Cuando los ejecutivos de Hollywood dudan… ¿Puede el arte ser una vía de cambio en el capitalismo? 1

Cuando los ejecutivos de Hollywood dudan… ¿Puede el arte ser una vía de cambio en el capitalismo?

¿Cuál es el lugar que ocupan el arte y la cultura dentro de un sistema como el capitalista? ¿A qué debería aspirar el creador cuando concibe su idea e intenta hacerla llegar al público? En una sociedad globalizada y enfocada siempre a obtener el máximo rendimiento, ¿existen todavía caminos alternativos a esa vorágine que avanza devorando trabajadores, proyectos y sueños?

La dicotomía entre arte e industria o la difusa línea que separa a menudo la integridad de la ética son algunos de los temas clave que plantea la obra teatral Speed-The-Plow, escrita en 1988 por el dramaturgo, ensayista y novelista David Mamet. Galardonado con el Premio Pulitzer de teatro y responsable, entre otros, de guiones de películas como El cartero siempre llama dos veces, Nunca fuimos ángeles o Glengarry Glen Ross, Mamet es uno de los autores estadounidenses contemporáneos más reconocidos.

Hollywood. Década de los ochenta. Dos ambiciosos productores de cine acaban de dar con el negocio de su vida: una película de acción protagonizada por el actor de moda, con la cual pretenden arrasar en taquilla. Pero una nueva secretaria, atractiva y aparentemente ingenua, entra en escena con una propuesta totalmente diferente.

Mamet traslada en Speed-The-Plow esta eterna lucha entre el ideal artístico (o la creación pura) y el arte como fuente de beneficios a uno de los escenarios más representativos de la industria cultural desarrollada en la segunda mitad del siglo XX: el cine y, más concretamente, el universo Hollywood. Probablemente, uno de los ejemplos más precisos de cómo grandes historias e ilusiones pueden convivir sobre el terreno con la ambición, la perversión y la mediocridad más elevadas. Sin duda, una de las metáforas más logradas de lo que es el sistema capitalista en sí, construido en base a prácticas como el colonialismo, el liberalismo o la economía de mercado.

Bob y Charlie, los dos personajes principales de la obra, encarnan de modo arquetípico al profesional triunfador que ha ido subiendo peldaños a costa de los demás, dejando de lado cualquier tipo de escrúpulo. El sistema lo demanda y lo propicia. Pero incluso este tipo de tiburones del capital tienen sus momentos de duda: ¿no se podrían hacer las cosas de otra manera?, ¿es acaso posible trazar un plan diferente al que nos marca el statu quo imperante?, ¿hay cosas más importantes en la vida que el hecho de acumular riquezas y bienes materiales?, ¿pueden el amor o la fe en los demás hacer frente finalmente a la codicia?

Mamet arroja todos estos interrogantes a través de los diálogos de unos personajes que, aun siendo conscientes del poder que el dinero otorga a la gente, creen atisbar, en una especie de inspiración, que puede haber “algo más”. Sin embargo, como afirma uno de ellos en un momento de la obra, “todos tenemos miedo”. Y de ese miedo se sirve el sistema para cortar de raíz cualquier intento de cambio.

La obra interpela al espectador sobre los valores actuales de nuestra sociedad y sobre cuál debe ser el papel del autor en este contexto: ¿debe plegarse a las demandas del público?, ¿está obligado a seguir inevitablemente la corriente cultural predominante?, ¿o por el contrario tendría que intentar transformar al espectador, agitando su conciencia y despertando en él los ideales colectivos? Más y más preguntas…

Si realmente el arte debe servir para construir un mundo mejor, no lo tiene ciertamente fácil en una sociedad basada en una economía cultural (siguiendo el concepto desarrollado en su momento por Theodor Adorno y Max Horkheimer) que lo que hace es generar de modo masivo bienes culturales para el consumo rápido. Y es que como afirma el protagonista de uno de los libros del escritor japonés Haruki Murakami: “Todo está manipulado, atado a esta enorme telaraña de capital, y después de esta telaraña, hay otra. Nadie va a ningún sitio. Tiras una piedra y rebota de nuevo hacia ti”.

En cualquier caso el dilema está ahí. Y son propuestas como Speed-The-Plow las que contribuyen a mantener viva la discusión.

El autor e intérprete catalán Julio Manrique acaba de presentar en la cartelera teatral de Barcelona su adaptación de esta obra de Mamet, Una altra pel·lícula. Junto a los actores David Selvas y Mireia Aixalà, Manrique se sube al escenario para entretejer una aguda crítica a los valores del capitalismo más feroz, mientras expone todas estas dudas acerca del rol y el compromiso del artista dentro de la sociedad.

Un argumento que atrapa al espectador desde el primer momento. Excelentes interpretaciones y diálogos vibrantes. Una puesta en escena que recrea de modo creíble la atmósfera ochentera del cine hollywoodiense. Esto y mucho más es Una altra pel·lícula. Si te gusta el teatro de calidad con un trasfondo de crítica social, no te la pierdas. Hasta el 29 de noviembre en cartel.

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