Actualizado el sábado, 27 septiembre, 2025
En los últimos años, el término woke ha sido usado como un arma política para desacreditar cualquier representación de diversidad en la cultura popular. Lo que comenzó como un término positivo dentro de movimientos de justicia social para describir la conciencia sobre el racismo y la discriminación, ha sido tergiversado por ciertos sectores para atacar cualquier intento de inclusión. Sin embargo, lo que muchas veces se etiqueta injustamente como “woke” no es más que la evolución natural de la representación en el cine y la televisión.
Pero hay ocasiones en las que la acusación de wokeismo no es un simple ataque reaccionario, sino que señala un problema real: la inclusión mal entendida, la apropiación cultural y la instrumentalización de minorías con fines de lucro o validación social. Un caso reciente que ilustra esta cuestión es la película Emilia Pérez.
Exageración de las críticas: Se argumenta que la polémica alrededor de Emilia Pérez ha crecido desproporcionadamente, y que el éxito de la película demuestra que sigue generando interés.
Hipocresía en la crítica a lo «progre»: Si Hollywood solo premiara lo progresista, entonces otros actores y producciones trans también recibirían el mismo reconocimiento, lo que no ha sucedido.
Paralelismo con la cultura del narco: La representación de narcotraficantes en la cultura pop ha evolucionado con el tiempo, desde los narcocorridos hasta series como Narcos o El Señor de los Cielos. Emilia Pérez forma parte de esta tradición, aunque con una perspectiva diferente.
La narcocultura y su impacto: Se argumenta que el narcotráfico es un fenómeno cultural complejo, no solo una glorificación del crimen. Los narcocorridos y otras expresiones artísticas reflejan la realidad de muchas personas en México.
Doble moral en la representación cinematográfica: Películas como Nuevo Orden y Bardo han sido criticadas por explotar la violencia en México, pero se cuestiona por qué Emilia Pérez ha generado una reacción más intensa.
¿Es Emilia Pérez pornomiseria?: Se concluye que la película no encaja en este término, ya que no se enfoca en la precariedad o en mostrar el sufrimiento de manera condescendiente para la audiencia extranjera.
La visión colonialista de la película: Se sugiere que Emilia Pérez es una mirada externa y estereotipada de México hecha por un director francés, lo que genera incomodidad y rechazo en el público mexicano.
Uso de clichés y apropiación cultural: Se critica la superficialidad con la que la película retrata la cultura mexicana, incluyendo el uso de elementos estereotipados como guacamole, mezcal y narcos glamurizados.
Representación trans y su problematización: Se cuestiona si la historia de una narcotraficante trans refuerza estereotipos transfóbicos, aunque también se menciona que la película evita simplificar la identidad de género como un elemento de redención.
La recepción de Hollywood y su ironía: Se plantea que la película ha sido bien recibida en círculos de élite porque es subversiva y polémica, no necesariamente porque sea progresista o tenga un mensaje claro sobre México.
¿Es cine de autor o solo mal gusto?: Se compara con el cine de John Waters, sugiriendo que Emilia Pérez busca ser deliberadamente extravagante e incómoda, algo que Hollywood está premiando como una provocación estética.
Impacto en la imagen de México: La película contribuye a la visión extranjera de México como un país exótico y violento, lo que encaja en las estrategias de soft power y promoción cultural del gobierno mexicano.
Reflexión final: Se concluye que la controversia en torno a Emilia Pérez revela tensiones sobre cómo se representa a México y su narcocultura en el cine internacional, y que el rechazo del público mexicano es una respuesta válida ante una mirada externa reduccionista.
Emilia Pérez: Cuando la inclusión se convierte en estereotipo
Dirigida por Jacques Audiard, Emilia Pérez es una película que, en teoría, busca celebrar la diversidad al contar la historia de un narcotraficante mexicano que transiciona de género. Sin embargo, lejos de ser una obra que aporte a la representación trans y mexicana, la película ha sido criticada por los mismos colectivos que pretende retratar.
Los problemas no son menores:
- Una visión exotizada y simplista de la realidad mexicana
Hollywood y el cine europeo tienen una larga historia de representar a México desde la mirada del extranjero, perpetuando clichés de violencia, narcotráfico y misticismo. Emilia Pérez no es la excepción, ya que refuerza la idea de que el país es un territorio salvaje dominado por narcos, ignorando las complejidades culturales y políticas reales. - Apropiación cultural desde la ignorancia
Audiard, un director francés sin una conexión auténtica con la realidad mexicana ni trans, ha decidido contar esta historia sin involucrar directamente a personas trans mexicanas en su desarrollo. El resultado es una narrativa que se siente más como un ejercicio estilístico que como una representación genuina. - La instrumentalización de la identidad trans
En lugar de centrar la historia en la vida y experiencias trans desde un enfoque realista y humano, la película parece utilizar la transición de género del protagonista como un giro argumental exótico, reduciéndola a un espectáculo para la audiencia.
¿Cuándo woke deja de ser un insulto vacío y se convierte en una crítica legítima?
El problema con películas como Emilia Pérez es que no promueven la diversidad de forma auténtica, sino que la usan como una estrategia de marketing o como una forma de hacer que una historia superficial parezca relevante y progresista. Es ahí donde el término woke—cuando se usa para señalar la instrumentalización de identidades vulnerables—deja de ser un insulto sin sentido y se convierte en una crítica válida.
No se trata de rechazar la inclusión en el cine, sino de exigir que esta sea respetuosa, profunda y contada desde voces que realmente representan las experiencias que se retratan. Si el cine busca visibilizar comunidades históricamente marginadas, debe hacerlo con respeto, conocimiento y participación directa de esas comunidades.
El problema de Emilia Pérez no es la diversidad en sí, sino la forma en que se impone sin sensibilidad, cayendo en la apropiación cultural y el estereotipo. Y cuando eso ocurre, la crítica no es un ataque reaccionario, sino una defensa legítima de la dignidad de quienes han sido representados de manera errónea.

Emilia Pérez y la paradoja del cine polémico: ¿Transgresión o estereotipo?
El cine tiene la capacidad de provocar, generar conversación y hasta dividir opiniones. En el caso de Emilia Pérez, la película del director francés Jacques Audiard, el debate ha sido intenso: ¿es una obra transgresora que desafía los límites del cine convencional o un ejemplo de apropiación cultural con una mirada simplista sobre México y la identidad trans?
La controversia no es casualidad. La película presenta la historia de un narcotraficante mexicano que transiciona de género, un argumento que ha sido interpretado como innovador por algunos y ofensivo por otros. Sin embargo, más allá del revuelo, Emilia Pérez plantea cuestiones más profundas sobre la representación en el cine, la narcocultura y la forma en que Hollywood consume y premia historias con un enfoque exótico y polémico.
Críticas desproporcionadas o reacción legítima?
Uno de los principales cuestionamientos es si las críticas hacia Emilia Pérez han sido exageradas. La película ha sido nominada en múltiples premios internacionales, lo que indica que, a pesar de la polémica, ha conseguido un importante reconocimiento. Sin embargo, esto no significa que la indignación sea infundada.
En México, la película ha generado rechazo debido a la forma en que retrata la narcocultura y la crisis de violencia que afecta al país. Muchos consideran que Audiard presenta un México estereotipado, con una narrativa que trivializa la realidad social en favor de una historia estilizada y accesible para el público extranjero.
La narcocultura en el cine: ¿glorificación o crítica?
El narcotráfico ha sido una constante en la producción cinematográfica y televisiva de México y Estados Unidos. Series como Narcos o El Señor de los Cielos han explorado el fenómeno desde diferentes ángulos, muchas veces cayendo en la romantización de los criminales.
En este contexto, Emilia Pérez se inserta dentro de una larga tradición de representaciones de la narcocultura, pero con un giro: el protagonista transiciona de género. ¿Esto lo hace diferente o solo refuerza los mismos tropos de siempre? La película no ofrece una crítica contundente, sino que juega con la ambigüedad, lo que la hace aún más controversial.
¿Representación trans o uso oportunista de la identidad?
Uno de los aspectos más debatidos de la película es la manera en que aborda la identidad trans. Mientras algunos ven en el personaje principal una exploración interesante de la transición de género, otros consideran que la historia cae en la narrativa transfóbica de la «máscara», es decir, que el protagonista cambia de identidad para escapar de su pasado criminal.
La propia actriz Karla Sofía Gascón, quien es una mujer trans, ha defendido el filme, asegurando que su personaje está construido con profundidad. No obstante, la historia sigue dejando espacio para interpretaciones problemáticas, como la asociación entre la transición de género y la redención de un criminal.
¿Es Emilia Pérez pornomiseria?
Otro debate gira en torno a si la película cae en la categoría de pornomiseria, un término usado para describir producciones que explotan la pobreza y la violencia de un país para impactar al público extranjero.
A diferencia de películas como Nuevo Orden, que fueron criticadas por mostrar un México distópico y racista desde una visión privilegiada, Emilia Pérez no se enfoca en la precariedad. Sin embargo, sigue utilizando elementos de la cultura mexicana de manera superficial, lo que refuerza la sensación de una mirada externa y ajena a la realidad del país.
¿Hollywood premia lo progresista o lo provocador?
La recepción de Emilia Pérez en Hollywood ha sido positiva, lo que ha llevado a algunos a argumentar que es otra película que recibe reconocimiento solo por su aparente progresismo. Pero si esto fuera cierto, otras producciones con temáticas trans también habrían sido premiadas con el mismo entusiasmo.
Más que progresista, Emilia Pérez parece haber sido reconocida por su capacidad de provocar. En un Hollywood donde las producciones enfrentan cada vez más restricciones temáticas y autocensura, una película que rompe esquemas y juega con la controversia resulta atractiva para los premios y el gremio cinematográfico.
¿Es cine de autor o solo mal gusto?
Algunos críticos han comparado Emilia Pérez con el cine de John Waters, un director famoso por su estilo deliberadamente de mal gusto y provocador. Waters utilizaba la transgresión como un vehículo para la crítica social, algo que algunos creen que Audiard intenta replicar con esta película.
Sin embargo, hay una gran diferencia: el cine de Waters surgió desde las mismas comunidades que representaba, mientras que Emilia Pérez es una visión externa de una realidad que no pertenece a su director. Esto explica por qué, mientras en Hollywood la película es vista como «edgy» y atrevida, en México se percibe como insensible y ajena.
¿Emilia Pérez es buena película?
Más allá de si Emilia Pérez es una buena o mala película, su impacto es innegable. Ha generado debates sobre representación, narcocultura, identidad de género y el papel de Hollywood en la construcción de narrativas globales.
La pregunta final es: ¿merece la controversia? Tal vez sí. México sigue lidiando con los efectos del narcotráfico, y la representación de estos temas en el cine nunca será neutral. Lo que está claro es que Emilia Pérez no será una película olvidada fácilmente, sino un testimonio de cómo el cine puede desafiar, incomodar y, a veces, también equivocarse.
Cambio en la percepción de la película: Inicialmente se analizó Emilia Pérez como una película polémica pero dentro de una agenda progresista (woke), pero los comentarios ofensivos de Carla Sofía Gascón han cambiado esa percepción.
Netflix y la campaña de premios: Se menciona que Netflix ha invertido al menos 30 millones de dólares en la campaña de los Óscar para Emilia Pérez, lo que refuerza la idea de que el estudio la usa más como una herramienta de marketing que como una apuesta genuina por la diversidad.
Separar al autor de la obra: Se debate si los comentarios problemáticos de Carla Sofía Gascón deberían afectar a toda la película y a su equipo, especialmente a Zoë Saldaña, quien se ha desmarcado de la polémica.
Hipocresía de la Academia: Se señala que los Óscar han premiado en el pasado a personas acusadas de racismo, xenofobia y abuso sin problema, pero ahora la controversia en torno a una actriz trans sí parece afectar a la película.
El fin de la era woke en Hollywood: Se plantea que Hollywood está dejando de usar la inclusión como herramienta de marketing porque ya no funciona comercialmente, y que la industria está virando hacia un enfoque más conservador.
Ejemplos en otros medios: Se menciona que esta tendencia no solo se ve en Hollywood, sino también en otros contenidos, como la serie La liberación de Alejandra Márquez Abella, que explora el fracaso de movimientos feministas recientes.
El problema de Carla Sofía Gascón: Se argumenta que la actriz vivió su transición con privilegio y que no representa las experiencias de la mayoría de las personas trans, lo que hace que su papel en la película sea más problemático.
Diferencia con otros cineastas provocadores: Se compara a Emilia Pérez con el cine de John Waters y David Lynch, quienes han hecho películas transgresoras, pero con una intención clara y sin caer en insultos o en la banalización de temas sensibles.
Emilia Pérez como reflejo de un cambio en Hollywood: Se sugiere que la película simboliza el fin de la hegemonía de lo woke en la industria, en un contexto donde los jóvenes están virando hacia posturas más conservadoras.
Impacto político y cultural: Se advierte que este cambio podría llevar a un periodo de más censura y menos arte de protesta, y que la industria cinematográfica está redefiniendo qué tipo de mensajes quiere promover.
Reflexión sobre la crítica al cine: Se insiste en la importancia de analizar el arte en su contexto social y político, más allá de si gusta o no, para entender cómo refleja y moldea la cultura.

¿Es Emilia Pérez el fin de la era Woke en Hollywood?
El cine siempre ha sido un reflejo de los cambios sociales y políticos de su época, y pocas películas han generado tanto debate en este sentido como Emilia Pérez, el polémico musical dirigido por Jacques Audiard. Lo que comenzó como una película aclamada por su narrativa transgresora y su diversidad, ahora se ha convertido en el epicentro de una discusión más grande: ¿Hollywood está abandonando la agenda woke?
A medida que se acerca la temporada de premios, Emilia Pérez ha pasado de ser un posible éxito en los Óscar a convertirse en una película marcada por la controversia. Desde la inversión millonaria de Netflix en su campaña hasta los comentarios de su actriz principal, Carla Sofía Gascón, la película se ha transformado en un símbolo de los cambios que atraviesa la industria del entretenimiento.
De cine provocador a símbolo de hipocresía
Cuando Emilia Pérez se presentó en Cannes, muchos la interpretaron como una película que desafiaba los límites del cine convencional. Su historia—un narcotraficante mexicano que transiciona de género—parecía una apuesta arriesgada y audaz, capaz de generar conversación sobre temas de identidad y violencia en México.
Sin embargo, la situación cambió drásticamente cuando salieron a la luz antiguos tuits de Carla Sofía Gascón con comentarios ofensivos sobre distintos colectivos. Esto hizo que la recepción de la película pasara de la controversia artística a un problema moral y político.
Lo que resulta irónico es que Hollywood, una industria que ha premiado durante años a figuras con historiales problemáticos, de repente parece escandalizarse ante esta situación. Directores, productores y actores con acusaciones de racismo, abuso y misoginia han sido celebrados sin reparos, pero la polémica en torno a Gascón sí ha puesto en jaque la campaña de Emilia Pérez en los premios.
¿Se puede separar la obra de su autor?
El debate sobre si los comentarios de un actor deben afectar el reconocimiento de una película no es nuevo, pero el caso de Emilia Pérez ha reavivado la discusión. Zoë Saldaña, coprotagonista del filme, se ha desmarcado de la controversia, argumentando que en el set siempre hubo respeto. Pero, ¿es justo que los errores de una persona ensucien el trabajo de todo un equipo?
Los Óscar, más que una premiación artística, son un reflejo de los valores que Hollywood quiere promover en cada época. En 2023, Everything Everywhere All at Once arrasó en los premios, presentando una historia sobre diversidad, representación asiática y nuevas voces en la industria. En 2022, CODA, una película sobre una familia sorda, fue celebrada como un triunfo de la inclusión. Sin embargo, en 2024, Emilia Pérez parece haber cambiado el discurso: ya no es suficiente con representar a un grupo vulnerable, ahora el enfoque está en quiénes llevan esa representación y qué valores proyectan.
¿El fin de la era woke?
Más allá de la polémica de una película en particular, el caso de Emilia Pérez parece señalar un cambio más profundo en Hollywood. Durante la última década, los grandes estudios han usado la inclusión como una estrategia de marketing. Sin embargo, el interés por este tipo de narrativas está disminuyendo y, en algunos casos, incluso generando rechazo en el público.
Disney y Warner Bros., dos gigantes de la industria, han experimentado fracasos en taquilla con películas que apostaban por mensajes progresistas. La reelección de figuras conservadoras en distintos países y el resurgimiento de discursos reaccionarios han llevado a que las narrativas woke sean vistas con más escepticismo. Y Hollywood, que siempre ha sabido adaptarse a las tendencias, parece estar recalculando su dirección.
El problema no es la diversidad en sí, sino la manera en que se ha gestionado. Cuando la inclusión se percibe como forzada o como una herramienta comercial, en lugar de una representación genuina, pierde su impacto. Emilia Pérez podría ser la evidencia de que los estudios ya no pueden depender solo de consignas progresistas para vender una película; necesitan historias mejor construidas, con autenticidad y sin caer en la superficialidad.

Hollywood y su doble moral
La reacción de la industria ante Emilia Pérez también deja al descubierto su hipocresía. Mientras Netflix ha invertido más de 30 millones de dólares en la campaña de premios de la película, el estudio ha evitado defender abiertamente a Carla Sofía Gascón. Esto refuerza la idea de que, para los grandes estudios, la inclusión sigue siendo una herramienta de marketing, no un compromiso real con la diversidad.
El caso también recuerda la controversia con Nuevo Orden, de Michel Franco, una película acusada de racismo y clasismo. Mientras que el cineasta defendía su derecho a explorar la violencia en México desde su perspectiva, la película fue duramente criticada en su país. Con Emilia Pérez ocurre algo similar: lo que en Europa se ve como cine provocador y de autor, en México se percibe como una visión superficial y exótica de una realidad mucho más compleja.
¿Qué sigue para el cine de Hollywood?
A medida que nos acercamos a los Óscar, es evidente que la industria se encuentra en un punto de inflexión. ¿Premiará Emilia Pérez como un acto de rebeldía contra la «corrección política»? ¿O será ignorada en un intento de marcar distancia con la controversia?
Lo que está claro es que la industria está redefiniendo su relación con la diversidad y la representación. Si el cine progresista quiere sobrevivir, necesita evolucionar más allá de eslóganes y fórmulas superficiales. La audiencia busca autenticidad, y las historias que realmente conectan son aquellas que parten de una comprensión profunda de sus personajes y contextos.
Tal vez Emilia Pérez no sea el fin de la era woke, pero sí un aviso de que el cine de Hollywood está cambiando nuevamente, y que la inclusión sin contenido no es suficiente para sostener una película.
El término «woke» ha experimentado una evolución semántica compleja que refleja tensiones culturales y políticas. Originalmente, surgió en comunidades afroamericanas en Estados Unidos como una forma de conciencia social y activismo contra la injusticia racial. Sin embargo, su uso se ha expandido y transformado, lo que ha llevado a que adquiera connotaciones tanto positivas como negativas, dependiendo del contexto y de la perspectiva ideológica de quien lo emplea.

¿Cuándo WOKE es un insulto?
1. Origen y significado positivo
- «Woke» proviene de la expresión «stay woke», que significa estar alerta o consciente de las injusticias sociales, particularmente las relacionadas con el racismo y la opresión sistémica.
- En su sentido original, el término era una llamada a la acción y a la empatía, destacando la importancia de reconocer y combatir las desigualdades.
2. Expansión y politización
- Con el tiempo, «woke» se asoció con movimientos progresistas más amplios, como el feminismo, los derechos LGBTQ+, la justicia climática y otras causas sociales.
- Esto llevó a que el término fuera adoptado por algunos como un símbolo de progresismo y sensibilidad hacia las problemáticas sociales.
3. Críticas y uso como insulto
- A medida que el término se popularizó, también comenzó a ser criticado por sectores más conservadores o escépticos, quienes lo asociaron con lo que perciben como un exceso de corrección política, censura o imposición ideológica.
- Para estos críticos, «woke» pasó a simbolizar una actitud moralista, dogmática o desconectada de la realidad, lo que llevó a su uso peyorativo.
- Además, algunos argumentan que el término ha sido cooptado por el marketing y las corporaciones, diluyendo su significado original y convirtiéndolo en una etiqueta vacía.
4. Problema de distinción
- La ambigüedad del término radica en que puede ser interpretado de maneras opuestas según el contexto y la intención del hablante.
- Para algunos, «woke» sigue siendo un elogio que denota conciencia social y compromiso con la justicia.
- Para otros, es un insulto que implica superficialidad, intolerancia hacia opiniones disidentes o una agenda ideológica impuesta.
5. Dualidad
- La dualidad de «woke» como término refleja las divisiones culturales y políticas actuales. Su significado depende en gran medida de quién lo usa y en qué contexto.
- Para evitar malentendidos, es importante considerar el tono, la intención y el marco de referencia en el que se emplea la palabra. En algunos casos, puede ser más efectivo utilizar términos más específicos para describir las ideas o acciones que se quieren comunicar.
