un libro de texto.


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