Salvador Allende fue el primer presidente marxista y socialista que presidió un país después de una votación popular. Sin duda, fue uno de los mejores gobernantes del siglo XX. Su discurso del 11 de septiembre de 1973, fecha de su muerte, es uno de los más elocuentes de la historia y, hoy en día, es capaz de emocionar por la sensibilidad y la sinceridad de sus palabras.

Allende, cirujano de profesión, estuvo ligado a la política desde sus años universitarios, aunque alcanzó la presidencia de Chile en 1970, con 62 años, después de cuatro elecciones. Recordado mundialmente como una de las figuras en pro de la lucha obrera más importantes de la historia. Siempre siguió una lucha fraternal y solidaria, como juzgan sus últimas palabras: “Siempre estaré junto a ustedes”.

Supo transmitir esperanza con sus palabras, incluso en los momentos más amargos: “Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. Efectivamente, hoy en día Allende está dentro del corazón, no solo de Chile, sino de todas las personas que conocen su causa; una causa que le arrebató —conscientemente— la vida.

Uno de los puntos fundamentales de su llegada a la presidencia fue cambiar un estado capitalista por otro socialista, por lo que su primera revolución consistió en aumentar el salario de los trabajadores y congelar el precio de las mercancías, acelerar la reforma agraria y la nacionalización del cobre (uno de los gestos más importantes de Allende). Este último muy importante, pues los Estados Unidos de Richard Nixon eran propietarios del cobre chileno y, por ende, enemigos de estado. No olvidemos que Pinochet dio el golpe militar, en parte, gracias a las ayudas de Nixon.

Las palabras de Allende siempre mostraban un camino a seguir: hablaban de humanidad, esperanza, lucha, progreso, unidad, trabajo. Así lo demuestra esta célebre frase: “El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse”.

Salvador Allende nació en Valparaíso y murió en el Palacio de la Moneda de Chile. Se suicidó tras el bombardeo perpetrado tras el golpe de estado de su amigo Augusto Pinochet, acto que desencadenó una de las peores dictaduras militares del siglo XX. Quizá la injusticia de su muerte haga justicia a la historia, el pasado ayuda a mejorar el futuro,y su causa quedó en la mente de la sociedad. Lo que podría haber sido un final “sin historia”, se convirtió en “un final” de futuro. Siempre recordaremos a Allende como una de las figuras más importantes de la historia reciente de Latinoamérica y universal.

Estas 10 frases corroboran las palabras humanas hacia el dirigente chileno tratadas en el artículo. Además, podrás encontrar 2 frases que lo citan y que nos ayudarán a reflexionar sobre su figura.

“Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo”.

“Con las dificultades propias de los que caminan en un Ford del año 1920 y por un camino malo, vamos de tumbo en tumbo, pero avanzando, avanzando”.

“Hay algunos chilenos que quisieran que en sus casas les instalaran por lo menos tres cañerías: una de agua fría, otra de agua caliente y una tercera de tinto. Y eso es inaceptable y contra ello debemos combatir”.

“La historia los juzgará”.

“No dudaría un momento en renunciar si los trabajadores, los campesinos, los técnicos y profesionales de Chile así me lo demandaran o sugirieran”.

“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

“El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse”.

“Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que por lo menos será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción, incluso biológica”.

“El dirigente político universitario tendrá más autoridad moral, si acaso es también un buen estudiante universitario”.

“En privado era afectuoso y amable… En los cuarenta años que lo conocí, y a pesar de la intensidad de nuestras batallas políticas, nunca lo vi actuar deliberadamente con mala voluntad o dejarse llevar por el resentimiento”. —Pedro Ibáñez

Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile. Bombardeo del Palacio de La Moneda. Fuente: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile

“Para matar al hombre de la paz, para golpear su frente limpia de pesadillas tuvieron que convertirse en pesadilla, para vencer al hombre de la paz tuvieron que congregar todos los odios y además los aviones y los tanques, para batir al hombre de la paz tuvieron que bombardearlo, hacerlo llamas, porque el hombre de la paz era una fortaleza […] Para matar al hombre que era un pueblo, tuvieron que quedarse sin el pueblo”. —Mario Benedetti


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