“Esta gente que está suficientemente loca para pensar que pueden cambiar el mundo son los que realmente lo hacen”. —Steve jobs

La innovación social se ha erigido como un objetivo central de crecimiento económico y desarrollo, sentando las bases para un cambio hacia un modelo productivo basado en el conocimiento, el aumento de la productividad, la competitividad y la cohesión social. Iniciativas como Unión por la Innovación tienen como objetivo mejorar las condiciones y el acceso a la investigación y la innovación enfocadas a los los grandes retos sociales, económicos e industriales, como son la energía, la seguridad alimentaria, el cambio climático y el envejecimiento de la población. Retos de los que todos formamos parte y a los que toda la ciudadanía debería tener acceso con las herramientas adecuadas.

Porque, aunque hay numerosos grupos y organizaciones públicas y privadas que trabajan para su desarrollo, su labor no será posible sin el apoyo de una ciudadanía activa. Hacen falta propuestas con las que, trabajando en cooperación, cambiemos la forma de responder a dichos retos. Al fin y al cabo, todo es mejor y más divertido en grupo…

Redes de cooperación para la innovación abierta

Lo que ahora importa más que nunca es que se cuestione cada supuesto, que se renuncie a su vanidad, que se reconsideren sus principios, que se eleven nuestras miras y que desafíe a otros a que hagan lo mismo. Para ello, los miembros de estas redes deberán ser optimistas, cooperadores e inspiradores.

La pregunta que debemos formular es la siguiente: ¿cuáles son las cuestiones fundamentales que determinarán si una organización prospera o se hunde en los próximos años? Hay cinco que Gary Hamel destaca en su libro Lo que ahora importa por encima de las demás: valores, innovación, adaptación, pasión y libertad. Y no lo dice un experto cualquiera, ya que Hamel es considerado como el autor de management más influyente del mundo según el periódico The Wall Street Journal y la revista Fortune.

Escojamos una organización actual, en este caso ¡La Colmena Que Dice Sí!, sobre consumo local y basada en las redes de cooperación, para ver cómo implementa estas cinco cuestiones fundamentales:

1. Valores

En una economía de libre mercado siempre se producirán excesos; pero, en un mundo justo, la irresponsabilidad egocéntrica sería penalizada por comunidades valientes que apuesten por aquellos que sí desarrollan buenas prácticas. La tarea de conseguir que la sociedad confíe en empresas más éticas exigirá nada menos que un verdadero renacimiento moral en el ámbito de los negocios.

– El emprendimiento

Creemos que es un motor de impacto positivo en la sociedad. Por ello, ofrecemos herramientas para que cualquier persona puede crear una Colmena o comunidad de consumo en su barrio. Y, a su vez, ofrecemos una plataforma de venta directa para los productores locales. A través de nuestra acción, acompañamos y capacitamos a los ciudadanos con el fin de ver emerger nuevas maneras de producir y de consumir.

– La cooperación 

Es una dinámica colectiva muy valiosa, genera confianza y da autonomía a las personas que actúan en el terreno. Por ello, la cultivamos a diario en nuestra red formada por los productores locales y los responsables de Colmena que han creado una comunidad de consumo en su barrio.

– La transparencia

Queremos un modelo de consumo que vuelva a situar al productor en el centro de la relación comercial. Gracias a la venta directa, los productores fijan libremente sus precios y los consumidores remuneran de manera justa su trabajo.

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2. Innovación social

Sin una innovación permanente, el éxito es efímero. La innovación debe convertirse en la tarea cotidiana de todos y cada uno de los miembros de una organización. Después de una década de hablar acerca de la innovación social, ha llegado el momento de cerrar la brecha que existe entre retórica y realidad. Los consumidores nos lo demandan y la realidad social no los exige.

Con viejas ideas no nacen nuevas soluciones

Ante los desafíos del modelo de consumo actual, creemos que la creatividad es esencial para imaginar un nuevo escenario en que comprar local, justo y de calidad sea la regla general y no la excepción.

3. Adaptación

Habitualmente, los cambios en una empresa están motivados por las crisis: son lentos, traumáticos y caros; pero la única manera de sostener el éxito es reinventarlo. Las empresas y comunidades donde la estructura sea más adaptativa, más posibilidades de éxito tendrá. Y esta adaptabilidad consistirá en un liderazgo compartido y estructuras horizontales donde la innovación social se produzca desde cada una de sus capas.

Las nuevas tecnologías permiten un cambio de escala para ofrecer herramientas web innovadoras para todo el mundo y en cualquier parte

Así, cada Colmena es peculiar y única. Ahora mismo hay más de 130 emprendedores sociales que se han lanzado a la aventura de abrir su comunidad de consumo. Vienen de todas las regiones y de todo tipo de profesiones (chefs, profesores universitarios, especialistas en eventos, periodistas, desempleados…).

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4. Pasión

La innovación social y la voluntad de cambio son productos de la pasión. Reglas insignificantes, objetivos limitantes y estructuras piramidales contribuyen a frenar la vitalidad emocional de cualquier trabajador. Si quieres que la innovación social sea el eje que guíe tu empresa, deberás llenarla de corazones apasionados latiendo en armonía.

“Creo en lo que hago. Aprendo cada día y me enorgullece saber que con este proyecto recompenso la labor de los productores de la zona y hago posible otro tipo de consumo por parte de los urbanitas; verles la cara de felicidad cuando saben lo que compran no tiene precio”. —Carmen, responsable de Colmena

5. Libertad

Existe una ideología de gestión que endiosa el control y la gestión vertical. Podemos resignarnos al hecho de que nuestras organizaciones no puede ser más adaptables, innovadoras o inspiradoras de lo que son hoy, o bien podemos buscar una alternativa al credo del control y empezar a confiar en la libertad de las redes colaborativas trabajando por un bien común.

Cada día, las comunidades de las Colmenas crecen y actúan localmente para reinventarse y superar los límites del modelo de consumo dominante y recuperar su libertad. De cara al futuro, y junto con otros proyectos, serán capaces de tener más peso en la balanza para decidir hacia dónde tiene que avanzar la agricultura. Los consumidores y productores contribuirán a la aparición de una producción y distribución más humanas, justas y libres.

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Tenemos la oportunidad de construir un nuevo principio. Aquí y ahora. No tenemos por qué trabajar ni consumir productos de organizaciones inflexibles, inhumanas y éticamente cuestionables. Podemos crear organizaciones que sean fundamentalmente nobles, que honren cada impulso creativo, que cambien antes de que se vean obligadas a hacerlo, que lleven pasión en el corazón y estén libres de burocracia. No será una tarea sencilla, pero entre todos es posible que encontremos la inspiración y enseñanzas suficientes para encender la chispa necesaria. El objetivo, después de todo, es hacer que nuestras organizaciones sean mucho más adaptables, innovadoras e inspiradoras sin hacerlas menos eficientes, disciplinadas u orientadas hacia la rentabilidad ética.

Para resolver los problemas más complejos del mundo o, en términos más modestos, para crear organizaciones que sean profundamente humanas, se necesitará algo más que avances científicos; serán necesarias nuevas formas de planificar, organizar, colaborar, asignar, motivar y, sí, controlar. Lo sé, como emprendedores debemos ser, ante todo, hacedores pragmáticos y no soñadores idealistas. Sin embargo, como seres humanos, estamos definidos en última instancia por las causas a las que servimos y los problemas que nos afanamos por resolver.

Las organizaciones del futuro deberán ser más que excelentes en términos operativos, pero también tendrán que ser adaptables, innovadoras, inspiradoras y socialmente responsables. Necesitamos algo más que ingenieros y economistas liderando el cambio. También debemos incorporar las ideas de artistas, filósofos, diseñadores, ecologistas, antropólogos y sociólogos para crear realmente redes colaborativas que sustenten la innovación social.

¿Cuándo comenzamos?


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