Sócrates enseñaba que la felicidad es el objeto y el fin último de las acciones y de la vida. Muchos siglos han pasado desde entonces, y la escuela moderna ha olvidado esa enseñanza, llegando a convertirse fundamentalmente en un lugar donde se transmiten conocimientos, más o menos científicos, que pretenden prepararnos para la vida.

Sin duda, los conocimientos y habilidades que adquirimos en la escuela nos ayudan a construir una profesión, pero no suelen ser la mejor vía para desarrollar el pensamiento autónomo y la autogestión emocional. Cuando la escuela se limita a transmitir una serie de verdades inamovibles que debemos memorizar, a veces incluso sin comprenderlas bien, corremos el riesgo de que algunas de nuestras capacidades más valiosas se atrofien, precisamente esas que nos ayudan a vivir de forma más plena y con menos conflictos.

La familia desempeña un papel esencial en la formación de la personalidad y el desarrollo de las potencialidades de las personas

Por supuesto, toda la responsabilidad no es de la escuela, la familia también desempeña un papel protagónico en la formación de la personalidad y el desarrollo de las potencialidades de sus miembros. Sin embargo, no debemos olvidar que es importante que exista una sintonía entre los mensajes que transmiten la familia, la escuela y la sociedad. Si queremos que los niños de hoy se conviertan en adultos que saben pensar y gestionar sus emociones, es necesario que nos esforcemos por enseñarles esas habilidades en todos los niveles.

Las habilidades olvidadas por la escuela que nos harían más felices y plenos 

1. Seguir una pasión

“Para conocer tu verdadera pasión, examina tus castillos en el aire”. —Richard Whately

El secreto de una vida plena está en algo que nadie nos enseña: seguir tu pasión

Cuando entramos al colegio aprendemos el significado del “deber”. Nos enseñan que “las cosas que valen la pena requieren sacrificios”. Sin embargo, lo cierto es que cuando algo nos apasiona de verdad, no solo brillaremos en ello sino que no necesitamos movernos por el deber, porque tenemos un motivo impulsor mucho más poderoso: la pasión. Como resultado de esa educación basada en el deber, hay millones de persona realizando trabajos que no les gustan y viviendo vidas que no les satisfacen. Nadie les enseñó que el secreto está en seguir su pasión.

2. Aprovechar los errores

“Si no estás cometiendo ningún error, no estás innovando. Si estás cometiendo los mismos errores, no estás aprendiendo”. —Rick Warren

La escuela se encarga de castigar duramente los errores. Las calificaciones escolares no consideran el esfuerzo ni la individualidad, tan solo los aciertos y las equivocaciones. Como resultado, no es extraño que nos aterrorice cometer errores, porque creemos que estos disminuyen nuestra valía como personas. Ese miedo a equivocarnos puede llegar a ser tan intenso que aplasta nuestra motivación y nos paraliza. Afortunadamente, métodos como el del bolígrafo verde contribuyen a cambiar esta situación y nos permiten comprender que los errores son oportunidades de aprendizaje.

3. Valorar el tiempo

“Tu tiempo es limitado, así que no lo malgastes viviendo la vida de otro”. —Steve Jobs

No lo olvides: el tiempo no es dinero, el tiempo es vida

El tiempo no es dinero, el tiempo es vida. Es la posesión más valiosa que tenemos, aunque no siempre lo valoramos en su justa medida. De hecho, acudir todos los días a una escuela donde nos enseñan contenidos que no despiertan nuestro interés y que no tienen aplicaciones prácticas es una manera de restarle valor a nuestro tiempo. Obviamente, cuando nos olvidamos del dinero y comenzamos a pensar en términos de tiempo nuestra vida da un vuelco radical. Por ejemplo, en vez de preguntarnos cuánto cuesta el nuevo iPhone, podemos preguntarnos cuánto tiempo debemos trabajar para comprarlo. ¿Merece la pena? Solo entonces empezamos a valorar las cosas en su justa medida.

4. Gestionar las emociones

“Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar”. —Frederick Dodson

Ahora sabemos que el éxito profesional y el nivel de satisfacción en la vida no dependen directamente del cociente intelectual, sino de la Inteligencia Emocional. Eso significa que, si bien el conocimiento es la base, es probable que no lleguemos demasiado lejos o no seamos muy felices si no somos capaces de gestionar adecuadamente nuestras emociones. Por desgracia, nadie nos enseña a reconocer y gestionar nuestros estados emocionales, por lo que muchas veces nos sentimos culpables cuando experimentamos ciertas emociones o no sabemos cómo expresarlas asertivamente.

5. Ser resiliente

“El mundo rompe a todos y, después, algunos son fuertes en los lugares rotos”. —Ernest Hemingway

La adversidad nos aguarda a la vuelta de la esquina, por lo que es mejor estar preparados para cuando toque a nuestra puerta. Sin embargo, nadie nos enseña a lidiar con los problemas sin perder el equilibrio emocional. La resiliencia es una habilidad que normalmente se desarrolla de manera espontánea, golpe tras golpe, pero también podría potenciarse a través de una educación que nos enseñe a enfrentar los problemas con sentido del humor, que nos ayude a detectar nuestros puntos débiles, nos muestre cómo pedir ayuda y nos permita desarrollar una visión positiva y equilibrada de la vida.

6. Negociar

“La negociación sugiere un compromiso, una posición ubicada en algún lugar entre dos posiciones existentes”. —Edward de Bono

Muchas veces no nos damos cuenta de que el mejor escenario es aquel donde todos ganan

Si supiéramos negociar evitaríamos muchísimos conflictos a lo largo de la vida. Sin embargo, desde que entramos en el colegio nos damos cuenta de que no hay margen para la negociación, todo está decidido, desde el plan de clases hasta los minutos de recreo. Así aprendemos a acatar las reglas y asumimos un terrible mensaje: hay ganadores y vencidos. Como resultado, comenzamos a afrontar la vida de esa manera: como una competición en la que queremos ganar, sin darnos cuenta de que el mejor escenario es aquel donde todos ganan.

7. Buscar el equilibrio

“La felicidad no es una cuestión de intensidad, sino de equilibrio y orden, ritmo y armonía”. —Thomas Merton

En la escuela nos enseñan a esforzarnos y trabajar duro para obtener cada vez mejores resultados. Sin duda, es un buen mensaje, pero si lo llevamos al extremo terminaremos engordando primero el currículo escolar y luego el profesional, olvidándonos del “currículo de la vida”.

Por eso, no es extraño que nuestra sociedad produzca personas adictas al trabajo que no tienen tiempo libre y han olvidado cómo relajarse. Este desequilibrio termina pasando factura a nivel emocional, social y físico porque descansar es tan importante como trabajar y pasar tiempo con los demás es tan importante como pasar tiempo con uno mismo. Si no somos capaces de encontrar ese equilibrio, antes o después algo se romperá en nuestro interior. Y no siempre podremos arreglarlo.

Intenta desarrollar estas habilidades e incúlcaselas a las nuevas generaciones. De esta manera, todos tendremos vidas más plenas.


¿Quieres recibir más historias como esta por email?

Suscríbete a nuestra Newsletter: