¿Por qué el maltrato animal no debería ser legal aunque esté vinculado a la cultura?

Desde hace años, me sorprendía cómo el conflicto del maltrato animal podía movilizar a muchísimos más activistas que el maltrato que sufrían millones de animales en las granjas de todo el mundo. De hecho, para mi era un hecho menor (comparativamente) y mi preocupación iba siempre más vinculada a la cantidad de ayudas públicas que recibían frente a otros eventos culturales. Sin embargo, el contacto con defensores del derecho animal me están ayudando a entender el valor de su prohibición como hito legislativo en la antropología cultural.

Comparto con ellos la visión de que una tradición no debe ser defendida únicamente porque se considere “cultura”. Se necesita mucho más que eso.

Se equivocan por tanto quienes protestan gritando: “La tortura no cultura”. Lo es.

Por suerte, hemos ido eliminando creando, protegiendo o elementos de la cultura para avanzar como sociedad.  Y como decía Frank Zappa: “sin desviación de la norma, el progreso no es posible.” En este caso y ante una sociedad divida, ¿deberíamos defender esta tradición o reclamar por su abolición?.

El primer encarcelado por maltrato animal es un hombre que golpeó hasta la muerte a un caballo tras perder una carrera. Finalmente, la Audiencia de Palma ordenó excarcelarlo, a cambio debería participar en un programa de protección de animales. Pero cuando este maltrato está vinculado a una “tradición cultural”, todo cambia en la forma de percibirlo o incluso penarlo.

Ocho jueces del Tribunal Constitucional (a algunos podemos verlos disfrutando de sus puros en las gradas de la Maestranzaasí lo han decidido (por ahora) declarando la tauromaquia un patrimonio cultural que no puede prohibirse en ninguna autonomía del territorio nacional. ¿Qué hubieras votado tú?

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