Actualizado el lunes, 25 mayo, 2026
Hay frases filosóficas que sobreviven durante siglos porque describen algo esencial de la experiencia humana. Una de ellas pertenece a Epicteto y sigue resonando con fuerza en la actualidad: “De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no”.

Aunque pueda parecer una idea sencilla, en realidad contiene una de las bases más importantes del pensamiento estoico. Epicteto defendía que gran parte del sufrimiento humano nace de intentar controlar aquello que está fuera de nuestro alcance. Las decisiones ajenas, el pasado, las circunstancias externas, la opinión de otras personas o incluso muchos acontecimientos de la vida escapan completamente a nuestra voluntad. Sin embargo, seguimos invirtiendo enormes cantidades de energía emocional en intentar dominarlos.
Lo que sí depende de nosotros, según esta filosofía, son nuestras acciones, nuestros pensamientos, nuestras decisiones y la manera en que respondemos a las dificultades. Esa diferencia, aparentemente pequeña, puede transformar profundamente la forma en que vivimos.
En una sociedad marcada por la hiperconectividad y la incertidumbre constante, esta reflexión resulta especialmente actual. Muchas personas viven atrapadas en un estado de preocupación continua por problemas futuros, expectativas sociales, reconocimiento externo o situaciones que jamás podrán controlar completamente. Las redes sociales han intensificado todavía más esta sensación. Intentamos controlar cómo nos perciben los demás, cuántas personas reaccionan a nuestras publicaciones o qué imagen proyectamos hacia el exterior.
El estoicismo propone justo lo contrario: centrar la atención en aquello sobre lo que realmente tenemos capacidad de actuar. No como una forma de resignación, sino como una estrategia de claridad mental y equilibrio emocional.
Esto no significa convertirse en alguien indiferente o pasivo. Los estoicos no defendían abandonar los problemas ni dejar de luchar por mejorar las cosas. Lo que planteaban era actuar con responsabilidad sobre aquello que sí podemos hacer, aceptando al mismo tiempo que existen límites inevitables.
Por ejemplo, una persona puede prepararse cuidadosamente para una entrevista de trabajo, estudiar, descansar y esforzarse al máximo. Todo eso depende de ella. Pero no depende completamente de ella ser contratada. Cuando confundimos ambas dimensiones, aparece gran parte de la frustración moderna.
Esta idea también conecta con enfoques psicológicos actuales. Muchas terapias contemporáneas trabajan precisamente sobre la aceptación de la incertidumbre y la diferenciación entre control interno y externo. La investigación en salud mental muestra que las personas con mayor tolerancia a la incertidumbre suelen manejar mejor el estrés y la ansiedad cotidiana.
La frase de Epicteto funciona entonces como una especie de recordatorio práctico. No elimina los problemas reales, pero ayuda a reorganizar la atención mental. En lugar de desgastarnos intentando controlar lo imposible, podemos dedicar más energía a nuestras decisiones concretas, nuestras relaciones, nuestros hábitos y nuestra forma de afrontar las dificultades.
Quizá por eso el estoicismo ha vuelto a ganar popularidad en los últimos años. En un mundo donde todo parece acelerado, imprevisible y saturado de estímulos, muchas personas encuentran cierta calma en esta idea antigua: aceptar que no todo depende de nosotros no es una derrota. A veces, es precisamente el comienzo de una vida más consciente y más serena.
Una lectura filosófica del síndrome de Procusto puede complementarse con el dilema del tranvía para hablar de ética, con las frases de Paulo Freire para introducir la educación emancipadora, con las frases de David Hume para explicar el papel de las emociones, con las frases de Séneca sobre la felicidad para abordar el autocontrol, con las frases de Unamuno para explorar la duda existencial y con los proverbios egipcios / frases egipcias de la vida para conectar con la sabiduría antigua.
