A los niños les encantan los juguetes. De hecho, no solo los disfrutan sino que los necesitan. A través de los juguetes y el juego los niños desarrollan diferentes destrezas y capacidades, se van formando una imagen del mundo y van conociendo las reglas de los adultos. Sin embargo, a veces los padres pecan por exceso y cometen el error de regalarles a sus hijos demasiados juguetes, dando pie a lo que ya se conoce como “Síndrome del Niño Hiperregalado”.

Se estima que durante Navidad y Reyes Magos en España los niños reciben una media de 10 juguetes.

Un niño hiperregalado no es un niño feliz

El síndrome del niño hiperregalado hace referencia a una tendencia muy peligrosa que ha ido ganando terreno en las últimas décadas: los padres tienden a compensar el poco tiempo que pasan con sus hijos recurriendo a los regalos. Como resultado, el niño tiene muchos juguetes pero no dispone de lo más importante para su desarrollo: la atención y el tiempo de sus padres.

De hecho, un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Warwick con 10.931 adolescentes desveló que el tiempo de calidad que los padres pasan con sus hijos determina sus resultados académicos e influye en sus aspiraciones educativas para el futuro.

A través de los juguetes y el juego los niños desarrollan diferentes destrezas y capacidades. Foto: Unsplash

Por supuesto, no se trata de la única investigación que ha puesto de manifiesto la importancia de pasar tiempo de calidad con los hijos. Se ha comprobado que la ausencia del padre o la madre puede dar pie a problemas de adaptación en los niños, así como a la aparición de comportamientos disruptivos y de riesgo a medida que crecen. Al contrario, el cuidado sensible es el factor que mejor predice el éxito y el equilibrio mental de una persona incluso a los 30 años, según descubrió un estudio realizado en la Universidad de Delaware.

Todos los datos indican que no son los juguetes ni las posesiones materiales lo que hace a un niño más feliz, sino el vínculo que establece con sus padres. De hecho, demasiados juguetes y regalos puede provocar una especie de “insensibilidad emocional”, haciendo que los pequeños se vuelvan más egocéntricos y caprichosos.

Los juguetes no sustituyen lo más importante para el desarrollo de los niños: la atención y el tiempo de sus padres. Foto: Pixabay

Los riesgos del exceso de regalos para los niños

– Pérdida de la ilusión. Cuando el pequeño se acostumbra a recibir muchos obsequios, estos se convierten en su rutina, y en una obligación para los padres. Como resultado, el pequeño desarrolla una apatía hacia los regalos, perdiendo la ilusión por abrirlos, descubrir su contenido y disfrutarlos. De esta forma el exceso de regalos no genera ilusión sino que la arruina.

– Limitación de la imaginación. Para jugar, no siempre es necesario contar con juguetes. De hecho, los juguetes pueden terminar generando aburrimiento y limitando la imaginación infantil. Por eso, es importante que el juego libre tenga un espacio en la vida del niño ya que este potencia mucho más la creatividad, la fantasía y la imaginación.

Cuando los niños reciben muchos obsequios desarrollan una apatía hacia los regalos. Foto: Pixabay

– Sobreestimulación sensorial. Cuando un niño recibe muchos regalos, generalmente no disfruta ninguno en especial, o elegirá el que más le ha gustado, olvidándose del resto. El problema es que ese exceso de estímulos simplemente sobrepasa la capacidad atencional del niño, por lo que no podrá sacarle el máximo provecho a cada uno de los regalos que recibe.

– Baja tolerancia a la frustración. Cuando el niño recibe todo lo que desea inmediatamente y no se le explica el sacrificio que supone comprar los regalos, se alimenta una actitud egocéntrica. El pequeño buscará continuamente una gratificación instantánea, de manera que no desarrollará una cualidad imprescindible para la vida: la tolerancia a la frustración.

Cuando damos demasiados regalos a los niños les enseñamos a esperar, no a dar ni a compartir.

La regla de los 4 regalos

La solución no es eliminar los regalos sino elegirlos concienzudamente y, sobre todo, reducir su número para apostar por la calidad en vez de priorizar la cantidad.

Cuando el niño recibe todo lo que desea inmediatamente y no se le explica el sacrificio que supone comprar los regalos, se alimenta una actitud egocéntrica. Foto: Markus Spiske raumrot.com

Una buena estrategia consiste en seguir la regla de los 4 regalos:

  1. Un regalo que el niño pueda usar
  2. Un libro
  3. Un regalo que le haga mucha ilusión
  4. Un regalo que realmente necesite

Por supuesto, no siempre es fácil lograr que la familia y los amigos se ciñan a esta regla, sobre todo en Navidad y Reyes Magos, épocas en las que suelen llover los regalos. En ese caso, una estrategia interesante consiste en postergar su apertura, es decir, dejar algunos regalos “en suspenso” hasta dentro de varias semanas, de manera que el niño tenga suficiente tiempo para disfrutar de la novedad que representa cada obsequio por separado.

Es importante que los padres prioricen el tiempo que pasan en compañía de sus hijos, más que los regalos. Foto: negativespace.co

Otra opción consiste en pedirle que elija sus juguetes preferidos y done los otros a niños desfavorecidos, de manera que también le estaremos enseñando a compartir y ser generosos.

En cualquier caso y más allá del número de regalos, es importante que los padres:

  • Prioricen el tiempo que pasan en compañía de sus hijos, más que los regalos. Cada regalo no solo tiene un costo en términos económicos sino de tiempo, el tiempo que has tenido que invertir para ganar el dinero con el cual comprar ese obsequio.
  • Logren que el niño entienda que detrás de cada regalo hay esfuerzo y sacrificio, por lo que debe valorar y cuidar ese obsequio, ya se trate de un juguete, un libro o una prenda de ropa.
  • Se decanten más por las experiencias y menos por las posesiones materiales ya que son los momentos compartidos los que crean recuerdos y fortalecen los vínculos emocionales.