En un día como hoy de 1836 nació el melancólico, romántico, sufrido, desventurado y brillante poeta, Gustavo Adolfo Bécquer. Un poeta con una sensibilidad exquisita, sencillamente directa, humilde y sincera. Esto no se debe solo a su peculiar personalidad, sino también a sus experiencias vitales. José Luis Cano, el editor de uno de los libros de Bécquer, Rimas, lo explica muy bien con las siguientes palabras:

«La vida de Gustavo Adolfo Bécquer se puede contar en pocas páginas. No conocemos de él ni grandes aventuras, ni grandes viajes, ni grandes acciones.»

«Bécquer es lo contrario de un rebelde, de un aventurero, de la idealizada imagen que nos hemos hecho del héroe romántico, y su vida se parece muy poco a la de un Byron o un Espronceda».

«Fue la suya una existencia herida por la enfermedad, la pobreza y el desengaño amoroso, que desgarró cruelmente su alma. Cuando conocemos la vida de Bécquer, el sentimiento que experimentamos nunca es de admiración o deslumbramiento, como nos ocurre con la de Goethe o Víctor Hugo, sino de una inmensa lástima, de una piedad infinita hacia aquella alma que sufrió con resignación estoica los golpes del destino más cruel».

Y así es, en aquella época del Romanticismo del siglo XVIII y XIX en España, los escritores más importantes de este movimiento trascendente y pasional estaban colmados de experiencias exóticas, acciones políticas, laborales y sociales admirables, por una sociedad acomodada y aventuras amorosas como las de Lord Byron. Sólo algunos autores como el romántico inglés, Samuel Taylor Coleridge, padecieron un amor no correspondido y una vida hacia el final deprimente, como la de Bécquer, que les dio su carácter melancólico y una poesía de una gran belleza del deseo inabarcable.

Bécquer vivió una infancia triste por la muerte de sus padres, pero pronto entró en una casa de una dama burguesa, con una gran biblioteca que devoró en pocos meses y, a los doce años, siendo un niño, ya escribió su primer poema: Oda a la muerte de Alberto Lista, a la moda retórica de la época. Desde entonces, empezó a soñar en ser un gran poeta y en tener una vida dichosa, para su gloria consiguió solo el primer deseo, llegar a ser uno de los poetas más importantes de la historia.

Sufrió problemas económicos y de salud en Madrid, donde quiso ganarse su fama; conoció en una de sus veladas musicales, en casa de un amigo, a Julia, hija de una familia de músicos. Bécquer no solo no fue correspondido, sino que también traicionado, quedando fatalmente herido de amor, como se traduce en algunos de sus versos. Bécquer, para olvidar a Julia, cometió el grave error de casarse y así tener una vida tranquila, pero su mujer no lo comprendió y acabó viviendo en la más pobre desdicha.

Veamos ahora algunas de sus frases y fragmentos de poemas más hermosos para descubrir si nosotros seríamos capaces de entenderle:

«Dios, aunque invisible, tiene siempre una mano tendida para levantar por un extremo la carga que abruma al pobre».

«El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada».

«El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos, a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo».

«En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna».

«El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo».

«La mujer hermosa, cuando pule el acero y contempla su imagen, se deleita en sí misma; pero al cabo busca otros ojos donde fijar los suyos, y si no los encuentra, se aburre.»

«La soledad es el imperio de la conciencia».

«La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo».

«¡Llora! No te avergüences de confesar que me has querido un poco».

«Los suspiros son aire y van al aire. Las lágrimas son agua y van al mar, dime mujer, cuando el amor se olvida, ¿sabes tú a donde va?».

«Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía».

«Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… ¡Yo no sé que te diera por un beso!».

«El amor es poesía; la religión es amor. Dos cosas semejantes a una tercera, son iguales entre sí».

«El amor es un rayo de luna».

«Mi cerebro es el caos, mis ojos la destrucción, mi esencia la nada».


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