Quizás no todo el mundo encuentre familiares palabras como Ghibli o Miyazaki, pero seguramente sí conozcan algunas obras relacionadas con estos términos. Studio Ghibli es la productora de películas de animación japonesa por excelencia y Hayao Miyazaki es co-fundador de dicha compañía y director de sus títulos más famosos.

El impacto que las películas de Studio Ghibli han tenido en todo el mundo comenzó a finales de los años noventa, con películas como La princesa Mononoke (1997). Aunque Miyazaki llevaba haciendo películas desde 1986, no fue hasta el final del siglo XX y comienzos del XXI cuando su obra superó las fronteras de su Japón natal y se extendió internacionalmente. En 2002, consiguió el Oscar a la Mejor película de animación por El Viaje de Chihiro y, a partir de ese momento, Ghibli acaparó los focos y rivalizó con otras productoras de animación como Pixar o DreamWorks. Las películas del estudio japonés consiguieron nominaciones al Oscar en 2005, 2013, 2016 o 2017, y Miyazaki se llevó el Oscar Honorífico en 2014. Todo un éxito.

Miyazaki recogiendo su Oscar Honorífico en 2014

¿Qué es lo que hace de la obra del Studio Ghibli tan interesante?

Lo cierto es que, a simple vista, es fácil distinguir una obra de Miyazaki simplemente por el trazo del dibujo, los colores, los rostros o los paisajes, pero en realidad es el contenido lo que diferencia estas películas de animación de otras producidas por Hollywood. Son largometrajes especialmente profundos en cuanto a significados, llenos de mensajes y reflexiones que van más allá de las típicas historias de amor.

El ecologismo en La Princesa Mononoke

Ambientada en el periodo Muromachi (1336-1573), cuando Japón todavía tenía densos bosques llenos de vida y misterios, La princesa Mononoke es toda una oda al medio ambiente, al amor y a la convivencia entre el ser humano y la naturaleza. Transcurre en una época de batallas entre clanes y de explosión de la producción de hierro, hechos que amenazan al verde de los prados y a la tranquilidad de las montañas.

La película puede identificarse con Pocahontas, puesto que narra el choque entre una chica que vive en un entorno natural y una sociedad moderna, y la historia de Mowgli, ya que la joven Mononoke se cría con una manada de lobos. Sin embargo, el mensaje ecologista de la cinta de Miyazaki es mucho más potente que en los cuentos mencionados.

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La difícil convivencia entre el desarrollo económico (representado por la Ciudad del Hierro que dirige Lady Eboshi) y la conservación del medio ambiente (que en la película aparece en forma de dioses del bosque y otros espíritus) se pone de manifiesto en La princesa Mononoke, situando a los espectadores entre los dos bandos, en la figura de Ashitaka. El protagonista debe mediar entre Lady Eboshi y Mononoke, entre la industria y la Naturaleza. Toda la cinta es un canto a la convivencia, al respeto mutuo y a la conservación de la pureza del medio ambiente y de las tradiciones de la sociedad. Porque el ecologismo no solo consiste en proteger a la fauna y la flora, sino también a las gentes y a los pueblos.

La sociedad en El Viaje de Chihiro

Se ha especulado mucho sobre los mensajes ocultos en la historia de la joven Chihiro. De esta película, ganadora del Oscar a la Mejor película de animación en 2002, se ha dicho incluso que es un grito contra la explotación infantil y la prostitución. En realidad, cada uno puede hacer una lectura diferente de este onírico largometraje, puesto que, como suele ocurrir en la obra de Miyazaki, las tramas están llenas de mensajes y significados.

Pero el propio director explicó qué quería transmitir con El Viaje de Chihiro.

Toda la película es una alegoría del cambio, representado por la niña Chihiro, que pasa de ser una joven dependiente de sus padres a una chica independiente, autónoma, valiente y decidida. Miyazaki rodó la cinta pensando en tono romántico todo lo que se había perdido del Japón imperial y tradicional con la llegada de la globalización cultural y económica. El país vivió una profunda etapa de cambios tras la Segunda Guerra Mundial que lo transformaron en algo que no era: una sociedad hiper-industrializada y consumista.

Según el propio Miyazaki, El viaje de Chihiro es una alegoría del cambio representado en la pequeña protagonista

El propio Studio Ghibli explicó que los padres de Chihiro se convierten en cerdos para representar la avaricia que tuvo lugar durante la recesión japonesa en los años 80, otra muestra más de cómo la sociedad es presentada en la película. Chihiro se identifica con toda una generación de nuevos japoneses que no se reconocen en esas prácticas consumistas de los años de bonanza económica y la bruja Yubaba, con esa generación mayor que vivió los bruscos cambios que hicieron que Japón pasara de ser un país aislado y de tradiciones a uno de los centros económicos del mundo.

El antibelicismo en El Castillo Ambulante

Hayao Miyazaki no acudió a la gala de los premios Oscar en 2002 para recoger el premio a la Mejor película de animación como queja ante el papel de Estados Unidos en la guerra de Irak. El director dedicó su siguiente película a la crítica a la guerra. En El Castillo Ambulante (2004) se nos presenta una guerra sin sentido, absurda, contra un enemigo invisible; una crítica a la invasión de Irak en busca de unas supuestas armas de destrucción masiva muy poco sutil.

“Esta guerra es terrible. Lo han bombardeado todo. Desde el sur hasta la frontera del norte” se lamenta Howl, el brujo protagonista de la historia y dueño del famoso castillo volador. Aunque el propio Howl participa en la batalla de forma activa, se entiende que el objetivo de Miyazaki era criticar lo absurdo de la guerra en general. También en su última película, El viento se levanta (2013), el director apuesta por un mensaje antibelicista.

—Me han atacado unos magos convertidos en monstruos…

—Se van a arrepentir de lo que han hecho. Ya no podrán volver a ser humanos…

—Les da igual, después de la guerra ni recordarán que lo fueron.


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