Un mundo de absoluto silencio. Marcos Lechet vivió esta realidad desde los 5 hasta los 23 años de edad. No hace falta decir lo duro que debe ser pasar por una situación como esta. Marcos se volvió sordo profundo a los cinco años cuando un medicamento -él cree que fue una vacuna contra el sarampión- le dejó sin la capacidad de oír. Pasó toda su infancia y adolescencia en un mundo de silencio absoluto. Visitó a los mejores especialistas y todos le dijeron que jamás volvería a oír.

Aun en la desgracia, con 23 años aceptó someterse a una intervención quirúrgica de una técnica entonces novedosa, llamada Implante Coclear (IC) y consistente en la implantación de unos electrodos dentro del oído interno (la cóclea) para poder estimularla mediante reacciones eléctricas y mandar esa señal al nervio auditivo. Ese implante le devolvió gran parte de su audición perdida. Al oír su voz le ayudó a modular las palabras con corrección y eso le permitió integrarse totalmente en la vida diaria.

Original: QueremosOir

Pero el problema viene en conseguir sufragar los altos costes de la IC, un dispositivo que muy pocas empresas desarrollan. Según reportan en Cuarto Poder:

[En España] La Seguridad Social sufraga el coste de la operación quirúrgica y el procesador exterior en el caso del implante, pero a partir de la primera conexión, el usuario corre con todos los gastos posteriores derivados del uso y mantenimiento. El procesador dura unos cinco años y su precio oscila entre 7.500 y 10.000 euros. Si son dos, uno en cada oreja, la cifra se duplica. Hay piezas cuyo precio supera de largo el importe del salario mínimo (un portapilas 1.400 euros) y otras que se deterioran y estropean con demasiada frecuencia (una antena, entre 100 y 200 euros).

El problema del alto coste del IC es tal que hay niños desconectados porque su familia no puede pagar un cable de 700 euros cuando este se rompe, lo que impide que el IC funcione correctamente. En España son unas 10.500 personas las que llevan el IC, pero esta cifra asciende hasta los 350.000 en todo el mundo.

Los costes del IC pueden variar de forma muy importante de un país a otro. En España el coste de un cable puede ser de 700 euros mientras que en otros países europeos su coste puede ser hasta siete veces inferior. Incluso en algunos países como Cuba, los IC se aportan de forma gratuita, práctica que también llevan a cabo subsidiando parcialmente el coste u ofreciéndolo de forma gratuita en número determinado países como México y Argentina en el marco de programas gubernamentales de integración social que se centran en esta temática.

Marcos Lechet se puso en contacto con nosotros para pedirnos difusión de su lucha. Empezó hace poco más de año y medio una campaña para dar a conocer su situación y pedir que la Administración regule “la situación de indefensión” en que se encuentran las personas con IC. Les faltan 25.000 firmas para llegar a su objetivo de 200.000. ¿Les echas una mano difundiendo su causa?


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