Lo siento, no eres tú. Soy yo, que he cambiado“. Esto es lo que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, podrían decir a su festival favorito el próximo verano. Cada año, la oferta de viaje y actividades de muchos jóvenes (de una edad bastante indefinida), era optar por visitar un festival de música en directo. Cada vez había más. Cada vez en más ciudades y cada vez más masificados. Algunos, incluso pensaban que era buena señal. Pero el año pasado ya empezaron a sonar los  rumores: en realidad estábamos ante una nueva burbuja inversora.

Pero nadie podía aventurar que fuera a estallar este mismo verano. En pleno de mes de julio ya se había cancelado siete grandes festivales y el Arenal Sound todavía no estaba confirmado. Los expertos del sector creen que motivo es que cada vez hay más festivales y se parecen cada vez más entre sí , cada vez tratan peor a los asistentes y cada vez más sponsorizados, ya no tienen identidad.

Mientras los organizadores de eventos buscaban grandes cabezas de cartel y promotores, minimizaban los sueldos a técnicos, asistentes, camareros, montadores y limpiadores… no se daban cuenta que el público estaba cambiando. Que los jóvenes y no tan jóvenes estábamos cambiando.

Los datos de la Asociación de Festivales Independientes (AIF) también puede ayudarnos a entenderlo: el 58 por ciento de asistentes escogen festival por el ambiente del recinto, frente al 7 por ciento que se deciden por el cartel del evento. Por eso crecen festivales donde la música es secundaria respecto a la interacción humana y el sentimiento de pertenencia a los valores transmitidos por el evento.

LOS ‘FESTIVALEROS’ YA NO SON LO QUE ERAN

Los tradicionalmente conocidos como “wanderlust” se  han convertido en viajeros que integran sus ganas de explorar y conocer nuevas experiencias con una nueva conciencia global que busca festivales más éticos y sostenibles. No buscan viajar lejos y al menor coste posible. Han descubierto que también pueden tener experiencias muy enriquecedoras en su misma ciudad y están dispuestos a invertir en aquello que les aporta valor añadido a un precio razonable.

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Y ante la creciente demanda, crecen también los eventos sostenibles. Afortunadamente en España ya empezamos a encontrarnos con grandes iniciativas que permiten mostrar ejemplos en este sentido: El Low Cost, el SOStenible 4.8, o el Rototom Sunsplash Festival. Alicia, creadora del blog de referencia en moda sostenible Green and Trendy, pudo disfrutar de varios de ellos en primera persona: “en Rototom este año se ofrecía 1euro por cada vaso vacío que se devolviera y utilizaron sombrillas equipadas con paneles solares que servían para recargar los dispositivos electrónicos y dar luz durante la noche”.

Y no es sólo un compromiso de organizadores y asistentes, también forma parte de los planes de desarrollo sostenible de los territorios. Después de los últimos 2 años de crecimiento exponencial que ha experimentado el sector, estas son las 5 claves esenciales identificadas por los blogger y consultores que han colaborado con la agenda Ecovamos:

1. Tener un propósito espiritual o un sentido ético: cada vez son más los festivales éticos y conscientes en los que se busca que la organización ofrezca un trato justo a sus trabajadores. Apuestan por proyectos liderados por emprendedores sociales o bien, incluso financian ellos mismos sus propios eventos. Los nuevos “prosumidores” no quieren ser sólo espectadores sino parte activa del proyecto.

2. Prácticas artísticas o artesanales: meditación, pintura, danza, yoga… no se trata sólo de escuchar música. Cada vez más, los eventos buscan crear una agenda de eventos en la que la música sea un elemento más del festival y en ella, los participantes puedan realizar múltiples actividades relacionadas con el bienestar físico y mental.

3. Selección de Música Independiente (de verdad):  Hay muy pocos festivales que se puedan permitir realizar una selección realmente independiente de los artistas pero cada vez más, estas iniciativas son las más valoradas por los festivaleros.

4. Comida sana: ya no es necesario ir al país de origen para probar distintas recetas del mundo. Si el viajero Wanderlust buscaba la variedad de sabores, ahora buscamos, además, productos de comercio justo, de proximidad, sanos, macrobióticos o ecológicos que empiezan a ganar la batalla a la “comida basura”. Festivales como el Rototom (Benicàssim) ya destacan por la variedad de su oferta gastronómica internacional contando también con opciones vegetarianas.

5. Exigir que el evento sea  realmente sostenible: crecen los eventos sostenibles y las empresas y emprendedores que aportan soluciones innovadoras para que asistentes e incluso las bandas que participan en un evento, sepan que no causan ningún daño al entorno en el que se celebra. 

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¿Cómo es de “responsable” y “sostenible tu festival favorito?


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