El artista israelí Shahak Shapira ha realizado una polémica campaña para concienciar sobre el Holocausto. Esta iniciativa busca devolver el respeto al espacio dedicado a la memoria de las víctimas de aquellas atrocidades. Para ello, escogió fotos de turistas posando en el memorial al Holocausto de Berlín y las comparó con el verdadero horror que allí se vivió. Nos encantaría conocer vuestra opinión de una campaña que cosecha fans y detractores por igual.

Shapira actualmente vive en Berlín y, cansado de ver cómo los turistas se acercaban al monumento de Peter Eisenman para hacerse fotos y selfies -como si de una obra turística se tratara- emprendió esta iniciativa.

Su nombre es Yolocausto y consiste en una crítica mordaz sobre la banalización que se da actualmente en la sociedad a muchos sucesos históricos a los que no se les tiene ningún respeto. Recordemos que en el Holocausto hubo más de 15 millones de víctimas, muchas de ellas estuvieron encerradas en campos de concentración, otras realizaron trabajos forzados en fábricas y muchas murieron.

Cuando ves la comparativa de fotografías de Shapira, entiendes lo ridículo que resultan muchas de estas fotos sin consciencia en este emblemático sitio. ¿Este monumento es realmente un sitio para hacer selfies con los amigos?


Este es el mayor monumento a los judíos de Europa Asesinados, popularmente llamado Monumento del Holocausto. Está compuesto por 2.711 losas de hormigón de diferentes alturas que forman un gigantesco cuadrado gris de 19.000 metros cuadrados.

Se inauguró en mayo de 2005,  con el afán de recordar a los seis millones de judíos víctimas del holocausto y se ha convertido en uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad.

Después de su exitosa campaña quedan muy pocas fotos dobles de las aparecidas originalmente en Yolocausto. El autor dejó la posibilidad de desaparecer del proyecto si las personas se reconocían en las imágenes, tan solo debían enviar un correo electrónico.

Pero no es la primera vez que alguién pide mesura en publicaciones y fotografías de ciertos acontecimientos históricos. Sin ir más lejos en 2014, una adolescente estadounidense llamada Breanna Mitchell, publicó, publicó un selfie en Twitter.

“Selfie en el Campo de Concentración de Auschwitz”, escribió, añadiendo una carita feliz ruborizada.

La repercusión no fue instantánea, pero un mes más tarde alguien la descubrió y la retuiteó. A las pocas horas había tomado mucha relevancia y terminó saliendo de Twitter a esos sitios hambrientos de noticias y de ahí a su móvil.

Sin casi inmutarse, Mitchell se unió al número creciente de personas que hicieron publicaciones sin filtrar nada. Poco sentido común que siendo rechazados públicamente. También sirvió para abrir el debate sobre cuál es el comportamiento apropiado en los sitios conmemorativos.

Por otro lado conocemos iniciativas como la de Karen Pollock, directora ejecutiva del Holocaust Education Trust, proyecto desarrollado en Londres, que trabaja con profesores y jóvenes preparándolos para visitar Auschwitz y otros monumentos conmemorativos del Holocausto.

Para ello buscan concienciar a los jóvenes sobre el comportamiento más oportuno a la hora de visitar estos lugares tan trágicos. A ella le han impresionado las imágenes de “Yolocausto” y las ha calificado de poderosas. Su posición es mediadora, y dentro de su iniciativa busca crear discusiones constructivas sobre lo que trasmiten y quieren transmitir con una imagen de ese entorno.

Otra de las personas que se pronunció acerca de la campaña es el diseñador del propio monumento, el arquitecto de Nueva York Peter Eisenman, quien defiende que el monumento debe ser  un hecho cotidiano, no una tierra sagrada.

¿Vosotros qué opináis?


¿Quieres recibir más historias como esta por email?

Suscríbete a nuestra Newsletter: