Un necesario cuento que a través del humor invita a repartirse las tareas del hogar

Hoy entrevistamos a Magela Demarco, autora de “Un papá con delantal“, un necesario cuento que a través del humor invita a repartirse las tareas del hogar de igual forma entre hombres y mujeres ¿Qué te motivo a escribir un cuento igualitario?

Me gustó esto de jugar con la idea de que sea un señor (que se llama Amador y en catalán es Salvador) a quien la mamá contrata para hacer las tareas del hogar, porque es algo que no ocurre en la realidad, o al menos en Argentina, todas las personas que uno contrata para trabajar son mujeres. Y, a decir verdad, no son muchos los hombres que barren, pasan el trapo, hacen las camas, limpian los vidrios, lavan la ropa, ordenan la casa, hacen las tareas con las hijas y los hijos, los llevan al médico… A lo sumo hacen una cosa o dos cosas de todas esas, pero la mayoría las seguimos haciendo las mujeres, además de salir a trabajar, claro.

Cuando convivíamos con el padre de mi hijo, luego de discutir por estas cuestiones (entre otras tantas) habíamos quedado en que él sacaría la basura. En Argentina, hay que dejarla en el contenedor de la vereda a determinado horario… ¡Tres días! Estuvo la basura esperando ilusionada, pero siempre a él se le pasaba el horario… Hasta que al cuarto, no aguanté más –el olor tampoco se aguantaba– y la llevé yo. O esto de usar un vaso y no lavarlo, como si los vasos se autolavaran, secaran y guardaran solos o como si fuera obvio que es una tarea que les corresponde ¡¿a las mujeres?! O en reuniones con amigos/os y conocidas/os, quienes siempre se levantaban a retirar los platos y sobrantes de la mesa luego de comer, casi siempre éramos las mujeres, ¿y a que no saben quiénes lavaban los platos mientras ellos hacían la entremesa? Sí, adivinaron. ¡Nosotras! Me da pereza de solo contarlo… Esos son algunos de los tantos e infinitos ejemplos de la vida diaria… Despareja, desigual, androcéntrica… Machista.

Estas estructuras inequitativas y patriarcales se van –y las vamos– transmitiendo de generación en generación. Y por eso, en el cuento la protagonista se pregunta por qué su mamá hizo tanta diferencia en la crianza entre ella y su “hermanito” menor:

“En ese momento miré fijamente a mi hermano Santi, que no sabe prepararse ni un zumo de naranja, y eso que ya tiene ocho años, y también la miré a mamá, que le hace las cosas porque dice que ´todavía es muy pequeño´. ¡Pero si yo desde hace mucho ayudo con algunas tareas de la casa!, me hago las coletas desde los cinco, y me sé preparar el desayuno desde los siete… ¿Será que los hombres se hacen mayores muchos años después que las mujeres? Y entonces me acordé y miré a mi papá, que ya tiene canas y algunas patas de gallo (aunque las quiere disimular poniéndose cremas antiedad), y pensé: ¿papá todavía sigue siendo pequeño? ¿Cuándo crecerá?”, reflexiona la nena.

 “Empezar a mostrar es empezar a poder ver”… No es mía la frase, está en el libro “Cómo criar hij@s no machistas”. Me gusta mucho, porque creo que exhibir estas diferencias y cuestionarlas es un paso hacia adelante para poder comenzar a concientizar las cosas que están naturalizadas y que, sin embargo, no tienen nada de natural.

¿Conoces en la vida real a algún “papá con delantal”?

Tengo algunos amigos y un par familiares que se ponen el delantal y hacen estas tareas de forma igualitaria 50y 50, (o casi) pero son especímenes diría que aislados, no puedo decir en extinción porque nunca hubo muchos, siempre fueron rarezas, excepciones entre el género masculino.

Se habla mucho sobre “feminismo” pero muy poco sobre “nuevas masculinidades” ¿Por qué crees que sucede esto?

Me gustaría aclarar algunas cuestiones en las que creo… Primero, que el feminismo no es lo opuesto al machismo. El feminismo nace como respuesta al patriarcado, al androcentrismo y al machismo en el que vivimos a nivel mundial. Lo que busca el feminismo es mostrar estas desigualdades, visibilizarlas, hacerlas explícitas para así poder desnaturalizarlas y modificarlas, ya que no tienen nada de natural, ni de justo. Por eso, el feminismo lo que busca es la igualdad entre hombres y mujeres. No es necesario ser mujer para ser feminista, un hombre puede serlo. De hecho, deberían serlo si lo que buscan es un mundo justo, igualitario y equitativo.

Y, a decir verdad, creo que todas y todos deberíamos ser feministas, porque vivimos en un mundo machista, y fuimos criadas y criados en un mundo machista. La mirada de nuestra familia al formarnos tuvo una mirada machista, la del colegio adonde fuimos a aprender, la de los medios de comunicación, la del verdulero de la esquina, la de nuestras abuelas cuando nos decían: “Pórtate como una señorita”, “No te llenes de moretones las piernas que se te van a ver con la pollera”, “Que no se te pase el arroz”, “Pintate los labios”… Todos esos son discursos machistas naturalizados. Ellas lo decían desde el amor, desde darnos “buenos consejos para la vida”, ni siquiera eran consientes de esa mirada androcéntrica que nos estaban transmitiendo. Son conocidos los números de la desigualdad de género en el mundo. Después de ver esos números, todo el mundo debería ser feminista.

Creo que se habla menos de las “nuevas masculinidades” porque los hombres no se terminan de poner a tiro en esto de la igualdad de género. Les cuesta ceder para quedar parejos. Y los que quieren, muchas veces quedan a mitad de camino. Por eso la fuerza, el motor del cambio sigue estando en las mujeres y en nuestras luchas por la igualdad y la equidad.

¿Qué tipo de cuentos infantiles te resultaron más inspiradores en tu vida?

Leer y que me leyeran en general me resultó muy inspirador. Me abrió las puertas a la imaginación, a otros mundos, a la fantasía, a otras realidades, a otras posibilidades, imágenes, sensaciones, historias infinitas. Mis primeros cuentos de niña fueron los Musicuentos de Viscontea que venían con el disco para escuchar. De tapa verde, gigantes para mí en aquella época, en donde venían contados muchos de los clásicos, de una manera muy atractiva. Recuerdo esperar ansiosa a que me los trajeran. Se vendían en los kioscos de revistas. Ahí, de pequeña y sin saber leer aún, comenzó mi camino lector.

¿Crees que las narrativas pueden ayudar a empoderar a los nuevos modelos de familia?

Sí, creo que pueden poner en el tapete, mostrar, exhibir y cuestionar estos temas y muchos otros, como los distintos tipos de familia, de relaciones. Cada pareja es un mundo y no hay un único manual para funcionar e interrelacionarse. (Ya va siendo hora de que muchos lo sepan =)

DECÁLOGO ‘UN HOMBRE POR LA IGUALDAD’ DE AHIGE

Un hombre por la igualdad es aquel que:

1. Se acepta a sí mismo como producto de su tiempo y cultura.

2. Ha iniciado un camino personal de búsqueda y replanteamiento interno de sus valores, esquemas, mecanismos, conductas y pensamientos.

3. Mantiene una actitud de cambio en sus relaciones con las mujeres, en las que ya no tolera ningún tipo de desigualdad en razón del sexo.

4. Apoya activamente las justas reivindicaciones de las mujeres contra el sexismo. Comprende que no basta con las palabras y que es necesario que los hombres se posicionen activa y públicamente sobre el tema.

5. Está aprendiendo a verse como un ser sensible, afectivo y, sobre todo, vulnerable. Además, está intentando superar su tradicional aislamiento emocional.

6. Ha iniciado un proceso de replanteamiento de la relación con sus hijos e hijas. Ya no acepta continuar con un papel secundario e intenta que la relación sea más completa, aprendiendo a implicarse directamente con ellos y ellas.

7. Intenta ir superando el miedo y el rechazo ante situaciones de cercanía y complicidad con otros hombres. Comprende que la compañía y la ayuda de otros hombres le es necesaria para su desarrollo vital. Acepta su apoyo y está aprendiendo a no verlos como competidores.

8. Avanza en un proceso de renovación de su sexualidad, intentando vivirla de forma más natural y plena, sin los determinantes que el modelo tradicional masculino le ha impuesto.

9. Ha comenzado a cambiar su actitud hacia la homosexualidad, reconociendo que las personas homosexuales sufren una situación de discriminación que ha de ser combatida activamente. Analiza su relación personal con este tema.

10. Y, por supuesto, ha adoptado una actitud de tolerancia cero hacia la violencia de género que ejercen los hombres sobre las mujeres. Ha comprendido que el silencio nos hace cómplices.

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