muhimu.es

La vida no es un juego de azar. No es un casino donde invertir tus días. Es una obra de arte para contemplar y crear. Siente, ama, crea.

Lo que Pluribus nos enseña sobre la mente colmena

Merece ser compartido:

En la era de la recompensa inmediata, del scroll infinito y de la atención menguante, el creador del universo de Breaking Bad, Vince Gilligan, nos propone una serie construida desde la paciencia: una obra en la que un capítulo entero puede girar alrededor de una sola revelación, mientras, en segundo plano, pequeños detalles van dando profundidad a los personajes y entrelazando unas tramas con otras. Fotografía impecable, pocos personajes —pero carismáticos e interesantes— y conceptos contundentes: eso es lo que encontramos en Pluribus.

Eso sí: la serie exige paciencia y atención porque, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta, es una respuesta frontal al ritmo frenético que imponen los algoritmos y a la pérdida de libertad e individualidad que ese ritmo suele arrastrar. Porque sí, Pluribus es postapocalíptica, pero el apocalipsis que plantea no se construye con sangre, violencia o destrucción visible. Al menos, no a simple vista.

Por culpa de una especie de virus extraterrestre, todo el mundo —todo el planeta— pasa a formar parte de una única mente colmena. Se roba la identidad individual de cada ser humano y la humanidad queda fundida en un solo ente. Los pocos individuos inmunes a ese “contagio” deberían luchar por la supervivencia de la humanidad tal como la conocemos. O, al menos, eso sería lo esperable, ¿no? Porque, en el fondo, ¿cómo se lucha contra un enemigo que no se presenta como tal, que siempre llega con una sonrisa y con ganas de satisfacer tus deseos? ¿Cómo reconoces al enemigo si parece cualquier cosa menos un enemigo?

En este artículo, primero haré un análisis conceptual de la temporada y, después, en una segunda parte, analizaré el final: qué respuestas ha ido dejando la serie y qué podría ocurrir en una segunda temporada. Y ahora sí: empecemos por el análisis conceptual.

Análisis conceptual

Pluribus puede entenderse como una reivindicación de la individualidad: lo genuino frente a lo prefabricado, la originalidad frente a lo anodino. Defiende esa belleza que habita en la imperfección y sugiere que, de algún modo, la suma de esas singularidades es lo que termina dando sentido a lo humano. Sin ellas, somos otra cosa: una mente alienígena que, quizá, haga que el planeta “funcione mejor”, pero a costa de perder aquello que nos define.

En este ensayo hablaré de la individualidad, de la sociedad hiperconectada e hiperestimulada en la que vivimos y de cómo funciona internet hoy. Podemos entender la individualidad como el conjunto de cualidades que nos hacen únicos e irrepetibles. Hace unos años, antes del auge de internet y de la hiperconexión global, la expresión individual parecía más orgánica: nacía del entorno, de la música que escuchábamos, de las películas que veíamos, de las actividades que hacíamos, incluso de la moda asociada a todo ello.

Tengo la sensación de que había más distancia estética entre unas personas y otras; existían tribus urbanas más marcadas que, con el tiempo, se han ido diluyendo, quizá en parte —o quizá aceleradas— por la llegada de internet. Es una sensación parecida a la que se percibe en la arquitectura o en los logotipos corporativos: todo tiende a aplanarse, a perder color, a volverse homogéneo. Lo plano y lo “seguro” dominan. Todo tiene que ser rápido y consumible, y muchas veces parece que se evita diferenciarse por miedo al rechazo.

Ese empobrecimiento también se traslada al individuo. Y aquí internet se vuelve una pieza clave: aceleró la conectividad y, con ella, una estandarización cultural que erosiona la expresión propia. Estamos siempre conectados, expuestos a los mismos estímulos, a los mismos artistas, a las mismas recomendaciones, a los mismos patrones de consumo dictados por algoritmos. La cultura se convierte en un producto de consumo rápido que, de manera sutil, empuja a que todos compremos lo mismo. Y eso, inevitablemente, vuelve menos genuina la expresión individual, cada vez más guiada por trends.

Por eso, para mí, la primera temporada de Pluribus es una declaración de guerra contra esta forma de vida cimentada en algoritmos. Carol encarna esa individualidad: es creativa, cabezota, incluso desagradable. Es humana. Y se enfrenta a una humanidad convertida en un solo cuerpo que, al menos de momento, no intenta dañarla… pero sí absorberla. Quiere sumarla a esa felicidad colectiva que han construido, y lo hacen con un argumento seductor: “es por ti, para que seas feliz”. Pero la pregunta es inevitable: ¿seguirá existiendo como individuo? ¿Qué se pierde, exactamente, en ese proceso?

Volvamos a internet: como pequeños virus que hemos dejado entrar por las pantallas, hemos cedido el control de lo que consumimos a algoritmos que responden a intereses comerciales. Hemos entregado nuestro tiempo libre, nuestro ocio y hasta nuestro aburrimiento a la promesa del estímulo perpetuo: una cascada infinita de “nuestras cosas favoritas”, afinada segundo a segundo para retenernos más. Una máquina diseñada para evitar el vacío, para enganchar a nuestro cerebro a recompensas rápidas y predecibles.

Y cuando empezábamos a comprender esa dinámica, apareció otra bestia en la misma habitación: la inteligencia artificial. En Pluribus, la mente colmena pone a toda la humanidad al servicio de Carol. Todo está ahí para complacerla, para hacerla feliz, para ofrecerle exactamente lo que desea. Le envían a la persona que podría resultarle más atractiva. La seducen. La distraen. Le roban tiempo. Y, mientras tanto, siguen buscando la manera de conectarla, de integrarla, de convertirla en parte del sistema. Igual que muchas plataformas hacen con nosotros.

Por eso no es fácil juzgar a Carol por empezar a enamorarse de Sosia —o de lo que Sosia representa—. Sobre el papel, sabemos que ahí no hay una persona “real”, sino un ente hablando a través de un rostro. Carol también lo sabe y por eso al principio confronta esa realidad. Pero nosotros hacemos algo parecido: sabemos que el móvil nos roba tiempo, que nos dispersa, que nos fragmenta la atención… y aun así volvemos. Porque la evasión, el aburrimiento, la soledad o el dolor se anestesian, aunque sea un poco, con esa distracción.

Y aquí la analogía se refuerza: no todo lo que se ofrece con una sonrisa y parece perfecto para ti está pensado para tu bien. El arco de Carol funciona como advertencia: lo seductor puede ser, precisamente, lo más peligroso.

Cuando Zosia le dice a Carol que quieren unirla a la colmena “porque la aman”, la frase adquiere un peso distinto si la leemos a la luz del pasado de Carol. Ahí se abre una resonancia íntima y dolorosa: un recordatorio de su madre.

Carol menciona que, de niña, su madre la envió a un campamento de conversión. No cuesta imaginar —y, de hecho, encaja con una lógica tristemente reconocible— que una de las justificaciones que acompañaron esa decisión fuera precisamente esa: “lo hago porque te quiero”, “lo hago por tu bien”, “te amo”. Es decir: el amor como envoltorio moral de una violencia que busca corregir, normalizar o borrar una identidad.

Por eso, cuando la colmena se presenta como amorosa, cuidadora, incluso “salvadora”, la serie no está ofreciendo un consuelo, sino un mecanismo de captura. La promesa afectiva no neutraliza la pérdida: la hace más difícil de resistir. En la vida de Carol, “te amo” pudo significar también “no acepto quién eres” y “voy a decidir por ti”. En la colmena, “te amamos” puede funcionar igual: una coacción sin golpes, pero con el mismo núcleo, porque el objetivo no es acompañarla como es, sino integrarla, disolverla, reemplazar su singularidad por una pertenencia total.

Así, la propuesta de la colmena deja de ser solo una metáfora sobre algoritmos, seducción y estímulo: se convierte también en un comentario sobre ciertas formas de amor posesivo o paternalista, ese amor que no pregunta ni escucha y que, por eso mismo, puede volverse una herramienta de control. En Carol, esa herida previa explica por qué la frase de Zosia no es un gesto romántico, sino una alarma: el eco de una experiencia en la que el “amor” se usó para legitimar la negación de su identidad.

La serie también toca dos temas que encajan con precisión en este espejo de internet. Primero, la soledad: Carol puede hablar con cualquier individuo conectado a la mente colmena, pero eso no alivia su aislamiento. Puede “hablar con todos” y, al mismo tiempo, no estar hablando con nadie. Es una sensación muy cercana a la de ciertas conexiones superficiales en redes: más conectados que nunca, pero, a veces, más solos que nunca.

Segundo, la intimidad: a Carol le duele que su vida, sus vivencias y su interioridad ya no le pertenezcan. Todo pasa a formar parte de esa bestia voraz de conocimiento. Y nosotros hacemos algo parecido al volcar la vida en plataformas: entregamos experiencias, emociones, hábitos y datos. A menudo parece inocuo… hasta que se filtra algo que nos incomoda, hasta que alguien lo usa para dañarnos o hasta que recordamos que, en muchos casos, nuestra vida —convertida en datos— es mercancía.

Y en ese punto, la pregunta que deja Pluribus no es solo “qué harías tú”, sino “qué estás haciendo ya”: qué cedemos a cambio de comodidad, compañía, estímulo o una felicidad rápida; y qué parte de nosotros se va diluyendo, casi sin ruido, en el proceso.

Lo que Pluribus nos enseña sobre la mente colmena 1
Lo que Pluribus nos enseña sobre la mente colmena 3
  1. “Pluribus – neatly styled Plur1bus on screen, to evoke further the unofficial motto of the US ‘E pluribus unum’ (‘Out of many, one’)”
  1. “Yes, but wouldn’t it be almost more terrible if everybody just … got along?”
  1. “the audacity of the question is incredible.”
  1. “We just want to help, Carol”
  1. “It’s not an alien invasion,” … “The fuck it isn’t!”
  1. “So begins an interrogation of what is lost when everyone is in agreement.”
  1. “When there is but one mind, no variation – are we still human?”
  1. “Wouldn’t it just be better, easier – they ask – to let go?”
  1. “Pluribus also functions brilliantly as a portrait of (especially) middle-aged womanhood and as an allegory of abusive relationships.”
  1. “This show was made by humans.”
  1. “might provide a model for other filmmakers seeking to highlight that their work was made without the use of generative AI.”
  1. “I hate AI.”
  1. “a cow chewing its cud — an endlessly regurgitated loop of nonsense.”
  1. “Thank you, Silicon Valley!” … “Yet again, you’ve f—ed up the world.”
  1. “AI is the world’s most expensive and energy-intensive plagiarism machine.”
  1. “I have not used ChatGPT, because, as of yet, no one has held a shotgun to my head and made me do it,”
  1. “I will never use it. No offense to anyone who does.”
  1. “bananas. The same as the first episode.”
  1. “You win. We save the world,”
  1. “Atom bomb,”
Lo que Pluribus nos enseña sobre la mente colmena 2
Lo que Pluribus nos enseña sobre la mente colmena 4

“You make even one person happy? Maybe that’s not art. It’s something.” — Helen (T1E1 “We Is Us”).

“We just wanna help, Carol.” — Multitud (T1E1 “We Is Us”).

“We’re all one.” — Davis Taffler (T1E1 “We Is Us”).

“We don’t know, exactly. It just does!” — Davis Taffler (T1E1 “We Is Us”).

“You said my life was my own.” — Carol Sturka (T1E1 “We Is Us”).

“It is. One-hundred percent.” — Davis Taffler (T1E1 “We Is Us”).

“So what happens when I say no?” — Carol (T1E1 “We Is Us”).

“But as we say, your lives are your own.” — Zosia (T1E2 “Pirate Lady”).

“Only I get to remember her.” — Carol (T1E3 “Grenade”).

“You just don’t know it.” — Zosia (T1E3 “Grenade”).

“We’ve been you. But you’ve never been us.” — Zosia (T1E4 “Please, Carol”).

“Our feelings for you haven’t changed, Carol.” — Contestador/Grabación (T1E5 “Got Milk”).

“Enjoy that opinion!” — Carol (T1E5 “Got Milk”).

“Relish it!” — Carol (T1E5 “Got Milk”).

“We can’t pluck an apple from a tree.” — John Cena (T1E6 “HDP”).

“Your wellbeing is of the utmost importance to us.” — John Cena (T1E6 “HDP”).

“Nothing on this planet is yours.” — Manousos Oviedo (T1E7 “The Gap”).

“I wish to save the world.” — Manousos (T1E7 “The Gap”).

“Someone has to put the world right,” — Carol (T1E8 “Charm Offensive”).

“It’s not an alien invasion,” — La presidenta (mencionada en crítica, citando diálogo) (T1, arranque de la serie).


Merece ser compartido: