“Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo”.

De esta forma definía Johann Wolfgang Goethe al maestro del órgano del Barroco. Así describía al espiritual, devoto y al más grande inspirador musical de todas las épocas, Johann Sebastian Bach.

Tan solo escuchar su nombre ya transmite la dimensión de lo sagrado, sobre todo para aquel que haya tenido la gran oportunidad de escuchar algunas de sus obras. No ha habido en la historia un músico que haya llegado tan alto en la esfera de lo espiritual como Johann Sebastian Bach. Se dice que no se puede escuchar su música en cualquier circunstancia: se necesita la preparación de un “yo interno”, un “yo” en comunicación con lo divino. Digamos que la música de Bach invoca un tipo de religión al que solo se llega desde el arte, en este caso, desde el arte de la música.

Si unos extraterrestres llegasen a la Tierra y tuviéramos que dar ejemplos de artistas que han transgredido en el arte y, sobre todo, que han sabido conmover y enriquecer el alma humana de un modo sublime, uno de los primeros que querríamos compartir sería a Johann Sebastian Bach. No es casualidad pues, que su música haya sido incluida tres veces —más que ningún otro compositor— en el Disco de oro de las Voyager, una grabación fonográfica que contiene un amplio conjunto de imágenes, sonidos comunes, lenguajes y música de la Tierra enviada al espacio exterior con las sondas espaciales Voyager.

Así como bien decía el músico Johannes Brahms: “Un estudio de Bach. Allí encontrará todo”. Y así es, de la música de Bach puedes aprender la esencia del arte y de la vida, aquello que es difícil de transcribir, pero que se presiente y se siente en los más alto de nuestro ser. Escuchando su música, los valores más humanos y la vitalidad de la naturaleza se entremezclan para formar lo divino de la vida; aquello que nos hace sentir más allá de la realidad y la pura materialidad de las cosas.

Retrato de Bach realizado por Elias Gottlob Haussmann (1746). El original se encuentra en el museo Altes Rathaus de Leipzig

Como bien decía el músico del romanticismo Robert Schumann: “Solamente hay uno de quien los demás podríamos sacar algo nuevo: Johann Sebastian Bach”, y es que Bach ha sido y será maestro y profeta de todos los tiempos. Es más, se dice siempre aquella frase tan veraz de “hay un antes y un después de Bach” porque renovó las formas musicales anteriores a él y dibujó un camino a seguir que, después de tantos años, sigue trazando desde el otro mundo. Tantos artistas, escritores y pensadores han alabado a Bach, tantas obras ha influenciado y tantas vidas humanas ha emocionado…

Como bien decía Richard Wagner, “es imposible describir la inmensa riqueza de su música, su naturaleza sublime y su valor universal, comparándola con cualquier otra cosa en el mundo”. Porque Bach es, y será, universal: todas las culturas pueden comprenderlo, llega a lo más hondo de nuestra alma.

Se dice que sus obras más representativas y bellas son Los conciertos de Brandenburgo, La pasión de San Mateo y Las variaciones Goldberg.

Bach hablaba y se expresaba con su música, pero también poseía una gran sabiduría. Un día como hoy, pero del año 1750, este gran artista nos dejó. Por eso, hoy queremos darle homenaje y compartir algunas palabras que nos llegan al alma:

“Vive como lo harías para no avergonzarte en el caso de que se divulgara lo que haces, aún en el caso de que fuera mentira lo que se divulga”.

Imagen: Disco de oro de las Voyager o “The Sounds of Earth”

“El único propósito y razón final de toda la música debería ser la gloria de Dios y el alivio del espíritu”.

“Donde está la música devocional, Dios con Su gracia está siempre presente”.


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