Esopo ha sido el mayor fabulista de la historia, uno de los primeros, y autor de la sombra que cobija a todos los demás, desde la antigua Grecia hasta nuestros días (pasando por Jean de La Fontaine, otro de los más grandes fabulistas de la historia).

Imagen: Project Gutenberg vía Wikipedia

Esopo, esclavo de profesión, trató en sus fábulas unas moralejas basadas en la reflexión posterior a un conflicto, situaciones siempre creadas a partir de una discusión de poder, capacidades, obligaciones,y diferentes conceptos que marcan las diferencias de clases, sociales y culturales. Sus fábulas siempre resultan universales; difícilmente utilizaba humanos en sus ejemplos, casi siempre las protagonizaban animales y, a veces, dioses, como ocurre en su obra maestra Bóreas y Helios:

Bóreas y Helios disputaban sobre su fuerza.

Resolvieron conceder la victoria a aquel de ellos que

lograra despojar de su ropa a un caminante. Y Bóreas

comenzó a soplar fuerte, pero, como el hombre se

sujetaba la ropa, arreció más. Y el caminante, aún más

agobiado por el frío, incluso se puso encima una

prenda más gruesa, hasta que Bóreas, cansado, se lo

pasó a Helios. Y este en primer lugar brilló

moderadamente; cuando el hombre se quitó el más

grueso de los mantos, despidió un calor más ardiente,

hasta que el hombre, no pudiéndolo soportar, se desnudó

y fue a bañarse a un río que fluía cerca.

La moraleja nos dice que es más fácil convencer que obligar. Y como todas las moralejas de Esopo, es universal, extrapolable a cualquier situación, lo que nos hace reflexionar al respecto.

Las fábulas de Esopo son extrapolables a prácticamente cualquier situación y conflicto del día a día

Esopo no solo fue liberado como esclavo, algo inusual en su época, sino que acabó siendo siervo del rey Creso, que le envió con riquezas a Delfos para realizar unas ofrendas a Apolo y repartir entre sus habitantes. Estos, al no ponerse de acuerdo, hicieron que Esopo decidiera devolver las riquezas al rey y que solo realizara la ofrenda a Apolo. El pueblo de Delfos decidió despeñar a Esopo, causando así su muerte. Esta historia, por desgracia, recuerda a la fábula El labrador y la serpiente congelada de frío:

Un invierno, un labrador encontró una serpiente

aterida de frío. Compadecido de ella, la cogió y se la

puso en el pecho. Aquella, reanimada por el calor y

habiendo recobrado su propia naturaleza, mordió a su

bienhechor y lo mató. Y él, a punto de morir dijo: “Es

justo lo que me pasa, por haberme compadecido de un

malvado”.

Porque una naturaleza malvada difícilmente cambia ante el trato humano.

Las fábulas de Esopo siempre generan dudas y una respuesta reflexiva; con atención, podemos entender las cosas más primitivas de la vida, aquellas que muchas veces pasamos por alto. Después de cada frase, hemos de dedicar unos minutos a la reflexión, porque siempre sacamos algo positivo de sus palabras.

3 fábulas más de Esopo para reflexionar

Dejaré algunas fábulas a disposición del lector, elegidas como grandes ejemplos de humanidad —la que puede tener un esclavo, después un liberto y luego, un siervo—, que nos ayudarán a entender la bondad de los corazones más humanos si dedicamos unos minutos de atención:

El león y el ratón agradecido

Imagen: puroscuentos.com.ar

Un ratón se puso a corretear sobre el cuerpo de un

león dormido. Este se despertó y lo atrapó; y estaba a

punto de devorarlo. Pero, como el ratón le pidiera que

lo soltase y le dijera que si lo salvaba se lo agradecería,

el león, sonriendo, lo dejó libre. Ocurrió que, no

mucho después, él se salvó gracias al ratón. Pues,

cuando, capturado por unos cazadores, fue atado a un

árbol con una soga, el ratón, que había oído sus

lamentos, acudió y se puso a roer la soga y, una vez

que lo hubo desatado, dijo: “Te reíste un día de mí,

incrédulo de que yo pudiera devolverte el favor, pero

ahora sabe bien que también hay agradecimiento de

parte de los ratones”.

El perro que llevaba una campanilla

Había un perro que mordía sin motivo a todo el que

se le acercaba. Su amo le colgó una campanilla para prevenir

a todos. El perro presumía en la plaza agitando la campanilla.

Una perra vieja le dijo: “¿Por qué te

pavoneas?, no la llevas por tu valor, sino como prueba

de tu maldad oculta”.

El Viejo y la Muerte

Imagen: http://www.leerparacrecer.me

En cierta ocasión un viejo que había ido a cortar

leña recorría un largo camino cargado con ella. Tras

dejar la carga en el suelo a causa de la fatiga de la

caminata, llamó a la Muerte. Cuando se le apareció

esta y le preguntó por qué la llamaba, el viejo dijo:

“Para que me lleves la carga”.


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