Marcel Proust fue uno de los escritores modernos franceses más importantes internacionalmente. Influenciado por el impresionismo y precursor del simbolismo literario, creó una de las obras más importantes de la literatura universal, la novela En busca del tiempo perdido, escrita en siete partes desde 1907 a 1922 y acabada de publicar en 1927.

Proust describió, con una sensibilidad inusual y una capacidad lingüística, imaginativa y simbólica para llegar como una flecha teñida de olores y sabores a las sensaciones y emociones más hondas de los lectores, la reflexión sobre el amor, el recuerdo y el arte, las pasiones y las relaciones humanas atravesadas por un halo nutrido del fracaso y el vacío de la existencia que sentía Proust, pero que a la vez, le hacía valorar la suerte y la belleza de la vida. Con la segunda obra del compendio ganó el premio Goncourt, reconocido internacionalmente.

Siempre expresó motivos que enriquecen el alma humana, ya sea a través de la vida, el arte o el amor, tal y como dice su frase “El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma”. También tuvo palabras de esperanza y de utilidad espiritual; sacralizó el sufrimiento con frases como “La felicidad es saludable para el cuerpo, pero es la pena la que desarrolla las fuerzas del espíritu.”

Con una delicada salud, Proust consiguió escribir a tiempo completo, y gracias a su insistencia acabó teniendo un merecido éxito. Un hombre plenamente literario se sirvió de sus recuerdos, de la memoria del pasado y de su imaginación para hacer que la decadencia de la nobleza francesa de finales del siglo XIX resultara una preciosidad histórica en sus obras. Estas pecaban de una fuerte consciencia de los valores y pensamientos del ser humano.

Las palabras de Proust siempre fueron alentadoras y hacían que quienes las leían amaran las virtudes de la vida. Además, eran (y son) palabras fuertemente educativas, como demuestra esta frase llena de lucidez: “El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos”.

Proust nació en Auteuil en 1871 y murió en París el 18 de noviembre de 1922. Hoy, siendo el aniversario del final de su vida, pero no el de su alma, lo seguimos recordando con este texto y las siguientes frases maravillosas:

“A partir de cierta edad hacemos como que no nos importan las cosas que más deseamos”.

“En cuanto somos desdichados, nos volvemos morales”.

“La ambición embriaga más que la gloria”.

“La felicidad en el amor no es un estado normal”.

“La gente desea aprender a nadar y al mismo tiempo mantener un pie en tierra”.

“Las ideas son sucedáneos de los dolores: desde el momento en que estos se transforman en ideas, pierden una parte de su acción nociva sobre nuestro corazón y hasta, en el primer momento, la transformación misma desprende súbitamente alegría”.

“Nuestros deseos se ponen trabas mutuamente y en la confusión de la vida raras veces una dicha corresponde exactamente a aquel que la había reclamado”.

“Resulta asombrosa la poca imaginación de los celos, que pasan el tiempo haciendo suposiciones falsas, cuando de lo que se trata es de descubrir la verdad”.

“Somos sanados del sufrimiento solamente cuando lo experimentamos a fondo”.

“Una obra de arte que encierre teorías es como un objeto sobre el que se ha dejado la etiqueta del precio”.

“Una ausencia; el rechazo de una invitación a cenar; una rudeza inintencionada, inconsciente, son mucho más útiles que todos los cosméticos y prendas elegantes del mundo”.

“A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear”.


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