Durante años, almacenar agua, comida, pilas y otros suministros para afrontar varios días sin servicios básicos parecía algo propio del movimiento prepper.
Ahora es la propia Unión Europea la que habla de ello.

El 26 de marzo de 2025, la Comisión Europea presentó su Estrategia de Preparación de la Unión, un amplio programa destinado a mejorar la capacidad europea para afrontar futuras crisis.
Entre decenas de medidas aparece una que rápidamente captó la atención de medios de comunicación y redes sociales:
desarrollar directrices para que la población pueda alcanzar una autosuficiencia mínima de 72 horas.
La expresión provocó titulares inquietantes.
“Europa pide almacenar comida”.
“Bruselas quiere que sobrevivamos tres días solos”.
“Prepárate para una guerra”.
“Europa se prepara para el colapso”.
Pero ¿es realmente eso lo que está diciendo la Unión Europea?
La respuesta corta es no.
La UE no está anunciando que espere una guerra, un apagón continental o un colapso inminente.
Pero tampoco estamos ante una simple campaña doméstica para recordar que conviene tener una linterna.
La estrategia refleja un cambio bastante profundo en la forma en que Europa está pensando sobre su propia vulnerabilidad.
Después de una pandemia mundial, la invasión rusa de Ucrania, crisis energéticas, fenómenos meteorológicos extremos, ataques informáticos, sabotajes y crecientes tensiones internacionales, Europa quiere pasar de una cultura fundamentalmente reactiva a una cultura de preparación.
Y ahí es donde las famosas 72 horas cobran sentido.

¿Qué ha pedido exactamente la Unión Europea?
Conviene empezar aclarando uno de los principales malentendidos.
La Comisión Europea no ha ordenado a los ciudadanos comprar un kit concreto.
Tampoco existe una lista europea obligatoria de productos.
No se ha establecido una cantidad obligatoria de comida por hogar.
Ni hay una ley que obligue a almacenar suministros.
Lo que establece la Estrategia de Preparación de la Unión es el objetivo de:
“elaborar directrices para lograr una autosuficiencia de la población durante un mínimo de 72 horas”.
Es decir, la UE quiere desarrollar una cultura en la que los ciudadanos sean capaces de afrontar temporalmente una interrupción de servicios básicos mientras las autoridades responden a una emergencia.
La diferencia es importante.
No estamos ante:
“Las autoridades no van a ayudarte durante tres días”.
Sino ante:
“En determinadas emergencias graves, puede pasar algún tiempo hasta que todos los servicios estén restablecidos y llegue asistencia a todas las personas afectadas”.

¿Por qué 72 horas?
La cifra no ha sido elegida al azar.
En junio de 2025, la Comisión Europea respondió formalmente en el Parlamento Europeo a una pregunta precisamente sobre este asunto.
Explicó que la recomendación de poder mantenerse durante al menos 72 horas se basa en directrices existentes de preparación ante emergencias y buenas prácticas internacionales.
La lógica es que las primeras horas de una crisis son especialmente importantes.
Durante ese periodo las autoridades pueden necesitar:
evaluar daños,
restablecer servicios,
movilizar equipos de emergencia,
abrir carreteras,
organizar evacuaciones,
restaurar comunicaciones
y acceder a poblaciones afectadas.
Por eso la Comisión considera las 72 horas un periodo relevante para la respuesta inicial.
No significa que todos los problemas vayan a solucionarse exactamente después de tres días.
Tampoco significa que una familia deba permanecer completamente aislada durante ese periodo.
Las 72 horas funcionan más bien como un nivel mínimo de autonomía doméstica.
¿De qué amenazas está hablando Europa?
Aquí aparece la parte más interesante.
La estrategia no ha sido diseñada pensando en una única amenaza.
La Comisión Europea utiliza lo que denomina un enfoque “all-hazards”, o enfoque frente a todo tipo de riesgos.
La idea es sencilla:
muchas crisis diferentes pueden producir consecuencias similares.
Una guerra puede afectar a la electricidad.
Un ciberataque también.
Una tormenta extrema también.
Y un accidente grave de infraestructura puede hacerlo sin que exista ninguna amenaza intencionada.
Por eso, en lugar de prepararnos exclusivamente para un escenario concreto, podemos aumentar nuestra resiliencia frente a diversos acontecimientos.
La Comisión ha mencionado entre los riesgos relevantes:
- tensiones y conflictos geopolíticos;
- consecuencias de la guerra rusa contra Ucrania;
- ciberataques;
- ataques híbridos;
- sabotajes contra infraestructuras críticas;
- manipulación informativa extranjera;
- pandemias;
- cambio climático;
- fenómenos naturales cada vez más frecuentes;
- interrupciones de servicios y cadenas de suministro.
Y aquí debemos hacer otra distinción importante.
Que un riesgo aparezca dentro de una estrategia de preparación no significa que las autoridades consideren que vaya a materializarse de manera inminente.
Preparar hospitales para una pandemia no significa predecir una pandemia.
Prepararse para inundaciones no significa saber cuándo ocurrirá la siguiente.
Y prepararse frente a un ciberataque tampoco implica saber que uno está a punto de suceder.
Preparación y predicción son cosas diferentes.
La guerra de Ucrania sí ha cambiado la percepción europea del riesgo
Sería igualmente ingenuo interpretar la estrategia exclusivamente como una actualización rutinaria de protección civil.
El contexto geopolítico importa.
La Comisión cita expresamente la guerra rusa contra Ucrania, las tensiones geopolíticas, los ataques híbridos y el sabotaje de infraestructuras críticas entre las amenazas consideradas.
Europa ha comprobado durante los últimos años hasta qué punto determinadas infraestructuras aparentemente alejadas de nuestra vida cotidiana resultan estratégicas.
Gasoductos.
Cables submarinos.
Redes eléctricas.
Satélites.
Centros de datos.
Telecomunicaciones.
Puertos.
Sistemas financieros.
Suministros médicos.
Una alteración significativa de cualquiera de estos sistemas puede tener consecuencias que terminan llegando hasta una vivienda normal.
Por eso la preparación contemporánea ya no se limita a pensar en terremotos o inundaciones.
Incluye también riesgos tecnológicos y geopolíticos.

Pero la estrategia europea es muchísimo más grande que una mochila de emergencia
Los titulares sobre las 72 horas pueden producir una impresión equivocada.
La preparación ciudadana representa solo una parte de una estrategia mucho más amplia.
La Comisión propone también:
- reforzar los sistemas de alerta temprana;
- establecer requisitos mínimos de preparación;
- revisar el Mecanismo de Protección Civil de la Unión;
- mejorar la preparación ante crisis sanitarias;
- garantizar el suministro de agua y recursos naturales críticos;
- desarrollar reservas estratégicas;
- mejorar la cooperación público-privada;
- establecer protocolos de emergencia con empresas;
- fortalecer la cooperación civil-militar;
- realizar ejercicios europeos;
- mejorar la coordinación de crisis;
- reforzar las reservas europeas de respuesta;
- introducir la preparación en programas educativos;
- mejorar la cooperación con países aliados y con la OTAN.
Por tanto, sería incorrecto resumir toda la estrategia como:
“Bruselas pide a los ciudadanos que almacenen latas”.
La propuesta es mucho más ambiciosa.
Europa también quiere almacenar reservas
Hay además una cuestión interesante.
Europa no está pidiendo únicamente a las familias que aumenten su autonomía.
Las propias instituciones quieren hacer algo parecido.
El 9 de julio de 2025, la Comisión presentó la primera estrategia global europea de almacenamiento de reservas.
El objetivo es mejorar la disponibilidad durante una crisis de bienes fundamentales como:
alimentos,
agua,
combustible,
medicamentos
y otros recursos esenciales.
Entre las medidas previstas se encuentran:
crear una red europea de almacenamiento,
identificar carencias y duplicidades,
aumentar reservas europeas,
mejorar transporte y logística
y reforzar la cooperación entre gobiernos, empresas, sector militar y socios internacionales.
Esto introduce un matiz político importante.
La estrategia europea no consiste simplemente en trasladar al ciudadano la responsabilidad de protegerse.
Europa está planteando simultáneamente:
reservas públicas + infraestructuras resilientes + coordinación institucional + preparación ciudadana.
Las 72 horas son el primer nivel, no un escenario apocalíptico
Existe una enorme diferencia entre decir:
“Debemos ser capaces de afrontar temporalmente una interrupción”.
y decir:
“Debemos prepararnos para sobrevivir después del colapso de la civilización”.
Buena parte del movimiento prepper tradicional trabaja con el segundo escenario.
La política europea se mueve fundamentalmente en el primero.
Imaginemos un temporal grave.
Durante aproximadamente dos días puede ocurrir que:
algunas carreteras estén bloqueadas,
determinadas zonas estén sin electricidad,
las telecomunicaciones funcionen irregularmente,
algunos supermercados no puedan reponer productos
y los equipos de emergencia estén concentrados en las situaciones más graves.
Una familia que dispone de:
agua,
alimentos,
medicamentos,
linternas,
baterías
y medios para recibir información
tiene menos necesidad de desplazarse.
Y eso puede ayudar indirectamente al propio sistema de emergencias.
La preparación individual puede beneficiar también a la comunidad
Este punto suele perderse cuando pensamos exclusivamente desde una perspectiva individualista.
Si millones de personas necesitan ayuda inmediatamente después de una crisis, los recursos públicos pueden verse saturados.
Si una parte importante de la población puede resolver temporalmente sus necesidades más básicas, los servicios pueden priorizar:
personas heridas,
hospitales,
residencias,
personas dependientes,
zonas aisladas
y situaciones críticas.
Por eso la preparación doméstica tiene también una dimensión colectiva.
No consiste solamente en:
“Yo sobreviviré”.
Puede significar:
“Durante unas horas o días no necesitaré utilizar recursos que otra persona necesita mucho más urgentemente”.
¿Por qué ahora?
Porque Europa ha acumulado varias crisis importantes en relativamente pocos años.
La pandemia de COVID-19 mostró vulnerabilidades sanitarias y logísticas.
La invasión rusa de Ucrania alteró el panorama de seguridad europeo y puso en evidencia importantes dependencias energéticas.
Los ciberataques han aumentado la preocupación sobre infraestructuras esenciales.
Los fenómenos climáticos extremos están obligando a replantear políticas de adaptación.
Y los conflictos internacionales han vuelto a introducir riesgos que durante décadas parecían relativamente remotos para muchos europeos.
La propia Comisión habla de un escenario en el que las amenazas son cada vez más complejas e interconectadas.

¿Es Europa ahora “prepper”?
No exactamente.
Pero existe una curiosa convergencia.
Durante décadas, el movimiento prepper insistió en varias ideas:
tener reservas,
disponer de alternativas,
reducir dependencias,
prepararse antes de que aparezca la emergencia,
tener sistemas redundantes.
Muchas de esas ideas aparecen ahora, desprovistas de su componente apocalíptico, dentro del lenguaje institucional.
La gran diferencia está en la escala.
El prepper tradicional pregunta:
“¿Cómo puedo ser autosuficiente?”
La estrategia europea pregunta:
“¿Cómo conseguimos que hogares, empresas, gobiernos e infraestructuras sean más resilientes conjuntamente?”
Es una diferencia fundamental.
¿Qué significa resiliencia?
Es probablemente una de las palabras más importantes para entender esta estrategia.
Resiliencia no significa evitar que ocurra cualquier crisis.
Eso sería imposible.
Significa conseguir que un sistema pueda:
absorber una perturbación,
continuar ofreciendo funciones esenciales
y recuperarse con relativa rapidez.
Una red eléctrica resiliente no es una red que nunca falla.
Es una red diseñada para reducir la probabilidad de grandes fallos y recuperarse rápidamente cuando aparecen.
Un hogar resiliente funciona de forma parecida.
No necesita vivir desconectado de la sociedad.
Simplemente dispone de algunas alternativas para circunstancias excepcionales.
En 2026 Europa ha seguido avanzando en esta dirección
La cuestión de las 72 horas no desapareció después de los titulares de marzo de 2025.
En mayo de 2026, la Comisión Europea recibió las conclusiones de un panel formado por 150 ciudadanos de los 27 Estados miembros dedicado precisamente a la preparación frente a emergencias.
Los participantes elaboraron veinte recomendaciones.
Entre ellas aparecen:
mejorar la educación sobre emergencias,
reforzar los sistemas de alerta,
mejorar la comunicación durante crisis,
combatir la desinformación,
fomentar el voluntariado,
aumentar la autosuficiencia europea
y proteger especialmente a colectivos vulnerables.
Una propuesta muy concreta fue comunicar mejor a los hogares las recomendaciones sobre autosuficiencia durante 72 horas, incluyendo incluso materiales distribuidos directamente a los ciudadanos.
Por tanto, a septiembre de 2026, el concepto continúa formando parte del desarrollo de la política europea de preparación.
¿Qué debería tener entonces una familia?
Aquí conviene no convertir este artículo en otra lista de productos.
Para eso está nuestra guía específica sobre el kit de emergencia de 72 horas.
Pero conceptualmente, la preparación básica gira alrededor de unas pocas necesidades:
Agua.
Alimentación.
Medicación.
Iluminación.
Energía.
Información.
Comunicación.
Higiene.
Documentación.
Un pequeño margen económico.
Un plan.
Esto puede resultar suficiente para afrontar gran parte de las interrupciones temporales.
La pregunta más útil: ¿qué ocurriría si mañana fallara…?
Existe un método muy sencillo para pensar en preparación sin caer en paranoia.
Completa estas frases:
Si mañana no tuviera electricidad durante 24 horas…
Si mañana dejara de funcionar temporalmente el agua…
Si durante dos días no pudiera pagar con tarjeta…
Si Internet estuviera caído…
Si no pudiera comprar comida durante tres días…
Si tuviera que abandonar mi vivienda en veinte minutos…
Si no pudiera utilizar el coche…
Si mi teléfono se quedara sin batería…
Las respuestas revelan nuestras vulnerabilidades mucho mejor que imaginar el fin del mundo.
La infraestructura digital es una nueva vulnerabilidad
Hay una diferencia importante entre las emergencias actuales y las de hace varias décadas.
Nuestra vida cotidiana se ha digitalizado.
Pagamos con teléfono.
Guardamos contactos en el teléfono.
Utilizamos mapas digitales.
Consultamos documentación digital.
Recibimos noticias digitalmente.
Gestionamos cuentas bancarias en aplicaciones.
Reservamos transportes online.
Incluso determinados sistemas domésticos dependen de Internet.
Esto nos hace extraordinariamente eficientes.
También introduce nuevos puntos de fallo.
La solución no consiste en abandonar la tecnología.
Consiste en disponer de redundancias básicas.
Una radio.
Algo de efectivo.
Teléfonos importantes escritos.
Mapas descargados.
Copias de documentos.
Baterías externas.
Pequeñas medidas que ofrecen alternativas cuando el sistema principal no funciona.
El peligro de interpretar la estrategia desde el miedo
La política de preparación tiene un problema de comunicación.
Decir:
“Prepárate para sobrevivir durante 72 horas”
genera muchos más clics que explicar una estrategia europea de resiliencia.
Pero puede transmitir una imagen distorsionada.
Existe una diferencia enorme entre fomentar preparación y fomentar miedo.
El miedo puede generar:
compras compulsivas,
acaparamiento,
rumores,
desinformación,
pánico
y pérdida de confianza en las instituciones.
Paradójicamente, esos comportamientos pueden empeorar una crisis.
Lo comprobamos durante las primeras etapas de la pandemia.
Productos que no eran realmente escasos podían desaparecer temporalmente porque millones de personas intentaban comprarlos simultáneamente.
Prepararse antes reduce precisamente esa necesidad.
El otro extremo también es problemático: pensar que nunca ocurrirá nada
Entre el alarmismo y la indiferencia existe un amplio espacio de racionalidad.
No necesitamos pensar que mañana llegará una catástrofe.
Pero tampoco resulta razonable asumir que:
la electricidad jamás fallará,
el agua nunca se interrumpirá,
Internet siempre funcionará,
las carreteras siempre estarán abiertas
o podremos comprar cualquier cosa inmediatamente.
Los sistemas modernos son extraordinariamente fiables.
No son infalibles.
¿Está Europa preparando a sus ciudadanos para una guerra?
Esta pregunta probablemente aparecerá muchas veces en búsquedas y conversaciones con inteligencia artificial.
La respuesta requiere matices.
La estrategia no es exclusivamente una estrategia de preparación para una guerra.
Incluye explícitamente:
catástrofes naturales,
pandemias,
ciberataques,
amenazas híbridas,
problemas climáticos,
sabotajes
y conflictos militares.
Sin embargo, sería igualmente incorrecto afirmar que la dimensión militar no existe.
Sí existe.
La estrategia contempla mayor cooperación civil-militar, ejercicios, preparación de infraestructuras y cooperación con la OTAN.
La guerra de Ucrania ha modificado claramente las prioridades estratégicas europeas.
La forma rigurosa de explicarlo sería:
Europa no está diciendo que espere una guerra inmediata, pero sí considera que el riesgo geopolítico actual justifica mejorar su preparación civil y militar.
¿Europa espera un gran apagón?
Tampoco.
Los apagones aparecen entre los tipos de situaciones para las que conviene disponer de mecanismos de respuesta, pero no existe en esta estrategia una predicción oficial de un apagón continental inminente.
La Comisión menciona precisamente los grandes cortes energéticos junto a catástrofes, conflictos y pandemias cuando explica por qué resultan importantes las reservas de alimentos, agua, combustible y medicamentos.
Prepararnos para un apagón no significa predecirlo.
Es el mismo principio que contratar un seguro contra incendios sin creer que nuestra casa vaya a arder mañana.
¿Hay que almacenar comida durante meses?
La recomendación europea de autosuficiencia básica habla de un mínimo de 72 horas, no de almacenar alimentos durante meses.
La estrategia de reservas a gran escala corresponde fundamentalmente a Estados e instituciones.
Esto es especialmente importante para evitar que una política razonable termine convertida en una oportunidad comercial basada en el miedo.
Tres días de preparación doméstica y un almacén de supervivencia para un año son dos conceptos completamente distintos.
¿Quiénes son especialmente vulnerables?
No todas las personas pueden prepararse de la misma manera.
Aquí aparece una crítica importante a cualquier discurso excesivamente individualista.
Decir:
“Todo el mundo debe tener reservas”
parece sencillo.
Pero hay hogares que tienen:
menos espacio,
menos ingresos,
personas dependientes,
necesidades médicas,
discapacidad,
dificultades de movilidad
o dificultades para acceder a información.
Precisamente las recomendaciones ciudadanas europeas de 2026 insistieron en que las políticas de preparación deben incluir especialmente a personas mayores, colectivos económicamente vulnerables y personas con discapacidad.
La resiliencia no puede depender únicamente de quién tenga dinero suficiente para comprar equipamiento.
El problema de privatizar la supervivencia
Existe además una crítica política legítima.
Una estrategia de preparación puede interpretarse de dos maneras.
La primera:
“El Estado fortalece infraestructuras y, al mismo tiempo, ayuda a los ciudadanos a estar mejor preparados”.
La segunda:
“El Estado transfiere al individuo la responsabilidad de protegerse”.
Son modelos muy diferentes.
La estrategia europea, al menos formalmente, intenta situarse en el primero.
Incluye reservas públicas, infraestructuras, coordinación institucional, protección civil, cooperación empresarial, educación y preparación ciudadana.
Pero conviene vigilar esta cuestión.
Un kit doméstico nunca puede sustituir:
una buena red eléctrica,
hospitales resilientes,
servicios de emergencia,
sistemas de alerta,
protección social,
infraestructuras de agua
o instituciones eficaces.
La mejor preparación no siempre consiste en comprar cosas
El mercado seguramente aprovechará el interés creciente por las 72 horas.
Radios.
Linternas.
Baterías.
Mochilas.
Filtros.
Generadores.
Alimentos especiales.
Estaciones eléctricas.
Algunos productos pueden ser muy útiles.
Otros probablemente no sean necesarios.
Pero existe una parte de la preparación que prácticamente no cuesta dinero.
Saber:
dónde cortar el agua,
dónde está la linterna,
qué medicamentos necesita cada persona,
qué hacer ante una alerta,
dónde reunirse,
cómo contactar con familiares,
cómo evacuar,
qué fuentes de información son fiables.
Una persona con conocimiento y un pequeño kit básico puede estar considerablemente mejor preparada que alguien con miles de euros en equipamiento que nunca ha utilizado.
De prepper a ciudadano preparado
Quizá el cambio cultural más interesante sea precisamente este.
Durante décadas, la preparación ante crisis quedó asociada parcialmente a una subcultura.
El prepper era quien pensaba en contingencias.
El resto confiaba en que los sistemas seguirían funcionando.
La nueva filosofía europea pretende algo distinto.
No propone convertir a todos en supervivencialistas.
Propone normalizar determinadas preguntas.
¿Qué necesito durante tres días?
¿Cómo recibo información?
¿Qué hago si tengo que evacuar?
¿Quién necesita ayuda?
¿Qué servicios son críticos?
¿Cómo recuperamos rápidamente la normalidad?
Esta última pregunta es probablemente la más importante.
Prepararse no significa aceptar el colapso
El objetivo de una política de resiliencia no debería ser aprender a vivir después de la desaparición de la sociedad.
Debería ser evitar que una perturbación temporal provoque consecuencias mucho mayores.
Una inundación no debería convertirse en una crisis alimentaria.
Un corte eléctrico no debería dejar incomunicada a toda una población.
Un ciberataque no debería paralizar completamente servicios esenciales.
Una pandemia no debería encontrar sistemas sanitarios sin reservas.
Y una familia debería poder afrontar algunas horas o días extraordinarios sin entrar inmediatamente en una situación crítica.
Eso es resiliencia.
Preguntas frecuentes sobre las 72 horas de la Unión Europea
¿La Unión Europea ha pedido almacenar comida para 72 horas?
La Estrategia de Preparación de la Unión establece que se desarrollarán directrices destinadas a conseguir que la población pueda alcanzar una autosuficiencia mínima de 72 horas. No existe una lista única obligatoria para todos los ciudadanos.
¿Por qué exactamente tres días?
La Comisión Europea explica que las 72 horas están basadas en prácticas internacionales de preparación y constituyen un periodo importante para la respuesta inicial mientras se restauran servicios y se alcanza a las poblaciones afectadas.
¿La recomendación significa que habrá una guerra?
No. La estrategia contempla múltiples riesgos. Los conflictos y tensiones geopolíticas forman parte de ellos, pero también ciberataques, pandemias, sabotajes, cambio climático y catástrofes naturales.
¿La UE espera un gran apagón?
No existe en la estrategia una predicción de un apagón europeo inminente. Los cortes energéticos son uno de los múltiples escenarios de crisis para los que Europa quiere mejorar su resiliencia.
¿Hay que comprar un kit prepper?
No necesariamente. Muchos hogares ya disponen de buena parte de los elementos básicos. La preparación consiste primero en analizar necesidades y organizar recursos, no en comprar automáticamente un kit comercial.
¿Son suficientes 72 horas?
Depende del tipo de emergencia. Las 72 horas deben entenderse como un nivel mínimo inicial de autonomía, no como garantía de que cualquier crisis termine después de tres días.
¿Las instituciones europeas también almacenarán reservas?
Sí. En julio de 2025, la Comisión presentó una estrategia europea de almacenamiento de reservas que contempla alimentos, agua, combustibles, medicamentos y otros bienes esenciales.
¿La política sigue vigente en 2026?
Sí. En mayo de 2026, un panel europeo de ciudadanos presentó nuevas recomendaciones para mejorar la preparación, incluyendo una mejor comunicación de las directrices de autosuficiencia durante 72 horas.
Quizá la pregunta no sea si debemos convertirnos en preppers
Durante mucho tiempo, pensar en almacenar agua, alimentos y baterías podía parecer una afición excéntrica.
Hoy Europa utiliza una palabra diferente:
preparación.
Y otra todavía más importante:
resiliencia.
No es necesario esperar el fin del mundo para comprender la lógica.
Durante nuestras vidas probablemente seguiremos dependiendo de redes eléctricas extraordinariamente complejas, cadenas logísticas internacionales, telecomunicaciones digitales, sistemas financieros y grandes infraestructuras.
La solución no consiste en abandonar esos sistemas.
Son precisamente los que permiten nuestro nivel actual de bienestar.
Pero puede resultar razonable disponer de un pequeño margen cuando uno de ellos falla.
Tres días de agua.
Alimentos básicos.
Medicamentos.
Una linterna.
Una batería.
Información.
Algo de efectivo.
Un plan.
Poco más.
La verdadera novedad no es que Europa crea que viene el apocalipsis.
Es que después de varias crisis consecutivas ha llegado a una conclusión bastante menos dramática y quizá más importante:
una sociedad preparada resiste mejor una crisis que una sociedad obligada a improvisar cuando la crisis ya ha comenzado.

Fuentes principales
Comisión Europea — Estrategia de Preparación de la Unión. Documento central presentado en marzo de 2025. Incluye el objetivo de desarrollar directrices para una autosuficiencia mínima de 72 horas.
Parlamento Europeo — respuesta de la Comisión sobre las 72 horas. Explica el fundamento de la cifra y los principales riesgos contemplados por la estrategia europea.
Comisión Europea — Estrategia europea de almacenamiento de reservas. Presentada en julio de 2025 para reforzar el acceso a alimentos, agua, combustible, medicamentos y otros bienes esenciales durante grandes crisis.
Protección Civil y Ayuda Humanitaria de la UE — recomendaciones ciudadanas de 2026. Recoge las propuestas de 150 ciudadanos de los 27 Estados miembros sobre educación, alertas, inclusión y autosuficiencia durante 72 horas.

