¿Sabrías reconocer a una persona "de izquierdas" y una "de derechas"?

¿Tenemos claro que significa ser de centro? Quizás no. ¿Y ser de derechas? ¿Y ser de izquierdas. Unos asimilan el centro  con las posiciones moderadas, otros con el punto intermedio donde se mezclan características de la “izquierda” y la “derecha” y por último, los que ven en el “centro ideológico” la nueva política, el lugar para desencantados o indignados. Este divertido e inquietante vídeo, te invita a la reflexión lanzando una posible respuesta:

Fragmento de la obra de teatro “Alejandro y Ana”.
Obra “Animalario”.
Texto de Juan Mayorga

Las preguntas planteadas para poder definir ideológicamente una posición política es histórica. Desde que se empezaron a utilizar  los términos “derecha” e “izquierda” se está debatiendo sobre ello. Ambos conceptos muchas veces, incluyen dentro de sí toda a una serie de corrientes ideológicas parecidas en esencia pero muy diferentes entre sí.

Para entender la expresión “Ser de Derechas”, tenemos que remontarnos al siglo XIX, cuando ser de derechas significaba  defender los intereses del estatus establecido previamente por las clases altas o dominantes, prerrogativas, privilegios y poderes enterrados (especialmente de la clase aristocrática), la jerarquía de nacimiento o de riqueza… etc. Actualmente, se asocia con la Iglesia, el patriotismo, el capitalismo, el rechazo a la inmigración, la libertad sexual…etc.

Por contra, “Ser de Izquierdas”, suponía entre otras cosas ser defensor de las revoluciones planteadas por las cada vez más fuertes y organizadas clases bajas, agricultoras, ganaderas, obreras… que creían en la repartición de la riqueza y en la protección de los más desfavorecidos. Dentro de la Izquierda, igual que ocurre dentro de la derecha, son muchas las ideologías que concurren, desde la socialdemocracia (quizás la más cercana a la derecha) hasta legar al comunismo o anarquismo (en la posición más extrema).

A pesar de estas claras diferencias, son muchos los políticos e intelectuales que abogan por dejar de usar estos términos algo anticuados, ya que el ser o no de una u otra, ahora mismo no significa nada en concreto y puede llevar a equivocar a los ciudadanos, pues al final apoyan un concepto abstracto que realmente no saben en qué afecta a sus vidas.

Bastante preocupados por cómo la gente más “egoísta” llega a altas cuotas de poder, hace poco os mostrábamos los posibles efectos del sesgo cognitivo Dunning-Kruger. Vayamos un paso más. En este genial artículo de ElConfidencial nos recuerdan una expresión inglesa que nos puede ayudar a entenderlo: Kiss up kick down. Es muy difícil traducirla pero sería algo así como “besando a los de arriba y pateando a los de abajo”.

Pero… ¿por qué muchas veces los políticos o empresarios con menos ética son los que llegan a cotas más altas de poder?


Según muestran las investigaciones realizadas por el profesor de la Universidad de Ámsterdam Gerben van Kleef, las personas más odiosas no sólo parecen más poderosas, sino que su comportamiento les ayuda a prosperar  En la era de la crisis de la autoestima, el narcisista es el rey. El hombre enamorado de sí mismo, imbuido de unos encantos de origen casi divino, es una figura recurrente desde la Grecia clásica. No se trata de algo nuevo, pero si de una tendencia que vuelve a tomar fuerza.

No podemos aceptar lo que nos echen en cara, debemos negarnos cuando sea necesario e imponer nuestro criterio. De este modo, podremos construir una especie de defensa contra la manipulación. El estatus de víctima no es irreversible y puede superarse con la voluntad de afrontar el problema. A pesar de este escenario, la autora es optimista con el futuro porque, dice, ya hemos empezado a identificar estos excesos y, poco a poco, se están implantando mecanismos correctivos. Hay muchos políticos y empresarios que quieren comenzar a gestionar con otras formas y la sociedad también se está dando cuenta y, en un tiempo no muy lejano, acabará reaccionando.

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