Un fotógrafo capta qué ocurre cuando los prejuicios se esconden bajo la ropa

¿Por qué tendemos a juzgar a las personas por aspectos de su vida, como su ropa o su estética, que nada tienen que ver con quienes son realmente? Este proyecto pone a prueba nuestros prejuicios.

El fotógrafo londinense Alan Powdrill ha creado una serie de fotografías llamada Covered en la que busca la visibilidad de personas tatuadas de los pies a la cabeza. A pesar de que tendemos a juzgar cómo es su vida o su personalidad, no existe un denominador común más que el amor por los tatuajes. Una bonita forma de romper los estereotipos de aquellas personas que piensan que alguien vale menos solo por estar tatuado.

En cada una de las parejas de de fotografías podemos ver a una persona vestida, acompañada de otra imagen donde se muestran al desnudo y donde realmente podemos apreciar su cuerpo lleno de tatuajes. Es aquí donde nuestros estereotipos empiezan a romperse ya que, seguramente, si simplemente nos hubieran mostrado una de las fotografías nuestros juicios de valor serían completamente distintos.

Las fotografías de Powdrill están acompañadas de una pequeña frase o testimonio de la persona retratada en la que expone su historia con los tatuajes.

Este es el caso de Dave de 66 años: “Empecé en 1963 cuando tenía 14 años y no creo que pare nunca”.

 

Imagen: Alan Powdrill

Izzy, de 48 años, afirma: “Me encanta ser diferente y cada día me preguntan sobre ellos. Los tatuajes buenos no son baratos y los tatuajes baratos no son buenos”.

Imagen: Alan Powdrill

Graham, de 58 años: “Tenía 51 cuando empecé. Mi padre ya estaba muerto y mi madre no dijo nada, ya que empezaba a sufrir demencia”.

Imagen: Alan Powdrill

Lillianna, una joven de 23 años, se confiesa:No creo que cambie de opinión sobre mis tatuajes, dudo que lo lamente a pesar de mi edad”.

Imagen: Alan Powdrill

Peter, de 38 años: Me han dado confianza en mi vida desde que sufro la enfermedad de Crohn, me gustarán en el futuro igual que me gustan ahora”.

Imagen: Alan Powdrill

Victoria, de 37 años: “Mis tatuajes son parte de quien soy y siempre me gustarán, ahora y cuando tenga 80 años. De eso trata el amor por mi apariencia”.

Imagen: Alan Powdrill

Bill, de 59 años, se reivindica así: “Me encanta el hecho de ser una persona madura, tener un trabajo serio, estar rodeado de gente decente y tener en el pecho escrito No Fucking Way”.

Imagen: Alan Powdrill

Ness, con 40 años, cuenta su visión de los tatuajes: “Me encanta como cambian según mi cuerpo envejece y las arrugas cambian su aspecto. Pararé cuando no tenga espacio debajo del cuello”.

Imagen: Alan Powdrill

Alex, de 49 años, nos deja esta inspiradora reflexión: “Mi madre no estaba muy contenta con la golondrina que me hice en la mano, le dije que no era como si estuviera en la calle metiéndome heroína”.

Imagen: Alan Powdrill

Kimmy, de 29 años: “Mis tatuajes de Kiss son mis favoritos. El dolor fue increíble, pero se siente bien mostrar mi última dedicación a la banda”.

Imagen: Alan Powdrill

Chris, de 25 años: “Si alguna vez olvido quién soy, me quito la ropa, me miro en el espejo y descubro quién soy de nuevo”.

Imagen: Alan Powdrill

Verdaderas obras de arte vivo una vez liberados de su ropa. Un enfoque artístico radical que denuncia el impacto del uniforme o disfraz social que la sociedad contemporánea aún reclama.

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