Rafael Alberti fue uno de los poetas más representativos de la Generación del 27, junto con Federico García Lorca y Pedro Salinas. Se le considera uno de los mayores escritores de la edad de plata de la literatura española y, además, ganó del Premio Nacional de Literatura en 1925. En 1929 publicó el libro de poemas Sobre los ángeles, una oda al espíritu y al misterio de la humanidad, escrita de forma surrealista en una época de crisis personal, que iluminó los corazones lectores de la España del siglo XX y que aún nos sigue emocionando.

La poesía de Alberti muestra, a menudo, anhelos de libertad y sufre, a la vez, de la nostalgia de una país que se pierde poco a poco. Su poesía escrita en momentos de convulsiones sociales estuvo prohibida por el franquismo. Siempre hubo en ella un oleaje de aspiraciones justas y ejemplares de un ser humano. En 1983 obtuvo el mayor reconocimiento literario, el premio Cervantes.

Imagen: Dolores Ibárruri, la pasionaria, y Rafael Alberti en la primera sesión de las Cortes después del franquismo. El País

Alberti siempre tuvo en sus palabras motivos de grandeza humana, palabras marcadas por la generosidad y la honestidad, como esta magnífica frase: “Me marché con el puño cerrado… Vuelvo con la mano abierta”. También tuvo frases que denotaban una gran sensibilidad en su persona despojada de prejuicios: “Yo nunca seré de piedra, lloraré cuando haga falta, gritaré cuando haga falta, reiré cuando haga falta, cantaré cuando haga falta”.

Seguro de sí mismo, activo y con ideas sociales, bienhechor de la comunidad, Alberti habló en sus obras de todos los valores humanos y dedicó especial atención al amor, a la libertad y a la soledad. En sus versos hay un punto de rebelión personal, de determinación, como se muestra en la siguiente poesía del libro Marinero en tierra:

Nací para ser marinero

y no para estar clavado

en el tronco de este árbol.

Dadme un cuchillo.

¡Por fin, me voy de viaje!

—¿Al mar, a la luna, al monte?

—¡Qué sé yo! ¡Nadie lo sabe!

Dadme un cuchillo.

Otras veces, se perdía en ensoñaciones románticas y volvía al deseo innato de su tierra, a la necesidad de quererla y volver siempre a ella, como vemos en esta poesía del mismo libro:

“Murallas azules, olas,

de África, van y vienen.

Cuando van…

¡Ay, quién con ellas se fuera!

¡Ay, quién con ellas volviera!

Cuando vuelven…”

Hombre defensor de la paz en su vida y en su obra, murió en la tranquilidad de su casa natal, el 28 de octubre de 1999, con un distinguido premio en su poder como el Lenin de la Paz (recibido en 1965).

A continuación os dejamos unas frases y poesías para seguir recordando con la misma serenidad y viveza que nos inspira este icono del exilio republicano, Rafael Alberti:

“La ciudad es como una casa grande”.

“La libertad no la tienen los que no tienen su sed”.

“Yo no quiero morir en tierra: me da un pánico terrible. A mí, que me encanta volar en avión y ver pasar las nubes, me gustaría que un día el aparato en el que viajo se perdiera y no volviera. Y que me hicieran un epitafio los ángeles. O el viento”.

“No, no te conocieron las almas conocidas. Sí la mía”.

“Un año, ya dormido, alguien que no esperaba se paró en mi ventana”.

Nana de la cigüeña

Que no me digan a mí

que el canto de la cigüeña

no es bueno para dormir.

Si la cigüeñita canta

arriba en el campanario,

que no me digan a mí

que no es del cielo su canto.

Siempre que sueño las playas

Siempre que sueño las playas,

las sueño solas mi vida.

Acaso algún marinero…

quizás alguna velilla

de algún remoto velero.


¿Quieres recibir más historias como esta por email?

Suscríbete a nuestra Newsletter: