El 7 de febrero de 1812 nacía Charles John Huffam Dickens, quizá el más grande novelista realista inglés del siglo XIX. Padre de diez hijos, uno de ellos se llamó Henry Fielding, como el autor de una de sus novelas favoritas de la infancia: Tom Jones. Quizá la peculiaridad al usar los nombres en la vida real —otro hijo se llamó Alfred Tennyson—, le llevó a utilizar nombres muy especiales para los protagonistas de sus novelas más famosas: Oliver Twist, David Copperfield o Ebenezer Scrooge.

Dickens se vio obligado a empezar a trabajar a los doce años en una fábrica de betún, durante diez horas al día, para poder pagar su hospedaje y ayudar a su familia que vivía en la cárcel —algo parecido le sucede a la familia Micawber que, como su padre, acaba en prisión a causa de las deudas—. Siguió su carrera laboral como pasante en un bufete de abogados y taquígrafo judicial y empezó a escribir reportajes como colaborador a los 16 años.

Así empezó su carrera literaria en los periódicos donde, con los años, empezaría a escribir por entregas, con un gran tono autobiográfico; tono que le acompañará toda su carrera. Otro ejemplo curioso de su vida tiene que ver con el famoso accidente ferroviario que sufrió en Staplehurst, cuya vivencia le inspiró a escribir El guardavía.

Valorado por Tolstoi y Dostoievski por sus textos y posicionamiento religioso, su literatura se caracterizó por una fuerte crítica social, empatía por el pueblo y escepticismo por la burguesíaOliver Twist es un gran ejemplo de esto—. Quiso morir sin honores “de forma barata, sin ostentaciones y estrictamente privada”. Además, solicitó que jamás se irguiera una estatua en su nombre, cosa respetada hasta 1981, ciento once años después de su muerte.

Veamos algunas de sus frases más célebres extraídas de sus libros:

“Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender”.

“El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico”.

“El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta”.

“Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños; pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes”.

“No fracasa en este mundo quien le haga a otro más llevadera su carga”.

“Nada es tan fuerte y seguro en una emergencia de la vida como la simple verdad”.

“La comunicación electrónica nunca reemplazará al rostro de un ser humano que con su alma alienta a otra persona a ser valiente y auténtica”.

“Solo pido ser libre. Las mariposas son libres”.

“Ocultar algo de aquellos a los que estoy vinculado no está en mi naturaleza. Nunca puedo cerrar mis labios donde he abierto mi corazón”.

“Era bueno tener un par de miles de personas rígidas y congeladas juntas, en la palma de la mano”.

“La deshonestidad mirará fijamente la honestidad fuera del rostro, cualquier día de la semana, si hay algo que se pueda obtener por él”.

“Hay una sabiduría en la Cabeza, y… hay sabiduría del Corazón”.

“Soy el único chico cuyos padres pesaban, medían y le ponían precio a todo; para quien no se podía pesar, medir o poner precio, no tenía existencia”.

“Una vez un caballero, y siempre un caballero”.

“No cojas nada por lo que parece; cógelo todo basado en la evidencia. No hay mejor manera”.

“El sufrimiento ha sido más fuerte que todas las otras enseñanzas y me ha enseñado a entender lo que su corazón solía ser. He estado doblado y roto, pero —espero— en una mejor forma”.


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