La Guerra Civil española y, en particular, los milicianos republicanos son mundialmente conocidos gracias a la labor de fotógrafos como Robert Capa o Gerda Taro. Sus imágenes de jóvenes sonrientes y llenos de vida que empuñaban fusiles y estaban dispuestos a morir por la libertad de su país se han convertido en el verdadero icono de los combatientes fieles de la República.

Sin embargo, esos rostros no son los únicos que lucharon por la democracia. Aunque a veces se nos olvide, es bien sabida la importancia de las mujeres republicanas durante la Guerra Civil. Ellas fueron clave en el desarrollo de la guerra durante sus primeros años, sobre todo al tomar parte en la lucha en los frentes y en la retaguardia, y en la defensa de los pueblos y ciudades.

Además de estas milicianas, otras muchas ayudaron al funcionamiento del cuerpo militar republicano sin tocar un fusil. El historiador José María García Márquez recoge algunas de sus historias en una muestra de fotografías de mujeres del Quinto Regimiento del cuerpo de voluntarios de la II República creado al inicio de la guerra.

“Ellas no fueron fotografiadas por Gerda Taro ni Robert Capa, sino por el fotógrafo del Quinto Regimiento sentadas en una silla en el patio. No solo había jóvenes sonrientes y valientes que empuñaban un arma como mostraban las fotografías que se publicaban”, explica José María García Márquez al diario La Marea.

Personal sanitario, matronas, modistas, lavanderas, maestras, intérpretes, administrativas, mecanógrafas, limpiadoras, cocineras, enfermeras… algunas tan jóvenes que hoy en día podrían considerarse niñas, otras adultas, algunas casi ancianas; solteras, casadas, viudas, con hijos y sin ellos. Y así hasta 513 mujeres —la mayoría de Madrid y residentes en barrios humildes— que no tardaron ni un día desde que diese comienzo la sublevación en unirse a las filas del Quinto Regimiento. Todas diferentes y únicas, contribuyeron a que esta sección del Ejército Popular saliese adelante.

García Márquez asegura que estas mujeres fueron la clave de que el Quinto Regimiento tuviese una estructura mucho más sólida y organizada que otros regimientos del ejército republicano. Además, en muchos casos, la cualificación de estas mujeres era decisiva a la hora de llevar a cabo tareas relacionadas con la traducción, la interpretación o toda la rama sanitaria.

Algunos nombres son más o menos conocidos, como es el caso de Pilar Bueno Ibáñez (la mayor de las Trece Rosas) y otros casi han sido borrados de la historia. Para que eso no ocurra, es importante recordarlas: Antolina Mata Díaz (lavandera), Francisca Gómez Cobo y Pilar González Andrés (sastras), Matilde Landa (responsable de personal sanitario), Emilia Cabello Pascua (la primera mujer en alistarse), María Morales García (modista), Victoria Quijorna (la “fragachina”, como reza su ficha) y Áurea Carmona Nanclares (maestra); Margarita de la Fuente, Pilar Muñoz Falcón, Carmen Capafons Gómez, Julia Díaz Caballero, Esperanza Gil Lozano y Luisa González Fernández (todas ellas mecanógrafas y administrativas). Encarnación Juárez Ortiz (modista calificada de “peligrosísimas” por la dictadura).

Muchas se unieron a los servicios médicos, de las que destacan los nombres de seis miembros del Socorro Rojo Internacional: Agustina García Caamaño, María Luisa Gómez Redondas, Ana Lera Lillo, María Luisa López García, Margarita Martín Jiménez y Carmen Ortega Sampedro. Mercedes Gómez Otero (enfermera) fue una de las mujeres que más años pasó en prisión durante el franquismo.

“Es de justicia recuperar sus nombres y así poder testimoniar un pequeño pero necesario homenaje a su trabajo. Las milicianas son ellas también, no se olvide”. —José María García Márquez

Fuente original: La Marea


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